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lunes, 21 de diciembre de 2015

LOS 10 JUGADORES DE LA EUROLIGA 2015/16



Cómo nos gustan estas listas, ¡eh! Aquí estamos una vez más para mojarnos y elegir a los 10 mejores jugadores de la primera fase de la Copa de Europa de baloncesto. Quedan aún 19-20-21 partidos para conocer al nuevo campeón, pero el amanecer del torneo nos ha dejado funciones muy interesantes y actores muy destacados. Reconozco que el margen de error o de discrepancia con vosotros es amplio porque no he tenido acceso a los 120 partidos que ya se han disputado, pero creedme que estas líneas esconden un trabajo de varios meses, lo he intentado hacer lo mejor posible. ¡Ah! Y me sabe mal dejar fuera del Top 10 a gente como Heurtel, Datome, Melli, Augustine, Delaney (el rey de la finta con la cintura), Teodosic, Ponitka o Wanamaker, capital en la clasificación del Bamberg. Pero no caben todos. ¡Vamos allá!

 

10.ANTE TOMIC (Barcelona). 14 puntos y 9 rebotes por velada no son números extraordinarios (9º en ambos departamentos), pero tiene mucho mérito destacar en este Barcelona, en el que las exageradas rotaciones de Pascual impiden jugar más de 22-24 minutos. El croata sigue siendo la gran estrella del Barcelona, que trata de reponerse tras un último año muy decepcionante. Por calidad, clase y sueldo, Tomic debe ser mucho más determinante en la Euroliga. Después de una notable primera fase, se presenta un Top 16 en el que escuadras como Olympiacos, CSKA, Real Madrid o Khimki van a medir su capacidad de ser decisivo. De momento, al Top 10 por los pelos.

 
9.MIRO BILAN (Cedevita Zagreb). ¿Elección pelín underground? Un tipo que ha mamado el baloncesto en Sibenik, la patria chica de Drazen Petrovic, parte ya con ventaja. A sus 26 años está en su mejor momento. Ha completado una brillante primera fase justo después de actuar con Croacia en el Europeo de Francia. 7º en valoración general, ha firmado una respetable tarjeta de 15 puntos y casi 7 capturas de media. Su Cedevita se ha colado entre los 16 mejores con sólo 4 victorias, pero sin duda Bilan es uno de los grandes responsables de esta meritoria clasificación. Muchas ganas de verlo ahora en un grupo exigente con Fenerbahce, Unicaja, Lokomotiv, Panathinaikos o Efes. Atentos a él.

 
8.VÍCTOR CLAVER (Lokomotiv Kuban). Merece estar en este ranking porque lo ha hecho muy bien cuando la crítica manejaba la convicción de que su elección rusa era un error. Tras desencadenarse de la NBA y terminar muy bien el Eurobasket con España, Claver viajó a la lejana Krasnodar para formar parte de un muy buen equipo de baloncesto. Juega bastante con Bartzokas, que sin embargo no lo utilizó mucho en la última jornada contra el Barça. No acaricia la azotea en ninguna faceta, pero como ha hecho durante su carrera suma en todo, también en lo que no se ve. El ex del Valencia vuelve a acariciar la felicidad.
 
 
 
 
 
7.NICK CALATHES (Panathinaikos). Tercer mejor asistente de la Euroliga. Su peso en el PAO de Djordjevic es brutal. A sus 26 años, Calathes está en su punto justo de cocción después de una etapa intrascendente en la NBA (Memphis) y un curso de readaptación al baloncesto continental. No veo a los griegos con muchas opciones de alcanzar la Final Four de Berlín, pero sus opciones de llegar lejos pasan por el rendimiento del internacional griego con formación americana. Juega bien y juega mucho, es curioso comprobar cómo en 5 partidos ha superado los 30 minutos y el día que menos ha actuado hizo 25.48. Un jugador que mola, sin duda.

 
6.STEFAN JOVIC (Estrella Roja). La Euroliga ofrece una estadística muy interesante, que es el ratio de asistencias por cada partido real, es decir, 40 minutos de juego. Ahí Jovic sólo es superado por Heurtel, que posiblemente también merezca entrar en esta lista. Da gusto ver jugar a este muchacho de 25 años recién cumplidos, que durante esta Copa de Europa ha convertido el pase en un producto de lujo. 32 asistencias repartió en los 2 choques ante el Bayern, 19 en el primero de ellos. El base serbio juega con descaro y penetra como los ángeles. Su sociedad con Zirbes, de lo mejor de esta Euroliga. Qué ganas de verlo jugar en el Top 16, demonios.

 
5.JAN VESELY (Fenerbahce). Mi socio Fernando Ruiz (Eurosport) siempre ha defendido que es un jugador ideal para el Real Madrid. Quizá se marchó pronto a EEUU, como tantos otros. En aquel Partizan ya nos enseñó chispazos de su baloncesto. Juega a menudo por encima del aro, en ocasiones insultantemente, como si la cesta y el center rival fueran minis. Sus registros se enmarcan en el Top 10, sin duda. Pero más allá de eso Obradovic sabe que sus opciones de campeonar pasan por un Vesely en modo vendaval. Gana mucho dinero. Y lo merece porque el checo es un alimento continuo para el baloncesto espectáculo.
 
 
 
 
4.MAIK ZIRBES (Estrella Roja). Estas son las irrupciones que molan de verdad. Lo conocíamos del Brose Baskets. Comenzó como recambio de Sofo. Y ha coronado una primera fase soberbia bailando en la pintura agarradito a Quincy Miller, una pareja imparable en muchos momentos. Aspecto intimidador, buenos pies, rápido en las ejecuciones. Zirbes hace un arte de la canasta fácil, esa que una y otra vez suma 2 puntos en el casillero de su equipo. 4º en valoración y 2º en anotación (más de 16 puntos por cita), el alemán ha firmado actuaciones mayúsculas: 26 puntos contra el Madrid, 27 contra el Khimki o 14 rebotes delante del Estrasburgo. Este 2.08 ha sido, sin duda, uno de los mejores en este amanecer de la Copa de Europa.

 
3.GUSTAVO AYÓN (Real Madrid). Podría hablar con profusión de lo tangible, pero no me da la gana. Porque lo que está haciendo el mejicano de octubre a aquí va mucho más allá de una simple tarjeta de estadísticas. Sencillamente descomunal. ¿El jugador más decisivo ahora mismo del baloncesto europeo? ¿Quién se atreve a negar esta afirmación? Magnífico cuando el Madrid ha estado mal, magnífico ahora que el Madrid está bien, magnífico seguro cuando el Madrid pelee por todos los títulos dentro de unas semanas. Menudo fichaje hicieron los blancos hace 15 meses… y menudo error, para mí garrafal, del Barcelona dejándolo escapar.
 

2.NANDO DE COLO (CSKA Moscú). Siempre me ha flipado este jugador.  Finalizada la primera fase es 2º en valoración, 2º en puntos y 8º en asistencias. Qué buena noticia para el baloncesto europeo tenerlo de vuelta después de su corta etapa en la NBA, primero en San Antonio y después en Toronto. Su inteligencia le hace ser entrenador sobre la pista. Es tan sumamente bueno que en ocasiones tengo que comprobar la velocidad de la imagen porque pienso que está jugando a cámara lenta. Ejecuta una y otra vez al enemigo sin cambiar el rictus. Fantástico jugador. ¿Evitará un nuevo gatillazo del CSKA?
 
