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martes, 3 de septiembre de 2013

HIPOCRESÍA OLÍMPICA



     Amo el deporte. Amo los deportes. Todos, los que controlo y en los que patino y cada día trato de conocer más, mitad por interés, mitad por ese defecto indomable de querer aprender más y más. El deporte forma parte de mi vida, desde mucho antes de dedicarme al periodismo deportivo, espero que también mucho después de aparcar esta bendita profesión cuyo rumbo me golpea cada vez más el alma. Como amante irracional y empedernido de los deportes, me enamoran los Juegos Olímpicos, esa cita cuatrienal que paraliza el mundo y que convierte en héroes a deportistas archiconocidos, y también a los 99% anónimos durante la olimpiada, ese período entre unos Juegos y los siguientes. El sábado conoceremos si Madrid alberga los de 2020. Y llevo días pensando, leyendo, documentándome para escribir este artículo porque tengo muy claro que lo políticamente incorrecto ha de estar muy preparado. Sobre todo cuando la sombra de la hipocresía, la influencia e incluso la mentira amenaza al motor de una cita tan especial.

     Me encantaría disfrutar de unos Juegos Olímpicos en la ciudad que me vio nacer. Sería una emoción incontenible, una experiencia inolvidable e irrepetible, y ya ni os cuento si puedo vivirla como periodista, espinita y frustración que algún día espero sacudirme de las entrañas. Para mí los Juegos es lo más grande. Aún me río hablando con mi madre cuando recordamos las broncas que me echaba durante Barcelona 92 (con 13 años) porque ni siquiera me quitaba el pijama ni me despegaba del televisor durante días y días. Curiosas aquellas madrugadas en Pekín 2008 en las que ponía el despertador cada hora para ver alguna competición o simplemente escuchar  los boletines de la radio. Increíbles aquellas carambolas trabajo-dinero-vuelos para poder estar en Londres disfrutando de lo más grande que existe, el deporte. Sí, asistir a unos Juegos en la ciudad en la que vivo sería un sueño, sería maravilloso. Pero señoras y señores, esto que estoy escribiendo es perfectamente COMPATIBLE con asegurar que el cómo me ofrece muchísimas dudas, cada vez más.

     El camino a los Juegos es política. La política rara vez se lleva bien con el deporte. Bueno, realmente la política actual, por deméritos constantes de la inmensa mayoría de sus actores, ya no se lleva bien con nada ni con nadie. Madrid se ha embarcado desde hace más de una década en un proyecto olímpico que por el camino ha dejado un agujero económico gigante, pagos por informes del “amigo” Urdangarín, infraestructuras casi cerradas por defunción y revolcones de todo calado que al final terminan pagando los contribuyentes. Los que de verdad entienden de recovecos olímpicos y opinan sin ese forofismo que algunos se toman como una obligación, aseguran que lo más lógico es que Madrid fracase por tercera vez consecutiva. Es difícil acertar con un pronóstico, entre otras cosas porque hay electores que deciden su voto a última hora, lo cual es demencial, delirante y patético. Todo depende de los famosos lobbies de última hora, aunque algunos el único lobby que conocemos es el de algunos hoteles que te permiten conectarte a Internet.   
 
 

     Es asqueroso comprobar como políticos de medio pelo, escasa formación y menos vocación deportiva se abrazan a la expresión espíritu olímpico  como si fuera un suave osito de peluche ¿Qué coño es el espíritu olímpico? Quizás sea la continua tibieza contra el dopaje, o la cantidad de gente que sigue viviendo del cuento gracias a nuestros tres intentos olímpicos, o la enorme posibilidad de negocio privado que supone albergar unos Juegos, o simplemente la megalomanía incontrolable de ciertos políticos que cada mañana se miran al espejo y ven la imagen de un superhéroe. Qué fácil es utilizar la expresión espíritu olímpico y que difícil es encontrar a alguien fuera del deporte que sepa realmente lo que significa.

     Los políticos (y aquí incluyo a la mayoría de presidentes federativos, muchos de ellos con trayectorias sospechosas o directamente corruptas  en su gestión) y su poderoso ejército mediático nos tratan de meter en vena que los Juegos Olímpicos serían lo mejor que le puede pasar a Madrid y a España. Que dejaran dinero y dinero, que crearán empleo y empleo, que alimentarán sueños y sueños, que generarán valores y valores. Pero tú, amante del deporte como yo, seguramente no habrás leído ni escuchado que la historia de los Juegos Olímpicos demuestra que han costado de media un 179% más de lo presupuestado, que lo que se necesita para construir infraestructuras se quita del deporte de base y de partidas sociales, que se invierte más de lo que se consume, que siempre aumenta la deuda pública… y que todos esos costes de más terminan siempre influyendo en el ya bastante dañado bolsillo del ciudadano. El mismo dinero que se utiliza para recibir con todo tipo de lujos a los comisionados que votan, alérgicos al menú del día o los hoteles de 4 estrellas. Gane o pierda este sábado, la candidatura Madrid 2020, como antes 2016 y 2012, se han gastado exageradas cantidades de dinero. ¿Cuánto? Algún día lo sabremos seguro… y probablemente nos desmayemos del susto. Que nadie nos intente convencer de que con tan pingües cantidades, nadie se ha visto beneficiado en sus negocios personales y en sus cuentas bancarias. Los mundos de Yupi nos quedan a todos muy atrás. (Os recomiendo la lectura de este brillante artículo de María Cappa).
 
