Etiquetas

miércoles, 2 de abril de 2014

UNA COMPARACIÓN CON TRAMPA


     El origen de este artículo de opinión es mi socio Alfonso Bernardo, compañero de batallas radiofónicas imborrables. 10 minutos después del Barcelona – Atlético de Madrid de Champions, Bernardo publicó en una red social su enfado por el dobleraserismo de la crítica a la hora de juzgar el estilo de este Atleti y de aquel Madrid. Él considera que la propuesta de Simeone (que a Bernardo le gusta) es ensalzada mientras que la de Mourinho era sistemáticamente censurada. Me parece que esta opinión, secundada por muchos, abre un debate fascinante.

     Parto de la convicción de que en el fútbol no hay verdades absolutas, pensamiento que choca frontalmente con el nuevo y apasionante periodismo deportivo, en el que el gris es un malhechor, un okupa  que ensucia una obra de teatro con personajes muy definidos. Partiendo de esa premisa, insisto, voy a ofrecer mis argumentos de por qué considero que esa comparación tiene trampa. Y eso que siempre he defendido que Mourinho y Simeone, en su forma de ser y en su manera de entender su profesión y el fútbol, son muy parecidos.

     No soy un enamorado de la propuesta futbolística del Cholo. No me agrada que siempre se tape los pies antes que la cabeza, que sus equipos den un paso atrás cuando el marcador le sonríe, que incluso contra escuadras mucho más débiles y con menos recursos, no varíe demasiado su pizarra mental. Esto que escribo no es incompatible con gritar hasta quedarme afónico que lo que está haciendo el argentino con este Atlético de Madrid es una hazaña, una gesta que si este curso rubrica con uno (o dos) títulos entraría directamente en las páginas de oro del balompié europeo. Simeone ha mejorado a todos los jugadores que él recibió cuando sustituyó a Gregorio Manzano. A todos. Incluso a aquellos que parecían perdidos para la causa, como Godín, Mario Suárez, o Filipe Luis. Me quito el sombrero (de copa) con un entrenador que ha conseguido el compromiso de un vestuario que ahora se cree capaz de todo, que irían con su jefe hasta el infinito y más allá. Con un tipo que ha logrado que después de muchos años el Atlético de Madrid se abrace a la palabra competir. Tiene carisma. Tiene eso que no se compra en el mercado. O se tiene o no se tiene. Y al Cholo le sobra.
 
 

     Es una comparación tramposa, en el sentido menos dañino de la palabra. Porque la génesis de esta historia es que Mourinho y Simeone no contaban con los mismos recursos. No es lo mismo que salga yo a ligar a que lo haga Mario Casas. Y si Mario Casas acaba recurriendo a mis tácticas guerreras en una batalla nocturna importante, seguramente triunfará (qué coño seguramente, 100% seguro), pero es censurable que utilice mi plan. No es lo mismo hacer un cocido maragato con materia prima de León que con alimentos de nivel B. Y no es lo mismo comparecer en un Gran Premio de Fórmula 1 con un Red Bull (ahora mejor con un Mercedes) que con un Force India. El Atlético de Madrid es un equipo con muchos recursos, pero a una distancia sideral del plantillón de aquel (y también este) Real Madrid. No parten desde la misma calle, no poseen el mismo calzado, no están igualados en el talento, en el veneno, que al final es la madre del cordero para ganar decenas de partidos al año.

     Más matices. Simeone, en su etapa en el Atlético de Madrid, jamás ha reventado su pizarra en un partido importante. No ha puesto un Pepe en mediocampo, para que nos entendamos. Ha mantenido su filosofía, pelín reservona e inundada de una intensidad bestial. Además el Cholo, por lo que yo percibo, no es censurado por un sector de la hinchada colchonera, como pasaba en la etapa anterior del conjunto merengue. Y aquello era porque muchos aficionados del Madrid consideraban que su equipo tenía armas suficientes para competir contra el Barcelona sin que 11 jugadores se atrincheraran en su campo. Algo que, por cierto, se demostró al final.

     Como bien escribía anoche mi amigo Alfonso Bernardo, cualquier estilo es válido en este maravilloso juego llamado fútbol. Todos tenemos parte de razón, más allá de debates que besan apasionadamente (incluso con lengua) el extremismo. Yo pienso que esta comparación tiene trampa. Tú quizás creas lo contrario. Házmelo saber, me encanta intercambiar opiniones. Gracias por la lectura. Y gracias a ti también por la idea, socio. No me sobran.

               

lunes, 24 de marzo de 2014

UNAS LÍNEAS SOBRE EL GRAN DERBI



                Sí, derbi. No me convence lo de Clásico. Clásicos hay muchos, algunos con más y otros con menos rivalidad. Los derbis son todos a cara de perro. Para mí un Madrid-Barça siempre será un derbi. Y duelos como el de anoche inflan esa gran palabra, derbi, que excita a todos los aficionados de ambos equipos.

                Me flipó el partido. 3 remontadas, llegadas a las 2 porterías, alternativas, 7 goles, jugadas polémicas en las áreas, ambientazo. Fue una función muy divertida. Ya sé que hoy se habla mucho de Undiano, así que voy a empezar por ahí a pesar de que ni de lejos fue lo más importante. Yo tuve el privilegio de estar en el estadio, asistí al derbi en directo. Y he de decir que en el campo hubiera pitado lo mismo que el árbitro navarro en los 3 penaltis que señaló. Lo mismo. Cometió errores, está claro, pero jamás ofreció la sensación de que el partido estuviera por encima de él, circunstancia que vemos con mucha frecuencia en este tipo de citas. Undiano tiene personalidad. Para mí es un muy buen árbitro.