 
 
 

1.IOANNIS  BOUROUSIS (Baskonia). La gran metamorfosis del último lustro en el baloncesto continental. Apagado y fuera de cobertura en Madrid, un 4G a pleno rendimiento en Vitoria. El griego está en el mejor momento de su dilatada carrera deportiva, el aire del norte le ha inoculado otra vez el veneno competitivo que siempre tuvo y que incomprensiblemente perdió en la meseta. Capaz de hacer 20+10, o 22+8, o 18+12 en cada velada de la Copa de Europa. Su barba vuelve a asustar, sus ojos vuelven a ser ganadores. Listo para rebotear, preparado siempre para taladrar la cesta desde el perímetro. Deberá demostrar este excelso nivel en un Top 16 diabólico para Laboral Kutxa, pero de momento que le quiten lo bailao. Y no veas cómo está bailando este bicho. El mejor de todos.
 
 
 

lunes, 30 de noviembre de 2015

SUPERÁVIT DE CRÉDITO



     Mi devoción por el proyecto de Pablo Laso siempre ha sido muy elevada. Ojo, más allá de resultados deportivos. Y con más fuerza en los malos momentos de su equipo, cuando perdió 2 finales seguidas de la Copa de Europa. Los habituales de este blog (¡gracias desde lo más profundo de mi corazón!) sabéis que para mí la etapa de Laso, ese proyecto general con muy buenos jugadores y con una propuesta baloncestística muy hermosa, siempre me ha encandilado. Y también que hace algo menos de un año la cagué bien cagada cuando escribí que percibía síntomas internos que evidenciaban que el Real Madrid del entrenador vitoriano daba sus últimos coletazos. Fue un error garrafal. Insisto una vez más: entiendo perfectamente que el deporte de élite está sujeto a los resultados, pero las opiniones vertidas aquí siempre han ido mucho más allá de un título más o menos. El Real Madrid de baloncesto del último lustro ha sido una bendición para el deporte.


     El baloncesto es increíble. Resulta que un equipo que lo ha ganado todo, que no le ha dejado a los rivales ni las migajas, ni el culo de la copa de vino, ni el gordo del filete, ni siquiera el último pedacito de la tarta de queso, y que además finalizó la temporada levantando todos los títulos con una superioridad insultante, pues sí, ese equipo tiene ahora serias opciones de ser eliminado en la primera fase de la Euroliga. Su balance de 2-5, sin victorias forasteras, con la nociva etiqueta de ser el peor defensor de los 24 participantes (86 puntos encajados por cita) no es casualidad ni mala suerte, sino que responde a defectos muy acusados que han colocado a los blancos en el balcón del abismo. Y podría ser peor sin aquella remontada ante el Bayern coronada con el triple de Carroll en los últimos segundos del envite. El actual campéon se la juega a principios de diciembre, que es como decir que Josef Ajram rompe a sudar a los 50 metros en una de esas carreras de centenares de kilómetros que desafían la racionalidad.
 


                                  
     Jueves 3 de diciembre, 20.45 horas. Atmósfera muy caliente en el Palacio, que sabe que le debe mucho a este equipo. Final en toda regla, sin abrazos al latiguillo del que abusamos los periodistas. El Madrid se la juega. Un triunfo no lo clasifica, pero lo desahoga. Una derrota lo podría dejar casi sin opciones. El hincha al basket merengue está acojonado, así, con todas la letras. Los síntomas del enfermo son preocupantes y además visita la calle Goya un equipazo con muy buenos actores y el entrenador que más ha ganado en la historia del baloncesto continental. Los de Laso han extravíado la actividad defensiva, sufren por la espalda de Rudy, anhelan al gran Llull, no encuentran la constancia del Chacho, no son capaces de cambiar el frac de Thompkins por el mono de obrero cuando el partido lo requiere, saben que Nocioni está lejos de la puesta a punto que logra en los momentos decisivos y añoran los imprescindibles intangibles de Don Masacre. Sólo Ayón (temporadón) y el nene Doncic (Dios mío de vida) sacan nota en este amanecer de curso.

     Creo que es el momento ideal de armar este artículo de opinión porque intuyo que lo que voy a escribir en los siguientes puntos no va a agradar a la mayoría de receptores:

1. Este Real Madrid merece la crítica. Para eso están los aficionados (propios y ajenos) y el periodismo. Muchas cosas han fallado para que un equipo tan potente tiemble como un funambulista en una ronda en la que un campeón se clasifica de paseo y en la que la competición te permite varios fallos. El lenguaje gestual de los jugadores, una de las claves del éxito, es ahora terrorífico. Caer en diciembre sería un gatillazo bestial, deportivo y también económico/institucional.

2. Creo que el Madrid se va a meter en el Top 16.
 
 
 
 
3. Pero ojo, aunque el Real Madrid cayera eliminado en esta primera fase y se viera abocado a no probar el jamón ibérico durante 10 meses, y tener además que afrontar con desánimo una Eurocopa que se convertiría en un enorme lastre mental para toda la sección, mi opinión es que ése sería precisamente el momento de reforzar un proyecto que le ha regalado la gloria al Madrid tras varios lustros de desgracias y sinsabores. Todos, desde el presidente hasta el abonado de la última fila del Center con nombre de entidad bancaria, deberían aparcar la amargura y consolidar un equipo netamente ganador. Ese vestuario tiene jugadores comprometidos y muy valiosos. Honestamente considero que tipos como Sergio Llull o Felipe Reyes tienen incluso el derecho a ser perdonados después de un enorme gatillazo. La frustración te puede llevar a quemar la casa en lugar de reformarla, o simplemente trabajar a destajo para activar el botón que iluminó ese hogar hasta convertirlo en el más acogedor del mundo. La verdadera fortaleza de los proyectos se ve en las derrotas. Hay equipos que por lo conseguido y por cómo lo han conseguido, aún manejan superávit de crédito deportivo. Uno de ellos es, sin duda, este Real Madrid de baloncesto.

     Posdata. Recordad, por favor, que antes del punto 3 venían el 1 y el 2. No daría nunca por muertos a estos tipos, sería una temeridad. Creedme que dentro de ese vestuario hay gente muy ganadora y con muchos huevos.



 

lunes, 23 de noviembre de 2015

SUEÑOS CAZURROS


     Nací en Madrid. Y estoy enamorado de esta ciudad. Bueno, en realidad mi amor lo reparto entre muchas ciudades, pueblos, países, gentes, paisajes, recuerdos, juergas y aventuras desperdigados por medio mundo. No hay mejor cultura que viajar y en eso, aunque siempre anhelas más y más, me siento un verdadero privilegiado. A lo que iba. Nací en Madrid porque el kilómetro 0 fue el cruce de caminos entre un papá pacense y una mamá leonesa. Pero los sentimientos internos de un ser humano poco tienen que ver con un DNI, así que yo realmente me siento leonés. Seguramente porque mi infancia y adolescencia están trufadas de nieve, caminatas por la montaña con mi añorado abuelo (el genuino Blas), ventas ambulantes en aldeas leonesas, carreras de sonrisas con la perrita "Chispa", cocidos antológicos para calentar cuerpo y alma y partidos interminables de baloncesto con un solo jugador (yo) en aquella cesta oxidada ubicada en pleno Valle de Sabero.
 