 
     La realidad del deporte español es que la situación tiende a un notable descenso de las medallas y diplomas en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. Eso siempre es una consecuencia de, y ahora también. Mientras rozan el orgasmo algunos de los que defienden las interminables bondades de un Madrid olímpico, muchos atletas de élite aún no han cobrado sus becas prometidas y ganadas con esfuerzo en competición. Mientras Ana Botella habla de la maravilla de los Juegos, miles de chavales ya no pueden hacer deporte en las escuelas o polideportivos municipales de Madrid porque se ha convertido en un artículo de lujo. Mientras Alejandro Blanco se emociona con “sus” Juegos, piragüistas españoles campeones olímpicos se pagan sus viajes y los de su equipo de trabajo para poder competir y representar a España. (Fantástico este reportaje de Mariano Galindo). Qué rabia da comprobar como los políticos piden la ayuda de deportistas de los que sólo se acuerdan para hacerse la foto. Siempre con una sonrisa, la falsa sonrisa de amor por el deporte, la verdadera sonrisa de amor por el poder y el dinero. En las altas instancias de poder se consigue incluso que Ruiz Gallardón (Alberto) le convenza a Pérez (Florentino) para que su equipo de baloncesto utilice la Caja Mágica, en claro perjuicio (a los hechos me remito) para los hinchas del Real Madrid, los mismos que con su pasión habitual estarían en las gradas animando a España en 2020. La gran hipocresía. La gran falacia. La gran mentira.

     Adoro el deporte. Y los Juegos Olímpicos. Hasta vivo enfrente de La Peineta, casualidades (o no) de la vida. Pero censuro sin adornos a los que me tratan de convencer continuamente que si estás ligado al deporte tienes que apoyar de manera incondicional la candidatura de Madrid. Que sean los políticos los encargados de  vender el deporte es llegar a la cima del surrealismo y papanatismo. El periodista no está para “forofear”, está para tratar de informar con datos y decir lo que piensa, algo cada vez más difícil. El periodista también está para dar difusión a los deportistas más desconocidos o para contarle a la gente preciosas historias de olimpismo, como hace con brillantez mi amigo Alberto González, Pipe en su Planeta Olímpico de Radio Marca. Pero el periodista no está para abrazarse con emoción a los Blanco, Botella, Gallardón y compañía, actores principales del lobby y la política, actores penosos en el desarrollo del deporte, de los deportistas, de los niños que quieren hacer deporte. Ya está bien de hipocresía, de mentiras y de vender una moto de alta cilindrada a un ciudadano que al final, como siempre, saldrá perjudicado. A estas alturas de la función, lo único que tengo claro es que si mi hijo/a no se quita el pijama durante el mes de agosto de 2020 no le echaré la bronca. Sean los Juegos en Madrid, en Tokio o en Estambul.

               

 

8 comentarios:

  1. Me encantarian unos JJOO en Madrid, no a cualquier precio y más con la que está cayendo.

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  2. en parte tienes razón, pero es q el 70% por ciento del gasto se ha hecho, el gasto exagerado para optar se ha hehco y más aún si no nos toca hay posibilidades q aumente.

    Por cierto no existe negocio privado como una isla desierta si hay negocio es bueno para todos, de hecho el concepto de negocio, existe alguno q no sea privado? lo publico no es un negocio y por eso cuesta mucho más hacer lo mismo público q privado, es algo q a mucha gente os cuesta comprender. Cuando se hace negocio se obtienen beneficios se genera dinero, los beneficios generan impuestos, generan trabajo generan nuevos negocios. Lo q no es negocio no genera beneficios, por lo q no se generan nuevos trabajos, ni impuestos, siempre se puede falsear con deficit(prestamos) pero eso ya sabemos a lo q lleva.


    Si a mi me dicen plantearme ahora mismo los juegos olímpicos diría, me parece una pena pq quiero vivirlos pero es un gasto una fuente de mangoneo, pq unos juegos olimpicos es público. Ahora una vez ya tirado el dinero, caja mágica, peineta, palacio de deportes, promoción en tres veces q no hemos presentados, al menos recuperemos parte

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  3. No le falta una coma, no le sobra un punto, no le añado una tilde. Impecable descripción de las sensaciones que tenemos muchos españoles y madrileños con esta candidatura.

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  4. Amen a lo expuesto por Salva.
    Todo lo que cuenta el post es cierto, pero no es menos cierto que el gasto ya está hecho, así que, POR DÍOS (y lo dice un ateo), que concedan los juegos a Madrid 2020 con mangoneo o sin mangoneo para ver si así al menos se amortiza parte del gasto.

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  5. Pero los Juegos amortizarían parte del gasto ya hecho o lo aumentarían? Cuánto se llevaría la ciudad de Madrid (y sus ciudadanos) realmente?

    Apunto más a que se doblaría la deuda antes de que se amortizara algo.

    NO A MADRID 2020

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  6. Nadie va a hablar de la Liga de Futbol Profesional ??? Tenemos una vergüenza de LFP rescatada por cajas que eran gobernadas por políticos, y que casi hunden al país...
    y del ciclismo ??? Es ese el espíritu deportivo ??
    Y de que los periódicos más leídos en España traten de "cotilleos" deportivos, me avergüenzo de las inquietudes de la población

    Los juegos olímpicos dignifican al deporte, que se encuentra en una situación realmente preocupante, y no precisamente por culpa de unos juegos que se hacen cada cuatro años, sino por el día a día de una población sin inquietudes

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  7. Bravo por tu criterio y tu valentía. Con los recortes que hay ahora mismo en cosas tan basicas y fundamentales como son entre otros la sanidad y la educación, tener que seguir recortando en ello, para que unos pocos puedan seguir haciendose más ricos me parece de tener pocas miras.

    Olimpiadas si pero asi no.

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