                También estuve en la zona mixta (entrevistas) después del partido. Y asistí con decepción a las denuncias de Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos. Ojo, no perdamos el mensaje real de ambos entre tanta frase subordinada. Cristiano y Sergio, 2 estandartes del Real Madrid actual, denunciaron premeditación en las decisiones de Undiano. Vamos, que el colectivo arbitral intenta igualar la Liga y que “el Madrid es el gran envidiado por todos por ser el mejor club del mundo” (Ramos dixit). He repasado las declaraciones varias veces y no sé dónde está el límite de esta denuncia, pero si no están deslizando corrupción en la competición se quedan muy cerca. Grave, muy grave. Inconcebible, de verdad. Hoy le toca al Madrid, ayer (y quizás otra vez mañana) asistiremos a algo parecido por parte de pesos pesados del Barcelona. Es muy fuerte. Le he leído a mi admirado Miguel Ángel Lara (Marca) que Osasuna lleva 61 partidos consecutivos de Liga sin que le piten un penalti a favor. ¿Qué pueden decir ellos?

                Entiendo el forofismo (a veces irracional) de los hinchas, cómo no. Pero jamás defenderé el del periodismo. Una vez más, experimenté una profunda desazón al abrir anoche las redes sociales y encontrarme con un aluvión de análisis periodísticos hechos desde la rabia y el bufandeo más extremo. Me jode (perdón). Mucho. No lo puedo evitar. Al fin y al cabo es mi profesión, y sin pretender dar lecciones de nada (quién soy yo) tengo la convicción de que ese forofismo nos hace mucho daño.  En cuanto a los jugadores, sólo diré que olé las santas pelotas del que salga después de un partido y diga que el árbitro les ha beneficiado. Tengo ya 34 años y jamás he asistido a una revelación de ese tipo. Sigo esperando.
 
 

                Mención aparte merece lo de Busquets. Jamás culparé a un árbitro de no ver acciones así, es casi imposible. Si el pisotón en la cara de Busquets a Pepe es intencionado (me temo que sí), han de entrar de oficio los comités y castigar al jugador con una sanción ejemplar. Igual que cuando Arbeloa agredió sin balón a Diego Costa. Son acciones barriobajeras, intolerables y cobardes. Me vienen a la cabeza futbolistas como Puyol. Duros, agresivos, contundentes como el que más. Pero jamás harán una cosa así. Es penoso. Y hasta que no se sancione con contundencia y varios partidos no aprenderán.

                Y fútbol, claro, mucho fútbol. Fue un derbi muy interesante, con muchos detalles que analizar. Sorprendió, por inhabitual, la tremenda vulnerabilidad del Real Madrid en defensa. La del Barcelona no, nos tiene bastante acostumbrados durante todo el curso. Muy mal Carvajal, intrascendente Marcelo, flojo Pepe y superado Sergio Ramos. Seguro que ayudó la pluscuamperfecta actuación de Leo Messi, que fue el mejor centrocampista de todos en un choque repleto de excelentes medios. El argentino dio 4 pases de gol, de esos que generan una ocasión clarísima de anotar. Es una cifra escandalosa en un partido de esta magnitud. El último, el que terminó en el penalti a Neymar, es una de las mejores asistencias que he visto en los últimos tiempos. Encontró un buen socio en Iniesta, un actor irrepetible. Ayer marcó (sólo suma 3 dianas), pero es tan bueno que no necesita el gol para reivindicarse como uno de los mejores del planeta. Sí lo necesita Benzemá, capaz de anotar 2 y generar 6 ocasiones claras en apenas media hora. Actuación maravillosa de Karim, cuya clase le permite asociarse, generar espacios, aguantar el balón, rematar de cabeza… y hasta regalarnos un taconazo mágico a Bale de esos que se quedan en la retina para toda la vida. Inmenso, partidazo del ariete francés.  

                Jugaron 4 laterales ofensivos. Curioso que ninguno de los 4 aprobara. Mención especial para Jordi Alba, el 3 de España para el Mundial, muy por debajo de su nivel durante toda la campaña. En el Madrid sólo 2 jugadores exhibieron un rendimiento sobresaliente, Di María y Benzemá. La pizarra de Ancelotti sigue fallando en los grandes partidos. En los duelos directos contra Barça y Atleti, el Madrid sólo ha rascado 1 punto de 12. Pero lo más preocupante para el italiano es que su equipo ha podido (y ha debido) conseguir mejores resultados en esos choques. En ninguno de los derbis ha sido fiel a sí mismo, en el Camp Nou por la elección de las piezas (Ramos mediocampista, Bale delantero centro) y en el Bernabéu por renunciar a la creación. Modric y Xabi Alonso pasaron de puntillas por el duelo, corrieron detrás del balón, se dedicaron más a defender que a crear. Ni siquiera asomó la melena el Modric decisivo de los últimos meses. Falló Carletto, cambio de Karim incluido. En cualquier otro partido lo hubiera entendido, pero anoche el galo era Su Majestad del derbi, estaba tocado con una varita mágica, jamás debes prescindir del actor más inspirado. Cristiano estuvo aún más incómodo como referencia ofensiva, apenas generó peligro. Algún chispazo de Bale. También de Neymar. Pero lejos de lo que se espera de ellos en una cita de esta importancia.
 
 

                “Un equipo de fútbol es lo que son sus centrocampistas”. Es una verdad como un templo que repiten a menudo sabios de este juego. Martino le ganó la partida a Ancelotti. Leyó muy bien la superioridad de su equipo en la zona ancha, hasta el punto de que aguantó hasta el final el cambio de un discreto Fàbregas porque sabía que Cesc le garantiza sociedades y pases fáciles. Tengo el convencimiento de que este Barça sólo puede aspirar a hacer algo grande con los pequeños en la media, más Messi y Pedro/Neymar arriba. Equipo muy claro para los partidos de verdad, como el de ayer. El mismo 11 que, curiosamente, dispuso el Tata en el Camp Nou.