 
 
 
     Me gusta León. Adoro el frío. Presumo siempre que puedo de "leonesismo". Una ciudad hermosa, una provincia repleta de lugares para abrazarse a la felicidad y una gastronomía para llorar de emoción. Y claro, como fanático del deporte, los equipos de León activan mi corazón cazurro. Cazurro, qué gran palabra. Para muchos una etiqueta despectiva, para los leoneses una auténtica bendición y una seña de identidad. Mi niñez está salpicada de sueños de baloncesto, de las hazañas de aquel Elosúa León que quedaron sepultadas bajo la paupérrima gestión pública... y privada. Algo más duró el carrete exitoso del Ademar, que colocó al balonmano leonés en la élite continental. Los tiempos han cambiado, aunque afortunadamente el proyecto ha sobrevivido y aún nos podemos emocionar con las leyendas: Juanín en la pista y Rafa Guijosa en el banquillo. Y luego está la Cultural. Mi sagrada Cultural y Deportiva Leonesa.

     Mi abuelo era muy poco futbolero, él en verdad sólo vibraba con el ciclismo, pero ya saben que por un nieto se hace cualquier cosa. Así que le convencí para que me llevara al viejo Amilivia a ver aquel lejano Cultural - Viveiro de ascenso a Segunda B. 3-0. ¡Cómo disfruté! Enfundado en aquella gigantesca bandera de León que aún conservo, para mí estéticamente el símbolo más bonito del mundo. Allí activé definitivamente mi devoción por la Cultu, lo que me llevó a sumergirme en la historia. Qué lejos queda aquella única temporada en Primera. Ya sabéis que siempre me he identificado con los perdedores, así que mi pasión no ha disminuido en esta terrible década a caballo entre el bronce y la Tercera, con alegrías como el ascenso en Oviedo (allí estuve, qué pasada aquel lateral teñido de culturalismo) o tristezas como una situación institucional que dejó al club en cuidados intensivos. El periodismo me ha deparado paradojas increíbles, como tener que cantar con el alma un gol en el minuto 94 del Getafe (Pulido) en el Antonio Amilivia para enfado de mis paisanos de la grada.
 
 
 
 
     Ahora, enfilando el tramo final de este noviembre de 2015, la Cultural Leonesa vuelve a soñar. Segundos en el grupo I de Segunda B. 4 victorias y 1 empate en las últimas 5 citas. Aketxe goleando y Leandro con un cerrojo de granito en su portería. Juan Ferrando con una pizarra muy sólida, garantía de éxito en una categoría muy exigente y compleja. Y este leonés-madrileño, geográficamente más lejos de lo que le gustaría, siempre pendiente de los foros, resúmenes, periódicos leoneses, compañeros de las redes sociales y emisiones locales de las radios para saber qué hace su querido equipo. Es un buen momento para el culturalismo, hasta el punto de que ha nacido recientemente la Peña Culturalista de Madrid, en la que no me he podido involucrar más porque mis días, desgraciadamente, sólo tienen 24 horas. Activar un par de viajes forasteros para ver a la Cultu por España ya se convierte en ocasiones en un reto mayúsculo. Pero allá donde esté, la fábrica de sueños cazurros siempre estará trabajando. ¿Toca otro ascenso este año? León en vena. Siempre.
 
 

sábado, 17 de octubre de 2015

PACO JÉMEZ: ¿VALIENTE O SOBRAO?


     El Rayo ha vuelto a caer goleado en el Camp Nou. Como siempre. No ha sido un 6-0 ni un 6-1 como en temporadas anteriores, la cosa se ha quedado en un 5-2. Ahí está el resultado, palabra de Dios para cientos de miles de analistas con los que uno se topa detrás de cada esquina, de cada tuit, de cada café en el bar. Para muchos el resultado es la verdad suprema, el hecho irrefutable, el punto y final a cualquier conversación futbolera. Eso sí, sólo les vale el resultado para censurar lo que hace este Rayo contra los equipos grandes, pero no para defender con vehemencia que si hablamos de resultados, los 3 proyectos de Paco Jémez en el banquillo vallecano se han saldado con un éxito rotundo. Éxito suyo y, ojo, de sus futbolistas, que con mucho esfuerzo, trabajo, dificultad y fortaleza mental han logrado siempre ejecutar el plan de su entrenador. Es una realidad tan grande (y hermosa) como la Catedral de León que ni siquiera los más impenitentes defensores del resultadismo pueden zarandear por ese ángulo al actual Rayo Vallecano.



     
     Cuando uno se abraza al resultado y no se suelta ni con un tsunami a sus espaldas, ocurre que se te olvida que con 2-1 los hoy franjirrosas han protagonizado 22 minutos conmovedores en el Camp Nou. La puesta en escena tras el descanso ha sido sencillamente maravillosa. Con fútbol, ocasiones de gol y una constante defensa con el balón en los pies. La diferencia de pegada y de individualidades es vasta, pero con eso ya se cuenta. Creo firmemente que el partido de hoy le sirve a este grupo para fortalecer su confianza en los métodos de un entrenador que hasta ahora han funcionado. Encerrados entre filias y fobias, la opinión se olvida de juzgar los hechos presentes. Por ejemplo, en este mismo Barça 5 - Rayo 2, Paco ha errado en la pizarra de la banda derecha, en la que Nacho y Lass no han cuajado en fase defensiva durante los primeros 45 minutos. Y también me parece criticable que lleve su estilo hasta las últimas consecuencias en la salida de balón. Por ejemplo, obligar a un lateral derecho zurdo a tocar ante la presión alta del rival es una temeridad.

     
     Tengo la convicción de que muchos de los que "atizan" sólo ven durante el año 4 partidos del Rayo. Respetable, claro, pero así es imposible emitir juicios rotundos sobre el trabajo de un entrenador. Tengo la convicción de que muchos de los que "atizan" ven este partido concreto con los ojos de un hincha de un tercer equipo. Respetable, claro, pero es importante recordarlo. Porque lo más importante es que Paco Jémez y sus futbolistas no han sido contratados para ganar al Barça ni al Madrid, sino para salvar a su equipo. Y se deben a su club y a sus incondicionales, lo demás es simplemente accesorio. Por supuesto que los aficionados rayistas anhelan y sueñan un "pelotazo" de portada de periódico, pero lo que desean por encima de cualquier triunfo puntual es que su Rayito siga compitiendo entre gigantes. Y eso, con Paco, arroja de momento un 3 de 3. Sí, 100%... y en algunos casos con una holgura casi irreverente. Paco Jémez: ¿valiente o sobrao? Lo único que puedo decir es que durante los 4 últimos años he preguntado por él a muchas personas dentro del club y del vestuario. Y ojo, casi todos me han hablado muy bien de él como entrenador de fútbol. 


miércoles, 7 de octubre de 2015

LOS TREINTAÑEROS


   Esta semana estamos hablando mucho de Teresa Perales. La mejor atleta paralímpica de la historia de España (22 medallas + 24 más en Europeos y Mundiales de Natación) ha recibido el Marca Leyenda, la máxima distinción que otorga el diario Marca, un galardón que poseen leyendas del deporte como Michael Jordan, Miguel Indurain, Leo Messi, Valentino Rossi o Usain Bolt. El próximo verano Teresa Perales va a participar en Río de Janeiro en sus quintos Juegos Paralímpicos. Y lo hará con 40 años.




    Teresa está finalizando su década de los 30, la que la ha consagrado con honores como una deportista legendaria. Una década, la de los 30, que en muchas ocasiones se convierte en la más completa y exitosa de aquellos que hacen del deporte su profesión. Por eso me da mucha rabia la tendencia de enterrar a los treintañeros, de "matar" a los que ya escriben el 3 en su Documento Nacional de Identidad. Son numerosos los ejemplos que se rebelan contra este pensamiento equivocado.

      En 2015 el Real Madrid de baloncesto conquistó la Copa de Europa. ¿Sabéis quién fue nombrado mejor jugador? Andrés Nocioni (a punto de cumplir 36). Y también ganó la Liga ACB, con Felipe Reyes (35) como mejor actor. Hace unas semanas España se alzó brillantemente con el trofeo de campeón de Europa de Naciones. El número 1, y además con una distancia sideral respecto a cualquier otro, fue Pau Gasol (35). Ruth Beitia (36) sigue siendo una de nuestras mejores atletas, con el mérito añadido de haber regresado a la competición después de un adiós prematuro. Roger Federer sigue exhibiendo su clase y alcanzando finales de Grand Slam con 34 "castañas". Y así unos cuantos más.




    Aduriz (34), Joaquín (34), Rubén Castro (34), Valentino Rossi (36), Nowitzki (37), Duncan (39), Ginobili (38), Jesús España (37, y con el nuevo reto de una maratón) y hasta Julio Álvarez, que a caballo entre los 30 y los 40 es el termómetro del Numancia y uno de los mejores jugadores de Segunda División. Por no hablar de tipos como el alpinista Carlos Soria, capaces de desafiar todos los límites de la razón. Y muchos más que seguro se me olvidan en el momento de escribir estas líneas y en los que tú estás pensando ahora mismo. Con treinta y pico uno ya no es tan rápido, ni tan ágil, ni tan explosivo, pero sí mucho más maduro e inteligente para medir esfuerzos, cuidarse y seguir siendo importante en la élite. Benditos treintañeros. Una especie única que algunos quieren colocar siempre en extinción, pero realmente nunca desaparecerá. No los maten. Son imprescindibles.



viernes, 18 de septiembre de 2015

UN DIOS DE 213 CENTÍMETROS

    
     He dejado pasar unas cuantas horas porque ayer estaba tan excitado que me sentía incapaz de ponerme a escribir. No creáis que ahora es muy diferente. Llevo todo el día leyendo prensa, viendo vídeos, escuchando narraciones de radio y sonriendo como un idiota. "Mamá, vente al salón a ver esto de Pau", le he gritado a la matriarca Blas después de meterme entre pecho y espalda un delicioso atún de 390 gramos. El tiempo pasa rápido y en ocasiones nos hace perder la perspectiva, pero me atrevo a afirmar que jamás había vivido antes como espectador un partido con tanta emoción como el de ayer.

     En 2015 el baloncesto no es como en 1990. Ahora es más difícil ver ganar a un tipo solo. A lo Jordan. A lo Petrovic. A lo Sabonis. Y ayer Pau ganó el duelo prácticamente solo. Sé que no lo hubiera hecho sin la colaboración del Chacho o la defensa de tipos como Llull, Felipe, Claver o Rudy, pero hacía mucho tiempo que no veía a un tío colgarse en la espalda la pesada mochila de  un equipo entero. Fue bestial, una de esas hazañas históricas que nos brinda el deporte cada ciertos años. Majestuoso, colosal, conmovedor, admirable. Lo tangible, lo intangible y lo gestual. Porque los gestos de Pau son muy importantes, desde su fachada escuchando el himno de España hasta sus golpes en el pecho tras reventar la cesta gala.

 

    
     El mate de Gasol. El tapón de Gasol. El gancho a lo Kareem Abdul Jabbar de Gasol. Otro mate de Gasol. La canasta cayéndose de Gasol. Los 40 puntazos (uno detrás de otro) de Gasol. Otro mate de Gasol. Los 11 rebotes de Gasol. Las 12 canastas de Gasol. Los 3 tapones de Gasol. Los 16 tiros libres de Gasol. ¡¡¡Otro mate de Gasol!!! Los golpes en el pecho de Gasol. Los gritos desgarradores de Gasol. Los saltos en la piña de Gasol. LA CARA DE LOCO DE GASOL. Fue el mejor partido en la carrera deportiva de Pau... y eso es mucho decir cuando hablamos de una figura de este calado.

     Pau es el líder más trascendente que ha tenido el deporte español en toda su historia. Y posiblemente sea, junto a su gran amigo Rafael Nadal, el deportista español más importante de todos los tiempos. Sus números traspasan la frontera de Marte, pero su relevancia social no se detiene ni en el más lejano planeta. Es cercano, humilde, respetuoso y con unos valores que los que amamos el deporte reverenciamos hasta la afonía. Su abrazo con Parker después de la batalla evidencia la bonhomía de un soldado que siempre respeta al rival.

     Estoy muy emocionado. El deporte forma parte de mi vida y el baloncesto me ha regalado emociones y sonrisas como profesional y como persona. Durante el partido le dije a mi mujer: "No sé si vamos a ganar o no, pero esto que estamos viendo es una de las grandes gestas del deporte español". Era flipante. Y ahí estaba Gasol, asumiendo el liderazgo golpe tras golpe, mate tras mate, defensa tras defensa, gota de sudor tras gota de sudor, kilogramo a kilogramo, grito a grito. Fue maravilloso. Y gracias a él hoy se habla de baloncesto en las calles, en los bares, en los colegios, en las redacciones de los medios de comunicación, en las peluquerías, en los supermercados. Ya sé que durará poco, pero que nos quiten lo bailao, demonios.

     Pau es gigantesco, un dios de 213 centímetros de altura. Lo grandioso de este bicho es que después de valorar 52 y abrazarse al Olimpo del baloncesto, coge el bicharraco y con toneladas de paz suelta delante del micrófono: "Sí, ha sido increíble, todo está muy bien, pero nosotros hemos venido a ganar el Eurobasket". Toma ya, con 2 cojones (con perdón). Un ganador incansable. Gracias a todos por hacernos felices. Gracias, Pau, por dejarnos disfrutar de una gesta para la historia. Eres una bendición para este país.


jueves, 27 de agosto de 2015

UN SORTEO DE CHAMPIONS


   Un sorteo de Champions da para mucho. Es como un gran partido, un acontecimiento indispensable que alimenta las emociones y los sueños de los hinchas. Los que están siempre en los bombos evitan que la costumbre les haga tomárselo como algo rutinario. Los que aparecen de vez en cuando renuevan su ilusión cada vez que la bola de su equipo ocupa el deseado espacio dentro del cristal. Y los que nunca están flipan, disfrutan, exprimen cada minuto del sorteo con la certeza de que es la primera vez... y la convicción de que puede ser la última.

   Piensa en tu equipo, si es que ha estado en el sorteo de la Liga de Campeones. Tu equipo, ese solo, como cualquiera de los otros, arrastra muchos y diferentes deseos ante la incertidumbre de un sorteo. Los jugadores, técnicos, dirigentes y empleados anhelan, ante todo, que el grupo no sea muy complicado, los rivales cuanto más asequibles, mejor y los viajes, si puede ser, cómodos y rápidos. Por su parte, los hinchas quedan encuadrados en deseos muy heterogéneos. Los que no suelen viajar prefieren seguramente lo mismo que el grupo anterior, pero los que gustan de desplazarse con su equipo dejan espacio para la mística, para ese estadio que no conozco y estoy loco por ver. Y también que el viaje sea lo más barato posible, para meterme en Ryanair en cuanto Infantino me dé permiso. Y tambien que sea una ciudad con buena conexión de vuelos, porque si no en mi curro me van a poner mil trabas.