                Lo dicho, me encantó el partido. 7 goles en un envite de este nivel es una delicia para los amantes del fútbol. 3 de penalti, es verdad, pero es que los penales también hay que saber lanzarlos. Diego López y Valdés adivinaron los 3, pero eran imparables. Messi y Cristiano también son, junto a Gerrard, los mejores ejecutores del mundo desde los 11 metros. Eso sí que es asegurar, y no la pamplina que se ha puesto ahora de moda de tirarlos al centro. Precioso espectáculo. Deseando que llegue el siguiente. No sé si por aquel entonces ya le habrán pitado un penalti a favor a Osasuna.
 
 

jueves, 20 de marzo de 2014

BOMBOS CON MORBO

     No sé si he atinado con el titular de este post. Lo leo y me suena al título de una de esas películas picantonas con poco argumento y mucho sollozo. No, no van por ahí los tiros. El asunto central de este artículo es el sorteo de los cuartos de final de la Copa de Europa de fútbol. Aparecen en escena los bombos con más morbo de los últimos años, quizás incluso de la historia de esta competición. El sorteo será puro, sin patochadas, sin pamplinas, sin criterios que eviten de antemano grandes enfrentamientos. Porque un sorteo dirigido ni es sorteo ni ná. Se vienen unos bombos puros, se viene un sorteo de verdad.


    

     El cartel es prácticamente inmejorable. Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Bayern Munich, Borussia Dortmund, Chelsea, Manchester United y Paris Saint Germain. Casi nada al aparato. Los mejores. Quizás sólo falte la Juventus para completar un panel inigualable. Muchos títulos, mucha historia, mucho nivel, mucha tradición. Y mucho, muchísimo, toneladas de morbo para estos bombos que lucen la hermosa estrella de la Liga de Campeones. Casi cualquier posibilidad cruza a dos equipos, o dos entrenadores que nos aderezan la ensalada de condimento. Veamos.
  
   Real Madrid - Barcelona. La releche. Máxima rivalidad. Una bomba. 4 Clásicos en tres semanas, todos finales a cara de perro en tres competiciones diferentes. Se para el mundo. Los mejores actores del planeta. La mayor expectación del universo balompié.
  Real Madrid - Atlético de Madrid. El gran derbi. Eliminatoria de tú a tú. Serie inédita en Europa. La capital de España en ebullición. 11 sobre 10 en la escala del morbo. Bestial.
   Atlético de Madrid - Barcelona. Una maravilla. Cuarto envite de la temporada, los tres anteriores finalizaron en tablas. Dos estilos contrapuestos. Clasicazo.
  Bayern - Barcelona. Pep en el banquillo visitante del Camp Nou. El baño bávaro del pasado curso en la retina de los culés. Beckenbauer echando fuego por la boca a colación de la posesión. Messi, Ribery, Robben, Iniesta. Thiago Alcántara tocándola en su ex-estadio. Madre mía, qué duelo.
  Borussia Dortmund - Bayern. La gran rivalidad teutona. La reedición de la última final. Los amarillos se llevaron la Supercopa en verano, los de Guardiola se han paseado en la Bundesliga. 2 de las mejores hinchadas del planeta. La barba descuidada de Kloop contra la personalidad arrebatadora de Pep. El no va más.
   Chelsea - Real Madrid. Vosotros mismos. Mourinho en el Bernabéu. Y Torres. Y Eto'o. Y Casillas en el arco. La eliminatoria con más ruido de la década. Ancelotti contra su ex-equipo. 1000 ingredientes, paladas y paladas de morbo. Sería una eliminatoria tremebunda.
  PSG - Real Madrid. Carleto cara a cara con sus ex. Ibrahimovic en el Bernabéu. Duelo espectacular entre el sueco y Cristiano por el pichichi de la Champions. Pues eso.
   Borussia Dortmund -  Real Madrid. El recuerdo de las semis del curso pasado, con la (casi) remontada merengue en apenas 10 minutos. Lástima que Levandowski se perdería la ida por sanción, lo cual minimizaría el espectáculo. El inigualable muro del estadio amarillo, el insaciable apetito de la escuadra blanca. Copa de Europa en estado puro.
     Barcelona - Chelsea. Mou en el Camp Nou. Teatro, traducción, previa inigualable, árbitros en el punto de mira, sed de venganza de afrentas pasadas. El balón contra el vértigo, duelo de pizarras en medio del escenario más morboso de la historia. Los mouriñistas con los ojos inyectados en sangre. Bestial, ¿no?
     Atlético de Madrid - Borussia Dortmund. El recuerdo de aquellos dos partidos a mediados de los 90. Dos entrenadores de moda. Dos tapados. Dos hinchadas antológicas. Una serie como la copa de un pino.
     Manchester United - Chelsea. Mourinho contra el equipo que siempre deseó dirigir. Juan Mata mordiéndose las uñas en la grada porque ya disputó la Copa de Europa con el rival. Duelo con mucha solera en Inglaterra. Torres intentado batir a su colega De Gea. Una maravilla de serie.
    

     

   
    Y así podríamos seguir un buen rato buscando emparejamientos salpicados de morbo, como los que tú tienes ahora mismo en tu cabeza y que yo no he puesto aquí para no convertir este post en algo (más) infumable. Se presenta un sorteo apasionante, llegan los bombos más morbosos de la historia. Todo puede pasar, incluso la combinación más picantona. Estas sí que serán 8 bolas calientes. Queman. Echan humo. Cómo nos vamos a divertir.


lunes, 24 de febrero de 2014

EL LEGADO INMATERIAL


     Cada día que pasa soy más de personas y menos de proyectos. Más de pequeños detalles y menos de palabras y discursos vacíos. Más de amigos y menos de equipos. Más de abrazos y menos de grandes declaraciones de amor. Quizás por eso soy absolutamente incapaz de medir a los equipos sólo por los resultados. No quiero, no me apetece, no me da la gana, me niego en rotundo. No, no y no. Sí, ya sé que cualquier equipo que participe en cualquier competición deportiva busca un objetivo, y ese objetivo pasa por conseguir resultados. Pero yo, convencido 100% de que al mundo le sobran resultadistas, me aferro a destacar el cómo... incluso aunque al final la gloria esquive a ese equipo que pretende lograr su objetivo.