   ¿Y los periodistas? Los periodistas que tienen la inmensa fortuna de seguir por el Viejo Continente a un equipo de fútbol “bancarán” por que salga un rival enmarcado en una ciudad y un estadio que aún no conozca. Y los más veteranos y/o perezosos pedirán que esté cerca y, sobre todo, que no toque el Astana ese, que está donde Cristo perdió la zapatilla, y además en noviembre hace un frío del demonio. Y luego están los rivales encarnizados, que estén o no presentes en el sorteo desean con todas sus fuerzas que a su eterno enemigo le caiga el grupo más complicado de la historia de los sorteos. Se llama rivalidad. En España, en Italia, en Inglaterra, en Alemania y hasta en ese lugar en el que Cristo perdió la citada zapatilla. Y mola, claro que sí. ¡Ah! Y no me olvido de los aficionados imparciales, que lo que quieren es ver buenos partidos, si puede ser un Real Madrid – PSG, un Barcelona – Roma, un Juventus – Manchester City o un Bayern – Arsenal, pues mejor.


   Así ha transcurrido un nuevo sorteo de la Champions. Así esperamos ya al siguiente, que será el de octavos de final.  En este al Atlético de Madrid y al Valencia les sonrió la suerte, al Madrid y al Barça les salieron grupos complicados y al Sevilla le esperan los guerreros más salvajes de la vieja Europa. El fútbol es grandioso, tanto que es capaz de convertir unos bombos y unas bolitas en un gran acontecimiento. La suerte está echada. Y esta vez buscarán la famosa zapatilla los enviados especiales que cubren al Atlético de Madrid.


domingo, 16 de agosto de 2015

LA PRINCESA DEL VOLANTE


     Carolina Marín, una muchacha onubense de 22 años, es campeona de Europa y, lo que tiene mucho más valor, bicampeona del mundo. Un mérito infinito, una hazaña de dimensiones siderales. Caro es la número 1 en un deporte sin ninguna tradición en España. Valga como dato que esta mañana había más gente viendo la final en el complejo deportivo de Yakarta que licencias existen en nuestro país, apenas unas 7000 enmarcadas en 2 centenares de clubes deportivos a lo largo de todo el país. El bádminton es Asia, Europa no posee potencial alguno en el mundo del volante. Entre las 24 mejores del ranking mundial sólo hay 2 jugadoras europeas, la propia Carolina y la también española Beatriz Corrales, número 22. La primera europea después de las nuestras es la alemana Karin Schnaase, ubicada en el puesto 25. Entre las 20 primeras hay 6 japonesas, 4 chinas, 2 tailandesas, 2 coreanas, 2 indias, 1 china (Taipei), 1 canadiense y 1 estadounidense. Disculpad, pero sólo encuentro una palabra para describir lo que ha conseguido esta chica: ACOJONANTE.

      Carolina se coronó campeona del mundo hace justo un año en Copenhague. Una hazaña. Pero repetir esa proeza un año después, y hacerlo además en Asia, se convierte en uno de los grandes hitos históricos del deporte español. Caro, natural de la bendita tierra del Jabugo, se ha subido al podio tras derrotar durante una semana de competición a una malaya, una taiwanesa, una china, una coreana y una india. Repito, Europa apenas existe en bádminton. Por eso lo que ha logrado esta princesa del volante merece un profundo reconocimiento de todos nosotros. Traigo aquí sólo un dato más, uno demoledor: por cada licencia de Bádminton que hay en España, encontramos 63.000 en la India. Telita.




       Ser el mejor de todos en algo es muy difícil. Pero además Carolina Marín tiene algo. Será por su ropa de colores alegres, será por su “Vamo” andaluz antes de cada punto, será por esos gritos que impactan en la diana cultural de los deportistas orientales, será porque es zurda (¡vivan los zurdos!), será porque idolatra al gran Rafael Nadal, será porque defendió lo suyo y lo de su gente, y no se calló ante la Federación, será por esa pegatina de una marca de aceite de oliva (¡qué rico!) que luce en su estómago, será porque mola vibrar a primera hora de la mañana con una tostada y un cafelito entre nuestras manos, será por su simpatía delante de los micrófonos. Será por todo esto y mucho más que adoramos a esta deportista, heroína entre raquetas, volantes y juezas de silla pesadas.


     Que Carolina sea 2 veces campeona del planeta Bádminton es como que un tipo de Senegal finalice primero en un supergigante de esquí. O como que el rayo Vallecano gane en el Bernabéu. O como que yo, tarugo entre fogones, sea finalista en Master Chef. O quizás como que el equipo de balonmano de las Islas Fiji alcance los 1/4 de final en un Mundial. Exageraciones (o no) al margen, esta muchacha ha conseguido que en España se hable, se sufra y se goce con un deporte que jamás ha latido en nuestras tradiciones ni en nuestros juegos de calle. Carolina, la chica que un día renunció al baile flamenco en beneficio del deporte, ha hecho historia. Es la princesa del volante. Y ojo, porque dentro de un año viajará a Río de Janeiro para intentar asaltar el trono olímpico y convertirse en la reina. ¡Bravo!


miércoles, 8 de julio de 2015

BASTA CON UNA PALABRA: COMPROMISO


     Se ha escrito y se ha dicho mucho sobre la ampliación de contrato de Sergio Llull (Sergi en el vestuario) con el Real Madrid. Los seres humanos tendemos a la exageración, a los extremos. Cuando un sector del periodismo aparece en escena, esto se multiplica por 2. Y cuando el club implicado, aunque sea indirectamente, es el Madrid, el signo X en la calculadora apunta a 4 o 5 veces más. Por eso la primera pregunta en la rueda de prensa de Llull fue sobre Ramos (choca). Por eso algunos líderes de opinión aprovechan la elección del menorquín para atizar sin piedad a Iker Casillas y Sergio Ramos (esto ya ni choca). Lo dicho, es como pararse en un cruce de caminos y saber que al final todos conducen a la misma meta: la hipérbole.  

     Hay una cosa que siempre me ha soliviantado: el constante recurso al fútbol para hablar de baloncesto. Por eso, y siempre con respeto, etiqueta obligatoria cuando uno piensa que puede estar errado, me parece muy simple recurrir a Llull para hablar de Casillas y Ramos, o viceversa. Prefiero a un periodista obsesionado hasta el dolor con el rigor que a un periodista yéndose a dormir cada día junto al ego y la demagogia en un trío indisoluble.




     Lanzo aquí una pregunta: ¿Hubiera sido Sergio Llull menos madridista si hubiera aceptado la oferta de los Houston Rockets? Entiendo que los hinchas, que necesitan anteponer la pasión a cualquier razonamiento profundo (si no esto sería un coñazo) recurran con regularidad a los -ismos. Pero creo que el análisis periodístico no necesita ningún -ismo, ni el madridismo (en este caso concreto) ni ningún otro. ¿Llull es madridista? Mucho, como toda su familia. Hasta el punto de que antes de fichar por el Madrid mataba muchas tardes en Manresa viendo Real Madrid TV. ¿Llull soñaba con jugar en el Real Madrid? Por supuesto. ¿Llull quiere seguir alimentando su sueño? Seguro. Lo dijo él en la sala de prensa del Bernabéu y es la pura verdad. Incluida esa frase que, supongo, excita a cualquier merengón: "Los niños sueñan ahora con jugar en la NBA. Yo cuando era niño soñaba con jugar el Real Madrid". El 23 lo siente tal cual, con comas incluidas. Ni más ni menos. Pero honestamente no me parece un componente decisivo para valorar su decisión.

       Aparquemos los -ismos. Basta con una palabra para definir la etapa de Sergio Llull en el Real Madrid (8 años y 6 más de contrato): COMPROMISO. Los -ismos muchas veces se quedan en palabras vacías y abrazos superficiales a los símbolos. Detrás de la palabra compromiso se esconde mucho, muchísimo más. Y os puedo asegurar que este muchacho, que es muy especial, demuestra su compromiso a diario con su equipo. En la pista y fuera de ella. Para celebrar y cortar la red... y para pedirle al jefe de prensa que en las derrotas el quiere dar la barba. Para berrear desde el escenario del Palacio tras una cesta imposible... y para hacer un regalo a todos los auxiliares del equipo en el peor momento de la temporada, ese en el que no se atisban las sonrisas y el póquer no es más que un juego de naipes. "Si el entrenador confía en mí, siempre me jugaré la última". Llull dijo esto cuando no las metía, pongamos ahora en contexto esa frase. Llamadle compromiso. O llamadle un par de cojones y terminamos antes.




     Sergio Llull ha aparcado la NBA. Prefiero no publicar aquí las cifras de la oferta de los Rockets porque hay algún cabo que no tengo atado, pero mi información es que las cantidades eran algo más bajas de las publicadas. El Madrid ha hecho un esfuerzo económico importante para retener al ídolo del madridismo, pero el menorquín pierde dinero. Y más teniendo en cuenta que el club no le hubiera obligado a pagar los 5 kilos de la cláusula, sino pactar algo menos y así quedarse con sus derechos en Europa, como ocurrió hace un año con Mirotic. Y ojo, se podía haber ido a una franquicia ganadora, con muchas aspiraciones, y además para gozar de un rol importante en el equipo. Con todo esto quiero decir que la elección de Sergio ha sido muy difícil. Y valiente, que la valentía sin dudas ni miedos es una pamplina.


     Lo que yo creo. Que Llull ya es una leyenda del Real Madrid de baloncesto. Que su madurez actual, como deportista y como tipo, asusta. Que dará el salto a la NBA más pronto que tarde (¿el verano que viene?), entre otras cosas porque las franquicias USA van a tener más dinero para seducir a jugadores europeos en 2016. Que merece el reconocimiento de sus aficionados, de sus compañeros, de su entrenador, de su sección, de su club y de los rivales. Que es un tío ganador como la madre que lo parió. Que un tipo como Sergio siempre estaría en mi equipo, fuera de baloncesto, de cricket o de bailes de salsa. Y que el compromiso, en el deporte y en la vida, vale más que cualquier -ismo. 




jueves, 25 de junio de 2015

LA LEYENDA DEL CARRITO DEL PESCAO


    Era el momento más difícil de la temporada. Los cimientos del lasismo se tambaleaban. 2014, el año en el que el Madrid se dejó por el camino la Euroliga de Milán y la Liga de la resaca en el Palau, se cerraba con 2 derrotas en Barcelona y Málaga que colocaban el proyecto al borde del abismo. Bueno, para ser justos, eso era lo que pensaba mucha gente, yo entre ellos. Veía síntomas de agotamiento, de desgaste, indicios heredados de un verano en el que Pablo Laso estuvo durante semanas en el punto 50 de un dardo que nunca se llegó a lanzar. Me equivoqué. Lo he reconocido en varias ocasiones y es obligado y necesario hacerlo 100 veces más.
     
     Lo dicho, uno de los últimos días de ese mes de diciembre de 2014 un jugador del Real Madrid de baloncesto llegó al vestuario y habló con uno de los auxiliares del equipo. Llamamos auxiliares a aquellos que forman parte del colectivo sin tener ese protagonismo mediático reservado para artistas y entrenadores. El médico, los fisioterapeutas, el preparador físico, el delegado, los utileros, la gente del departamento de prensa y también esa persona imprescindible que se encarga día a día de que la vida de los demás sea más sencilla. Ellos son el “carrito del pescao”, así conocidos entre los jugadores del Real Madrid. Gente de puta madre. Pido perdón por esta expresión malsonante, pero después de 20 minutos clavado delante del ordenador he sido incapaz de encontrar otra palabra para definir mi sentimiento personal hacia personas con las que, gracias a mi profesión de periodista, he compartido viajes, risas, guiños y multitud de pequeños detalles que jamás olvidaré.



     
     El jugador reunió a todos en privado. Él con ellos, él con el “carrito del pescao”. Sin el entrenador, sin los otros jugadores, sin nadie más. Sorprendidos y muy atentos, los auxiliares lo miraron fijamente y escucharon su discurso. “Estamos en un momento jodido, pero saldremos de esta. Quiero que tengáis una cosa muy clara: somos un equipo y lo vamos a hacer todos juntos”. Abrió una enorme bolsa que tenía al lado y sacó un regalo, el mismo, para cada uno de los auxiliares del equipo. Le dio un abrazo a todos ellos y se fue. Este jugador nunca quiso que este tipo de detalles trascendieran, pero a riesgo de que me corte las orejas he considerado que este es el momento ideal para que los hinchas del Madrid conocieran la leyenda del “carrito del pescao”. No es sólo un detalle simbólico. Es un gesto que esconde el enorme corazón que tiene este grupo que se ha abrazado a la gloria. El regalo lo dejaremos en el cajón del misterio. El jugador era SERGIO LLULL. El MVP de la Final ACB. El ídolo insustituible del madridismo.

    
     Es posible que esta Liga haya sido la última gran función de Llull con el Real Madrid. Es muy posible que el póker histórico de los blancos haya sido la última gran obra de teatro de esta escuela de actores. No porque este equipo no vaya a ganar más títulos en los próximos años, sino porque probablemente ya no lo hará con este mismo grupo de jugadores. Sergio Llull, madridista hasta el corvejón, sabe que a sus 27 años quizás ha llegado el momento idóneo para abordar una gran aventura en la NBA. Lo ha ganado todo. Pero ojo, lo ha ganado todo después de perderlo todo. No olvida lo mal que sabe el menú de las derrotas. Porque tipos como Sergio Llull siempre formarán parte del gran e insustituible “carrito del pescao”.       


miércoles, 27 de mayo de 2015

EL QUE VALE, LLEGA


     Cuando activé este blog (septiembre de 2012), reservé un espacio para mis rarezas. Una especie de cajón desastre en el que poder ubicar aquellos escritos que no guardan relación ni con el baloncesto ni con la actualidad… ni con nada. Vamos, un hueco para esos textos que son consecuencia de un impulso (Florentino dixit) o simplemente de una pedrada en la cabeza (Blas dixit). Éste es uno de ellos. Rareza en toda regla, hasta el punto de que ni siquiera va ir acompañado de una foto.
     
     Tengo 35 años, casi 36. Tengo trabajo. Trabajo sí, estable no. Más que nada porque en los tiempos que corren eso de la estabilidad es una gran milonga. He sido y soy un privilegiado porque firmé mi primer contrato laboral con 20 años y, de momento, seguimos en la pelea. Estoy muy satisfecho con mi predisposición al trabajo durante estos 3 lustros. Me gusta currar, qué demonios. Estoy encantado de dedicarme al periodismo, es lo que siempre he querido ser. He tenido la inmensa fortuna de poder seguir el proceso natural del ser humano: estudias, te formas, eliges un oficio, te sigues formando, practicas, trabajas y te ganas la vida de manera honrosa. Lo que debería ser normal para todos, ¿no? Hasta he podido cambiar de empresa por elección propia, algo ya poco habitual.
    
     A mis 35 años (casi 36) me siento mucho más cerca de la generación anterior que de la posterior. En realidad, me siento mucho más cerca de la generación anterior que de la mía propia. La mayoría de mis amigos de la profesión no han cumplido los 30, o si lo han hecho ha sido “antes de ayer”. Estoy cómodo incrustado entre la gente más joven. En la redacción de un medio de comunicación, siempre prefiero mirar antes al rincón que al despacho. Por eso me duele que muchos conocidos, algunos de ellos amigos, y unos pocos amigos de verdad, de esos que lo son para toda la vida, sufran en el limbo de la indiferencia.