     Un análisis puede cambiar en una décima de segundo. Si Llull no hubiera metido aquella cesta, o incluso más, si Tomic hubiera embocado la bola en el aro en su último palmeo, Pablo Laso y su proyecto hubieran sido zarandeados, criticados con dureza. Eso lo sabéis todos, eso lo sabemos todos. Todo por un partido menos que al final supondría un título menos. El 40 de 42 (ahora es 41 de 42) no serviría, y mucho menos el legado inmaterial que está dejando este Real Madrid de baloncesto. Es el ejemplo paradigmático del resultadismo llevado hasta las últimas consecuencias. La muñeca de Llull lo cambió todo. Nadie se acuerda de lo mal que gestionó el Madrid el partido en el último minuto, ni del enorme orgullo del Barcelona para levantar la final, ni de que durante muchos minutos de la final se impuso claramente la pizarra de Pascual. Laso pasó de villano a dios en una décima... la misma décima que algunos hubieran utilizado para arrastrarle al patíbulo. No es la primera vez, os he contado en alguna ocasión que estoy firmemente convencido que si su equipo no llega a campeonar en la final ACB, el vitoriano no estaría en el banquillo del Madrid.
 
 
 

     Supongo que el aficionado madridista pide títulos y más títulos. Pero yo, que sigo este maravilloso deporte desde el otro lado de la barrera, defiendo que lo que está haciendo este Real. Madrid de baloncesto es una genialidad. Con Copa o sin ella, con Euroliga o sin ella. Es un equipo divertido, es una enorme dosis de alegría para el aburrimiento cotidiano, es el paraíso del talento, es la libertad de los genios. Como bien escribió mi admirado Antoni Daimiel, este Real Madrid es la oferta de ocio más importante de la ciudad de Madrid... y eso es mucho decir.

     En el deporte la memoria es de usar y tirar. Poca gente recuerda cómo cogió este equipo Pablo Laso, lejos de ser la primera opción de la sección y mirado con toneladas de escepticismo por el aficionado merengue. 2 años y pico después es adorado por el hincha que acude al Palacio. Que tiene un equipazo, verdad. Que también se la ha jugado con actores (Slaughter, Mejri, Darden) que eran observados con recelo, también. No tengo ni la menor idea de los títulos que se va a llevar a la buchaca Pablo Laso como entrenador del Madrid (lleva ya 5), pero lo que sí sé es que su equipo está siendo capaz de meter más de 11000 espectadores en cada velada del Palacio de los Deportes. Gente que se lo pasa bien, pero que muy bien. Más allá de colores, todos los apasionados de este bendito deporte gozamos con la manera de jugar de este Real Madrid.
 
 
 
 
     El otro día me decía un entrenador de basket que seguro que Laso estaba mosqueado con la última jugada de Mejri en el choque contra el Zalgiris. Por curiosidad, cuando llegué a mi casa la volví a ver, pero fijándome sólo en la reacción del entrenador. Si estaba enfadado, lo disimuló muy bien porque lucía una sonrisota de oreja a oreja. Vamos, que se estaba descojonando. Él, pizarra en mano, también bendice el showtime porque sabe que el baloncesto es para la gente. Los libros de historia reflejarán en un futuro si este proyecto alza la Copa de Europa. Eso sería el legado material, el que ocupa lugar en las vitrinas de un club. Pero para mí el otro legado, el inmaterial, ya está conseguido. Yo le doy más valor porque es el legado que invade sin pedir permiso el corazón de los amantes del baloncesto. Y porque hace que equipazos como el Barcelona se dejen la vida y luchen hasta el final por derrocar al gran equipo del momento. El legado romántico, el legado intangible, el legado que hace sentir, admirar o incluso envidiar esa monstruosa forma de jugar al baloncesto. Si al final no queda reflejado en los libros de historia, que por lo menos tenga un hueco en este blog del un pirado del baloncesto.
 
 

lunes, 10 de febrero de 2014

ÍDOLO DEL MADRIDISMO



     El baloncesto es hermoso. Jodidamente hermoso. Tan hermoso que un ser humano puede pasar de la mayor de las euforias a la más cruel de las tristezas en apenas un segundo. O de una congoja inefable a una de las mayores alegrías de su vida. Ese ser humano puede ser Llull, Oleson, Sergio Rodríguez, Papanikolau, un berserker, el aficionado que luce una camiseta del Barça en el palco situado justo detrás de la posición de las radios, Hugo López, Bartomeu o ese seguidor merengue que vive en la calle Menéndez Pelayo de Madrid. Todos a la vez, todo en un segundo. Eso es el baloncesto, un deporte sencillamente acojonante.

     El baloncesto es radio. Ayer tuve el privilegio de narrar la final a través de las ondas. Lo hice al lado de mis compañeros de Catalunya Radio. Yo 1, ellos 5. Os va a parecer una gilipollez, pero desde el 12 de enero de 2012 y hasta que el capricho quiera, yo sigo sintiendo en cada narración el calor y las vibraciones de mis compañeros, los que me enseñaron que era posible hacer de la Copa del Rey de baloncesto el plato principal (y muy sabroso) de una programación radiofónica. La radio es la leche. Tú narras para los oyentes, los únicos imprescindibles en este show. Muchos de los míos son del Madrid, muchos de los de Catalunya Radio son del Barcelona. Ellos se desgañitaban con la remontada, nosotros trasmitíamos la frustración de un último minuto inefable. Una cesta lo cambió todo. En 1987 fue justo al revés, con el triplazo de Solozábal. Eso es la radio, eso es magia pura, eso son sensaciones que recibe el oyente... y que el baloncesto regala a todos los que somos fanáticos de este bendito deporte.
 
 
 
 
     Escribo esto de vuelta a Madrid en el tren mientras repasó crónicas, periódicos y fotos. Me encanta hacerlo, se aprende mucho de otros compañeros que tienen el enorme talento de plasmar con lucidez en unas cuantas líneas una final histórica. El objetivo de brillantes fotógrafos captó justo el momento en el que la bola sale de la muñeca de Llull. Tensión máxima en cada hincha, en cada jugador, en cada técnico... en cada corazón. El tiempo de detiene. La gloria o el fracaso. La fiesta o el funeral. Todo eso en un segundo y medio, lo que tarda la pelota en taladrar la canasta rival. Busquen otra cosa ajena al deporte que sea capaz de condensar tantas emociones, tantos sentimientos, tantos nervios en una sola acción. BA-LON-CES-TO, sin más.

     Qué pedazo de partido, que grandioso duelo entre dos bestias. Enorme el Barcelona con superávit de orgullo y de pizarra. Quizás un simple chispazo de Navarro le hubiera válido al cuadro azulgrana para campeonar, pero las leyendas también ejecutan actuaciones deficientes. El Barça remontó lo que tenía perdido y terminó llorando a lágrima viva la cesta herreriana de Llull. Algún día, en algún partido, me salió de forma espontánea lo de "ídolo del madridismo" para definir a Llull. Para lucir la difícil etiqueta de ídolo es necesario conectar con la gente. Llull acelera, corre, salta, grita, gesticula, se sube a la mesa de anotadores, provoca ese grito desgarrado de "Llull, Llull, Llull" cada vez que clava un triple. "Ídolo del madridismo". Creo que le queda bien. Después de su canasta ganadora sobre la bocina esa denominación ha pasado a ser eterna. Su hinchada no lo olvidará jamás... como no olvidan la cesta de Herreros en Vitoria. Y como los culés guardan en el alma la de Solozábal en Pucela hace 27 años. 

 

     Me imagino a Llull esta noche, sentado en el sofá de su casa, con un cansancio infinito, con el ordenador encima, dándole al play y reviviendo la última jugada. Esa sonrisa de satisfacción, ese gusanillo en el estómago, esa vanidad privada de pensar "soy el puto amo". Esa veneración para siempre de sus aficionados. Saber que has hecho historia, que de tu muñeca salió aquel balón que reventó la gran final de la Copa del Rey en la última respiración. El culpable de los abrazos del banquillo, de la desolación rival, de los alaridos de decenas de locutores de radio, del cabreo de muchos aficionados, de la euforia de muchos otros, de la boca abierta de los que ven la final por la tele, del mosqueo de Pascual con Papanikolau, de la incontenible alegría del utillero Óscar, de los directos del gran Nacho Jouve, del recuerdo para toda la vida de un partido del que siempre presumiremos los enfermos de este maravilloso deporte. Todos hemos soñado algún día con encestar una canasta ganadora en el último segundo. Sergio Llull lo ha conseguido. "Siempre las fallaba, siempre las fallaba", gritaba a garganta viva delante de la cámara de TUBASKET un segundo después del bocinazo final. Palabra de ídolo. Del ídolo del madridismo. 
 
 

lunes, 3 de febrero de 2014

8 ACTORES VIAJAN AL SUR


     Damas y caballeros, ya está aquí la Copa del Rey, esa cita anual que agita las entrañas de los fanáticos del baloncesto. Esta vez este hermoso torneo viaja a Málaga, esa ciudad en la que nunca hace frío, en la que nunca falta pescadito y en la que pasear junto al mar limpia el espíritu y purifica el alma. 8 equipos, 8 hinchadas. 7 soberanos partidos de baloncesto. Sabéis que siempre me gusta dedicarle unas líneas a este gran evento. En este 2014 me descanto por hablar de los 8 jugadores que quieren reventar esta Copa. Vamos con los 8 actores que viajan al sur para que se hable mucho de ellos.
 

1. REAL MADRID. Sergio Llull. El ídolo del madridismo, el pulmón, el que después de cascarse dos triples consecutivos para enterrar al Maccabi grita desencajado "Esta es mi casa, esta es mi casa". El jugador que más minutos disputa por partido en este Real Madrid llega pletórico al primer título grande de la temporada. Su bache está superado. Ve el aro como un barreño de pueblo, hace de las penetraciones una labor cotidiana, defiende como un animal y contagia su raza a compañeros y aficionados. Sergio Llull, un firme aspirante al MVP.

2. VALENCIA BASKET. Romain Sato. Aquí quizás habría que elegir a Justin Doellman, o incluso al mismísimo Velimir Perasovic, el artífice de la gran campaña que está ejecutando el cuadro taronja.  Plantilla muy amplia, con roles muy definidos y con un nivel muy alto, sin duda. Pero me quedo con mi debilidad, con ese tipo que llega desde uno de los países más pobres del planeta, la República Centroafricana. Es imposible no idolatrar a este crack que esconde su dura trayectoria personal detrás de cestas, rebotes, faltas provocadas y una manera de defender escandalosa. Ojo con este bicho. Es capaz de todo.

3. BARCELONA. Kostas Papanikolau. Soy de los que piensan que el Barcelona necesita a un gran Marcelinho para aspirar a la final. Pero el griego me flipa. Clave en las dos Copas de Europa que levantó Olympiacos, este actor de apellido impronunciable está culminando su adaptación a un nuevo equipo y a un nuevo rol. Sobrado de carácter, desafía a la cesta sin miedo y enchufa de 3 cuando es necesario. En una lejana e hipotética final contra el Madrid sería pieza clave para atacar las escasas debilidades de la escuadra merengue. De Kostas mola todo, empezando por su apellido.
 
 
 
 
4. UNICAJA. Jayson Granger. Stimac y Dragic se están saliendo; Suárez, Toolson y Caner-Medley se abrazan demasiado a la irregularidad. Así que nos quedamos con Granger, que ha ido de más a menos pero tiene señalada con rotulador esta cita en el calendario. Su equipo necesita su gran defensa, sus penetraciones y sus triples imposibles para avanzar lejos en su torneo. Jay contará con el apoyo del publico que está vez sí llenará el Martín Carpena. Actor a seguir en un equipo muy coral y con pocas concesiones a las individualidades.