   “El que vale, llega”. Qué enorme gilipollez. La calle está llena de gente válida, de personas con conocimientos y toneladas de pasión. Aquí hablo de mi oficio, que es el que más controlo, pero estoy firmemente convencido de que este argumento es extrapolable a cualquier sector. En el periodismo, mientras tótems y gurús de plastilina comandan shares, followers, vanidades y vaivenes de opinión, jóvenes terrenales de carne y hueso estiran sus sueños esperando que algún día cambie su suerte. Mientras escribo esto, tengo en la mente personas con nombres y apellidos, sé que si leéis esta rareza enseguida os vais a sentir identificados. Es una injusticia tremenda. Mi madre siempre me dice: “si me toca la Lotería, te monto una radio”. Y yo, cuando me lo dice, siempre pienso en 4 ó 5 personas con las que llevaríamos esa radio al fin del mundo.

    Llevo ya casi 3 meses en Radio Marca. Joder, el tiempo pasa muy rápido. Allí me he encontrado con gente muy, muy, muy, muy, muy, muy joven.  Esos chicos y chicas a los que llaman “becarios”, una palabra que a mí me repatea las pelotas. Son compañeros. Es más, en muchas ocasiones nos dan lecciones de ganas, inquietudes y labor. Para mí ha sido lo mejor en este amanecer de mi nueva aventura, quizás porque venía de un sitio en el que había déficit de inocencia y superávit de momias. Mola mucho trabajar con ellos, es muy fácil activarles luz en esos ojos que piden un simple guiño. En lo personal, me reconforta un millón de veces más un piropo de un “becario” que un halago de un jefe. Me encanta coincidir en la vida o en las redes sociales con algún compañero con el que trabajé durante un corto período en Onda Madrid, cómo lo pasábamos en aquellos veranos en los que éramos 4 gatos. Es un enorme orgullo que muchos de ellos recuerden aquellos momentos con una sonrisa.


    “El que vale, llega”. No. Pero intentadlo. Y si tenéis que cambiar el rumbo de vuestra vida, dejad siempre un pequeño hueco para alimentar vuestros sueños de periodistas. Mientras tanto, yo seguiré intentando enterrar la etiqueta “becario” y, sobre todo, animar a mi madre para que acierte con los números de la Primitiva, el Eurojackpot, el Euromillón y hasta la Quiniela Hípica.


lunes, 18 de mayo de 2015

UN EQUIPO ALEGRE



           ¡Qué fin de semana más extraño! Lo pensaba esta pasada madrugada, cuando terminaba de ver el Real Madrid – Olympiacos grabado. Me siento muy orgulloso de haber estado vinculado a la información de baloncesto en Onda Madrid durante 15 años. Muy, muy, muy orgulloso. Joder (perdón), infinitamente orgulloso.  Fue para mí un proyecto inolvidable que aguantó más allá de los resultados de los equipos madrileños.  La vida gira rápido y ayer me tocó ver la final por la tele y de madrugada. Gajes del oficio. Y además esto es lo de menos, qué demonios. Porque estas líneas son para reconocer y dignificar a un equipo alegre.

Este Real Madrid es una excelente noticia para el baloncesto. Escrito está en la derrota, pues con más motivo ahora que acaba de elevar al cielo la Copa más importante de todas. Este título esconde un enorme mérito porque muchos, yo el primero, pensábamos en diciembre de 2014 que este éxito era prácticamente una utopía. Pero el Madrid de Laso, y de Llull, y de Rudy, y del Chacho, y de Felipe, y de Nocioni, y de Ayón, y de Campazzo, y de todos los que estuvieron durante los últimos años y ya no están, ha  podido con todo… y con todos.

          
                 Un equipo alegre. En el juego y en todo lo demás. Un grupo de trabajo que se ha levantado después de algunos golpes bestiales, sobre todo aquella final perdida hace un año en Milán. Ese directo al mentón hubiera mandado a la lona a cualquier púgil. Pero no, este equipo se levantó y siguió buscando la gloria. Este curso puede hacer pleno, Copa de Europa incluida. Mérito infinito. 8 títulos para Pablo Laso y 12 finales de 15 posibles desde que se sentó (es un decir, desde luego) en el banquillo del Real Madrid.
           Este equipazo ha podido con todos. Con las decepciones, con las 2 finales de Euroliga perdidas de manera consecutiva, con las dudas de fuera… con las dudas de dentro. Porque me reafirmo en que Pablo Laso ha trabajado con un equipo en el que, de partida, creía menos que en el de la campaña anterior. Y en verano el kilómetro 0 mostraba unos dirigentes con escasa confianza en el técnico vitoriano. Y como he escrito en el amanecer de este artículo, antes de que el calendario cambiara el 14 por el 15 este enorme éxito rozaba lo quimérico. El Madrid ha manejado de maravilla los pequeños detalles, esos que al final te permiten campeonar. Con Bourousis y Mejri fuera de la rotación. Con Nocioni jugando su mejor partido siempre el día D. Con su mejor jugador durante el año, Felipe, protagonizando las 2 peores funciones del curso en la Final Four. Con Slaughter como actor secundario imprescindible. Sin salvadores y con mucha pizarra del entrenador. Una gestión de los pequeños detalles sencillamente espectacular.

        
              No lo hago en la derrota, tampoco quiero abrazarme sólo a los resultados cuando llega la victoria de un equipo ganador. Quiero insistir una vez más en que el Real Madrid de Pablo Laso, que está a punto de culminar su cuarta temporada como entrenador, es una bendición para el baloncesto y para el deporte  en general. Ha ganado. Ha ganado mucho. Y encima no ha ganado de cualquier manera, sino abrazándose a un estilo que durante muchos momentos ha convertido la sagrada cesta en una actividad de ocio. Como periodista cercano al baloncesto madrileño, he tenido el enorme privilegio de conocer a un grupo de empleados que merece la felicidad. El vozarrón del doctor, la bondad del preparador físico, la nobleza de los utileros, la simpatía de los fisios, el cariño del delegado o la amistad del jefe de prensa. Creedme, esos también son equipo. Un equipo alegre. Un equipo que después de levantar la Novena regala felicidad.

jueves, 9 de abril de 2015

TWITTER: ENTRE LA BILIS Y LO MUCHO BUENO


     Hoy es uno de esos días en los que mi cerebro ha sido invadido por un revoltijo de ideas y pensamientos que son de difícil orden para plasmarlos en un post lógico y sensato. Pero necesito escribir, me apetece compartirlos con vosotros, así que me lanzo a este folio sin guión y con tobogán. De arriba a abajo sin pensar en qué me espera cuando me tope con la dura tierra. Vamos allá.

     Soy un firme defensor del Twitter y, en general, de las redes sociales. No me convence mucho Instagram, pero más que nada porque me parecería tremendamente injusto para el receptor enseñar una y otra vez mi rostro. O mis pies. O mis manos. O mi espalda. O mi peinado. O mi desayuno. O mi cena. O las 2 mandarinas que me como en la merienda. O mi foto en la playa con el primo segundo de la amiga del vecino que vive en el 3ªA. Pero Twitter me gusta. Es más, os confieso que entre enero de 2013 y marzo de 2015 me he sentido mucho más periodista en la red social que en la radio para la que trabajaba. Durante ese tiempo el pajarito me inyectó gasolina gracias a las opiniones, los debates, las noticias o los contenidos que yo pude difundir, y también, por supuesto, a los temas interesantes que encontré gracias a otros compañeros o tuiteros. No os imagináis la frustración que provoca conseguir una noticia y no tener espacio para darla en tu emisora porque allí está toda la programación grabada. Frustrante.