5. GRAN CANARIA. Ben Hansbrough. Tavares se mueve como los ángeles en las alturas, Nacho Martín es la bomba y Brad Newley ya la lió hace un año en Vitoria. Pero mi actor elegido es Ben Hansbrough. Ojito con el americano que si engancha una buena racha en el tiro puede llegar a asustar al todopoderoso y (casi) inabordable Real Madrid. Una desafortunada lesión lo frenó en el amanecer del curso, pero ya está de vuelta para jugarse siempre las bolas calientes. Señálenlo con una X bien grande, por favor.

6. CAI ZARAGOZA. Viktor Sanikidze. Poder georgiano. Shermadini y Sanikidze, tanto monta, monta tanto. Son muy diferentes, pero ambos tienen un peso brutal en la escuadra maña. Shermadini suma más en la tarjeta de estadísticas, pero me quedo con su paisano Viktor porque exhibe cualidades que van más allá de lo tangible. Solidario, buen defensor, generoso en ataque... y compañero ideal para acudir a cualquier batalla. Incluso a esta durísima que les espera contra el anfitrión de la Copa del Rey.
 
 
 
 
7. BASKONIA. Andrés Nocioni. ¡Cómo admiro a este tipo! Como siempre dice mi hermano de Radio Vitoria Rafa Muntión, el Chapu es ahora medio Baskonia. Tira del carro, tira del grupo, tira del equipo, tira de la hinchada... y también tira a canasta de fábula. Ganador de fábrica, sus extras son la gran experiencia en este tipo de campeonatos y la necesidad de gritar que su equipo necesita volver a estar entre los mejores. A Nocioni no le arruga ni  siquiera el terrorífico cuadro que le ha tocado en ¿suerte? al Laboral Kutxa. Viernes, sábado y domingo. Valencia, ¿Barcelona? y ¿Real Madrid? Jamás cometan la temeridad de dar por muerto a este extraterrestre.

8. TENERIFE. Ricardo Úriz. Claro que estaría aquí Blagota Sekulic, pero Obradovic ha lanzado la caña con muchas liras turcas como cebo, y jugador y club canario han soltado el pez gordo encantados. Baja capital para el Tenerife en la Copa, pero lo cierto es que su trofeo ya está ganado con su meritoria clasificación para la cena de gala. Ricardo Úriz o Alejandro Martínez. Un base anotador, asistente y dulce en el juego o el entrenador milagro de la isla, el coach que ha hecho realidad todos los sueños laguneros. Venga, yo elijo al que se viste de corto, que seguro que se lo pone muy complicado al Barcelona.

 

martes, 21 de enero de 2014

¿DÓNDE VAS, ESTU?


     Llevo tiempo madurando la idea de construir este artículo. Escribo y tacho desde el mes de noviembre en uno de esos bocetos que yo entiendo a pesar de que para cualquier ojo ajeno no es más que un folio guarro. Os confieso que he tenido muchas dudas a la hora de decidirme a publicar estas líneas. La razón es que este año mis obligaciones profesionales no me han permitido ver todos los partidos del equipo, y que el paso del tiempo me ha alejado del día a día del club colegial. Motivos de peso para dilatar un artículo que considero ha de estar muy bien documentado.

     Enero de 2014. No reconozco a este Estudiantes, ahora patrocinado por Tuenti Móvil. No lo reconozco desde hace mucho tiempo, ya demasiado. La inmensa mayoría de las etiquetas que han acompañado a la institución desde su nacimiento han desaparecido, o quizás sólo estén escondidas detrás de una calamitosa gestión. Estudiantes es un ejemplo del petardazo que han pegado muchos clubes deportivos después de haber vivido durante muchos años muy por encima de sus posibilidades. Es inaceptable que una entidad que ha salido de una Administración Concursal antes de ayer no esté al día de pagos con sus empleados. Es una vergüenza, una patética tara de este país en el que ocurren cosas reñidas con cualquier razonamiento lógico. En Estudiantes no pagar los sueldos se ha convertido en el pan nuestro de cada día. Otra vez varios meses sin cobrar, otra vez. Es una pena, de verdad.

     Al final lo deportivo es consecuencia de la gestión. No hace tanto tiempo, cuando Estudiantes aún se agarraba a la élite, el club firmaba contratos con los que sabía que no podría cumplir, una actuación temeraria y dañina a medio plazo. La última década ha sido ominosa. Desde 2004, año en el que el Estu estuvo a punto de ganar la Liga, el declive del equipo ha sido alarmante, descenso (en las canchas) a la LEB incluido. Rendimiento deportivo muy deficiente acompañado de una pérdida de identidad alarmante. El Estudiantes que tenemos ahora se ha convertido (los colegiales entenderán lo que digo) en un club más, en un equipo más. Y eso es inconcebible.
 
 
 
     Curso 2013/14. 3 victorias y 13 derrotas, a 2 triunfos de la salvación. Sólo un triunfo más que el Valladolid, un club que salió en ACB de milagro y que está viviendo la temporada más surrealista de su historia. De hecho, Tuenti Móvil sólo ha sido capaz de vencer en casa a los pucelanos y al Manresa (tras prórroga) y fuera al Obradoiro, quizás en la mejor función del año. Entre medias, actuaciones infames y derrotas muy severas. ¿Tiene Estudiantes una plantilla para pelear los playoff? Rotundamente no. ¿Tiene Estudiantes una plantilla para estar donde está y, sobre todo, para estar como está? Rotundamente tampoco. Y lo peor es que no es un flor de una mala racha o un mal momento puntual, sino que el jardín está ya repleto de flores podridas.
     Estudiantes ya no es un equipo de patio de colegio, o al menos no lo es en la cancha. Porque sería injusto olvidar a muchos empleados del club, ya sea dentro del cuerpo técnico, ya sea con un micro entre las manos, ya sea en aquel despacho perdido, ya sea con ideas de marketing sencillamente brillantes. Todos ellos pelean cada día por defender los valores del Estudiantes. Ellos sufren como nadie la situación del equipo, y lo que es mucho más trascendente, la situación de la entidad. Y lo hacen en medio de despidos y rebajas salariales del 20%. Porque en el Estudiantes ocurren esas cosas a pesar de que se acaba de contratar a un Director Deportivo para escarbar el mercado.
  
  

     Hace no tanto tiempo Estudiantes formaba jugadores para su primer equipo, y luego muchos de ellos dejaban dinero en el club cuando un club con más recursos llamaba a la puerta. En los últimos años se nos ha vendido un Estudiantes de canteranos, algo que es rigurosamente falso. El rol de Fran Guerra, Edgar Vicedo o Darío Brizuela es residual. Por los motivos que sean, pero es así. Sólo Jaime Fernández juega con regularidad, aunque (y esto es opinión personal) aún no ha despuntado como muchos esperábamos. Acudir a la comparación con el Joventut, un club similar en los valores, en la agitación institucional y en la trayectoria, es llevarse las manos a la cabeza. En la Penya Guillem Vives, Albert Ventura, Nacho Llovet o Alejandro Suárez (este último ahora algo menos) son pilares importantes en el proyecto verdinegro. Ahí está el Joventut peleando todavía por estar en la Copa del Rey de Málaga. En el duelo directo que colegiales y catalanes disputaron hace unas semanas en el Palacio la aportación de los canteranos fue como la noche y el día. Una comparación muy dañina para el equipo de la calle Serrano.

     Porque este es un Estudiantes de temporeros. Un Estudiantes en el que Guille Rubio y Uros Slokar llegan y en el primer partido son los que más juegan y los mejores de su equipo (¿¿??). Un Estudiantes en el que Txus Vidorreta no encuentra la tecla. Un Estudiantes en el que su hinchada no tiene ni un solo jugador con el que identificarse, lejos quedaron aquellos americanos únicos o aquellos otros actores que venían al Ramiro y ya nunca se querían ir. Un Estudiantes en el que un petardo como el asunto Nogueira termina siendo una bomba nuclear. Un Estudiantes en el que José Asensio, un tipo que ha mamado el colegio desde que era pequeño, se ha desgastado con el paso del tiempo, de los cargos y de las penurias. Un Estudiantes sin identidad, que es mucho peor que 10 descensos seguidos. Un Estudiantes con escasa crítica periodística. Un Estudiantes irreconocible. Lo he escrito muchas veces cuando he hablado del Rayo Vallecano. A veces es mejor empezar de cero que arrastrar una hemorragia que muchos sospechamos va a terminar con un daño interno irreparable.


               

miércoles, 8 de enero de 2014

LA COMPARACIÓN MÁS ATREVIDA


     No sé si este artículo que comienzo ahora será malo o regular, pero lo que es seguro es que incluso antes de nacer es una idea atrevida. Voy a comparar, así sin anestesia, el Real Madrid de Pablo Laso y el Barcelona de Pep Guardiola. Ayer le pedí a mi socio Jesús Ruiz que me echara un cable con la fotografía (yo soy un tarugo y él no) y me dijo: “Menudo kilombo vas a montar con ese artículo”. Intuyo que esta comparación no os agrada ni a merengues ni a culés, pero quizás desde un análisis frío compartáis mi certeza de que ambas escuadras se parecen. Sobre todo en lo más importante, porque más allá de los resultados, aquel Barcelona y este Real Madrid son una inyección de optimismo y diversión para el deporte.
     Pep Guardiola conquistó 14 títulos en 4 años. Desde lo más grande, 2 Copas de Europa, hasta lo más pequeño, 3 Supercopas de España. Pablo Laso cumple su tercera temporada en el Madrid, con un balance en dos años de 1 Liga, 1 Copa del Rey y 2 Supercopas. Es una tendencia más cercana de lo que parece, ya que en baloncesto los clubes no pueden aspirar a entorchados como la Supercopa de Europa o el Mundial de Clubes, ambos conquistados por Pep en su proyecto barcelonista. El curso pasado el Madrid acarició la Euroliga y esta campaña se postula como claro candidato a conquistar todos los títulos en juego. ¿Logrará el entrenador vitoriano levantar el mismo número de trofeos que Guardiola?
     Pep dirigió 246 partidos desde el banquillo azulgrana, con 178 triunfos, 47 empates y sólo 21 derrotas. Un registro bárbaro que conduce al 72% de victorias. Pablo Laso se ha sentado hasta la fecha 149 veces en el banquillo merengue, con un registro victorias-derrotas de 123-26, es decir, un 82 % de éxitos (en basket no hay empates, matiz importante). Un balance soberbio que alimenta este mismo año, en el que su equipo aún no conoce cómo sabe perder (27-0 en partidos oficiales). Sé que son deportes muy diferentes y que en baloncesto el calendario está más saturado, pero al final son dos trasatlánticos que pelean por lo mismo: ganar cada partido que jueguen. Es curiosos comprobar cómo los guarismos son bastante similares.
 