       Lo dicho, Twitter tiene muchísimas cosas buenas porque al final es un medio de comunicación más (y de información). Como todo lo que manejan los humanos, esa especie que a veces roza lo inefable, es una herramienta que también alimenta vanidades (autocrítico con mi profesión), anonimatos con bilis, obsesiones, frustraciones e incluso odio. Sí, hay gente que se abraza a Twitter para odiar, para seguir odiando, para comenzar a odiar. Es asombroso comprobar como algunos perfiles sólo son engordados a base de insultos y ofensas. A todas horas, todos los días. Qué pena de vida, ¿no os parece?




     He defendido muchas veces que no entiendo la prensa como un ser único, como una especie de bestia en la que estamos todos metidos. No, lo siento, eso es rotundamente falso porque quizás sea el sector más heterodoxo de la historia de las profesiones. No es igual un humilde locutor de una emisora local de Murcia que un cronista de tenis de El País. No es lo mismo un presentador de un informativo televisivo que un inalámbrico de la Cultural y Deportiva Leonesa (¡qué envidia!). No, no es lo mismo. Me siento muy poco corporativista, yo soy más de personas que de gremios, pero aún menos legitimado para dar lecciones sobre qué es el buen o mal periodismo. Sí puedo elegir entre lo que a mí me parece bueno y menos bueno (un gusto), pero no deja de ser un sentimiento como actor muy secundario de la obra de teatro, o simplemente como receptor de programas y contenidos, algo que llevo haciendo desde que tengo uso de razón.

     En Twitter se junta definitivamente la boca de la pescadilla con la cola. Es la hoguera de los extremismos, el nido de pensamientos únicos más acogedor del planeta. En lo personal, no me reconforta tener más o menos seguidores, sino disfrutar y aprender con ellos. Si para tener 600.000 followers hay que llamar "idiota" a un árbitro por no ver un penalti o recibir miles de insultos personales, no cuenten conmigo. Si para participar en la primera fila de esa gigantesca obra de teatro que es Twitter, hay que delirar hasta conseguir el disfraz adecuado para tu personaje, no cuenten conmigo. Si para tener 1000 retuits hay que usar las palabras robo, atraco, persecución, confabulación o campaña, me conformaré con 3 o 4 favoritos y tan pancho. Lo único que me da rabia de cómo está montada esta sociedad es que gente con mucho talento no consigue mostrarse ni transmitir sus genialidades. Yo las veo, yo las leo, yo las disfruto, pero no es fácil llevarlas a la orilla en medio de esta marejada continua e interminable.

      Jamás he bloqueado a nadie en Twitter. En el fondo me parece un fracaso, no sé muy bien cómo explicarlo. En cualquier caso, jamás puede ser una razón para presumir. Quizás esté equivocado, pero tengo la firme convicción de que todos merecemos varias oportunidades. Para mí Twitter no tiene ningún sentido sin ese ida y vuelta. Pero a veces es imposible. Imposible. Muros, paredes con el 70% de pendiente en medio de una ventisca que te hace llorar. Hablas de Neuer y te reprochan que no digas que Casillas es un topo, alabas a James y eres un vikingo, criticas algo puntual del Madrid y eres antimadridista, dices que el Barça juega mal y vuelves a ser merengue, hablas de una bota de vino y te recuerdan que no censuras que Arda le tiro una de fútbol al linier, haces la información de baloncesto del Madrid y eres anti no sé qué, compartes una buena racha de Simeone y ahora eres del Atleti, encumbras a Messi y eres un culé recalcitrante. Y así todo, blancos o negros que entierran la que para mí es la única verdad. YO SOY PERIODISTA. Por delante y por detrás de todo. Un periodista que piensa, como sé que muchos otros compañeros lo hacen, que no es noticia ni es importante en absoluto cuáles sean sus colores. ¿Qué más dará?




     Voy a la radio. En la radio el narrador transmite pasiones, sus gritos han de colarse en el corazón del receptor, te toque hacer un partido del Madrid, del Atleti, del Barcelona, del Valencia, del Estudiantes, del Baloncesto León, del Conquense, del Obradoiro, del Cádiz, del Atlético Barceloneta, del Inter Movistar, del Balonmano Aragón o del equipo de los 1000 demonios. Tú te debes a tú público, coño, que el periodista no es tan importante. No es lo mismo trabajar en Catalunya Radio, que en Radio Marca, que en Onda Madrid, que en Gestiona Radio Valencia. Esa es la obligación del narrador de partidos, conectar con los sentimientos del receptor, sean los que sean. Es un desafío precioso. El inalámbrico tiene otras funciones y otros retos. Y el presentador. Y el animador. Y el productor. Todos. sin olvidar jamás que la radio es una cadena que conduce directamente al alma del oyente. Él es el importante, el imprescindible. Lo demás, milongas. Recibo con asombro que haya mucha gente que siga pensando que para hacer la información de un equipo concreto hay que ser hincha de ese equipo. Desde el respeto, me parece una solemne tontería.

      En Twitter es lo mismo. Como receptor de información admiro a los periodistas que no sé qué van a decir en una tertulia o en su análisis tuitero después de un partido importante. Joder, es que es de cajón, ¿no? Quizás no, puede que esté errado en este planteamiento. Lo dicho, me da pena que Twitter alimente vanidades, bilis, odios, ojos inyectados en sangre, obsesiones. Es sospechoso el que no se posiciona en un bando extremo. Es un perro verde el que trata de ofrecerle el brazo a la mesura. O quizás todo esto no sea más que un ruido ensordecedor en medio de la normalidad, ya que en Twitter se encuentran muchas personas que debaten con respeto y que te enseñan un montón de cosas. El otro día pensaba que al menos me sentía orgulloso de haber vivido aquel lejano reporterismo en el que el trabajo dependía de ti. Podías irte feliz a casa por el trabajo hecho o marcharte con un cabreo de tres pares de narices por la convicción de no haberlo realizado bien. En 2015 eso es casi imposible puesto que las entidades eligen su menú del día... eso el día que toca comer. Los grandes, los medianos y los pequeños. Hay zonas mixtas en las que Groucho Marx sería capaz de rodar varias películas a la vez. Se impone el periodismo de cebos, grandes caracteres, rotondas o cámara en la puerta del garito. Vamos, lo que veo junto a mi madre a las 14.30 cada vez que voy a comer a su casa... pero bajo la etiqueta de "Deportes". Todos tendremos algo que ver en que hayamos llegado a un punto en el que estrellas mundiales marquen 5, o 4, o 3 goles y no hagan declaraciones públicas. No soy de los que dicen que a mí me da igual porque me gusta hacer mi curro lo mejor posible. Pero defiendo con vehemencia que el periodista no tiene tanta importancia. Sí hay mucha gente detrás. Personas a lo largo y ancho de todo el mundo que cada día hacen más grandes a estas referencias del fútbol. Sería bueno que alguien les invitara a salir de sus urnas.

      Twitter: entre la bilis y lo mucho bueno. Cambia Twitter por periodismo. O por aficionados. O por personas, que al final es la madre del cordero. Menudo cajón desastre que he creado en forma de artículo. Si has llegado hasta el final, quiero que sepas que eres mi héroe.