 
     Bien, llegados a este punto tiremos la calculadora a la basura (¡qué alivio!) y hablemos de sensaciones, de corazón, de sentidos, de pasión. Tanto el Barcelona de Guardiola como el Real Madrid de Pablo Laso son una oferta de ocio, más allá de los colores que defienda cada hincha. Ambos superan con creces el reto de ganar, jugar bien y bonito. De enganchar a propios y provocar la admiración y envidia (no siempre sana) de extraños. De llenar recintos deportivos propios y ajenos. De provocar líneas y líneas de páginas deportivas en los periódicos, aquí y más allá de las fronteras. De llamar la atención de todos. De congregar a una parroquia amplia delante de la televisión. De ENAMORAR, una palabra que es bestialmente hermosa cuando se asocia al deporte. Aquel irrepetible Barcelona de Guardiola es uno de los mejores equipos de la historia del fútbol. Este Real Madrid de Pablo Laso quizás sea ya el mejor en la historia del club y, títulos mediante, asaltará en breve el olimpo de escuadras inolvidables del deporte de la cesta. Insisto. Ambos proyectos guardan muchas similitudes, todas ellas buenas.
       Porque disparando la imaginación Iniesta podría Sergio Rodríguez: imaginación, talento, desparpajo, solidaridad, hacer mejores a los demás. Pedro podría ser Llull: velocidad, verticalidad, cambios de ritmo, cohetes, agitación en la tribuna. Felipe Reyes encuentra su doble en Busquets: equilibrio, colocación, defensa y ataque, brega, etiqueta eterna de siempre en mi equipo. Y quizás Rudy sea como Alves: indiscutibles, cancheros, dolor de cabeza para el rival, ofensivos... y hasta con ese puntito de teatro que desespera al rival. Darden podría ser Mascherano: hacer de todo y hacerlo bien. Y seguramente Mirotic sea como Messi: los fuoriclasse, los mejores, los desequilibrantes, los ambiciosos sin límites, los de mirada asesina, los números 1.
     El deporte es lo mejor del mundo porque permite cosas como esta, que un pirao como yo con un café delante se permita el lujo de comparar dos secciones tan diferentes de los rivales más encarnizados del mundo… y en dos épocas distintas. ¿Un sacrilegio? Si es así, házmelo saber, por favor.


sábado, 28 de diciembre de 2013

BASKET DEL BUENO POR NAVIDAD


     Se viene (cómo me gusta este latiguillo argentino) uno de los grandes acontecimientos deportivos de la Navidad. Ese Barça - Madrid o esta vez ese Madrid-Barça de baloncesto que focalizará toda nuestra atención mañana. Por primera vez en muchos (muchísimos) años no podré hacerlo por la radio, lo que sin duda echaré de menos, pero estaré pegado a la televisión para disfrutar de 40 minutos imprescindibles para los amantes del basket.

     Esta vez el Real Madrid comparece con un "ultra" favoritismo inédito en los últimos tiempos y el Barcelona con piel de cordero, pero real, no de esas que a veces los equipos se ponen para despistar al contrario. Los merengues acuden con la tarjeta de derrotas completamente inmaculada. Suman 12 de 12 en la Liga y 24 de 24 en todos los partidos oficiales del curso, récord histórico de la sección, un guarismo casi milagroso para estas alturas del curso. Los de Xavi Pascual se han dejado ya unos cuantos partidos por el camino (3 en ACB, 3 en Euroliga más la final de la Supercopa precisamente contra el Madrid), pero más allá de las derrotas los culés se encuentran sumidos en un mar de dudas. Juegan muy poco bonito, aún no han organizado los roles y otra vez la gran mochila ocupa la cada vez más castigada espalda de Juan Carlos Navarro. Con estos antecedentes y con un Palacio a reventar entregado a la filosofía Laso, parece difícil apostar unos cuantos billetes a la causa visitante.

     Pero el Barça es el Barça. Y los aficionados al baloncesto saben que no es una frase hecha, sino un termómetro que casi siempre dispara el mercurio cuando aparece en escena un derbi. Así fue sin ir más lejos en la pasada final doméstica, en la que un Barcelona bastante inferior se agarró con uñas, dedos, muñecas, brazos y corazón (mucho corazón) a una serie que al final el Madrid líquidó en el quinto partido. Para poder competir los azulgranas necesitan a un Navarro en versión machaco a los de blanco, a un Huertas activo (llega en en ese tramo de la temporada en el que parece un jugador menor), a un Papanikolau con raza y puntos, a un Oleson enchufado, a un Lorbek notable y a otro de los de dentro (¿Lampe motivado?) sumando en su tarjeta para aguantar el ritmo endiablado de los madridistas. Con estos ingredientes creo que el Barcelona estaría en el partido, aunque es casi quimérico pensar que el Madrid no cogerá un par de rachas en algunos momentos del duelo.
 
    
     Porque este Real Madrid tiene mucho. Muchísimo. Demasiados actores en el teatro para poder engañar o detener a todos. Sergio Rodríguez comparece en un momento sublime que le ha encumbrado al cajón de mejor base de Europa. Rudy anota, rebotea, roba, asiste, defiende... y hasta le da tiempo a desquiciar al rival. Llull es un compendio de vitaminas en los derbis. Carroll agarra la racha en el 6.75 y hace del "boom, boom" una religión. Mirotic sabe que este tipo de partidos alimentan su candidatura a ser el número 1. Y luego está Felipe, imperial en las últimas citas. Y la mala leche de Bourousis, que ya ha escrito varios tomos de ese libro llamado Saber Competir. Si a esta macedonia de virtudes y talento le unimos la actividad defensiva de tipos como Slaughter y Darden, repito que se antoja muy complicado pensar en un triunfo forastero.

     El Madrid huele su oportunidad de hacer sangre. El Barça sabe que este es el duelo que puede cambiar la tendencia, o al menos apretar esa tecla de la fe que hasta hora su teclado tiene escondida. Los hinchas merengues verán el partido relamiéndose por la posible bacanal de puntos y juego. Los aficionados culés pondrán la tele bajita con el miedo de una severa derrota. Laso buscará velocidad, defensa brutal y correr mucho. Pascual anhela una colección de telas de araña para enmarañar al talentoso contendiente. Pero todo esto que yo he escrito quizás no valga para nada cuando el balón toque el cielo del Palacio en la primera acción. Porque esto es un Madrid - Barça, ese choque en el que tantas y tantas veces no gana el que está mejor. Disfrutadlo. Y qué haya muchos más. Soy de los que piensan que esta rivalidad es un tesoro para el baloncesto.