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jueves, 27 de agosto de 2015

UN SORTEO DE CHAMPIONS


   Un sorteo de Champions da para mucho. Es como un gran partido, un acontecimiento indispensable que alimenta las emociones y los sueños de los hinchas. Los que están siempre en los bombos evitan que la costumbre les haga tomárselo como algo rutinario. Los que aparecen de vez en cuando renuevan su ilusión cada vez que la bola de su equipo ocupa el deseado espacio dentro del cristal. Y los que nunca están flipan, disfrutan, exprimen cada minuto del sorteo con la certeza de que es la primera vez... y la convicción de que puede ser la última.

   Piensa en tu equipo, si es que ha estado en el sorteo de la Liga de Campeones. Tu equipo, ese solo, como cualquiera de los otros, arrastra muchos y diferentes deseos ante la incertidumbre de un sorteo. Los jugadores, técnicos, dirigentes y empleados anhelan, ante todo, que el grupo no sea muy complicado, los rivales cuanto más asequibles, mejor y los viajes, si puede ser, cómodos y rápidos. Por su parte, los hinchas quedan encuadrados en deseos muy heterogéneos. Los que no suelen viajar prefieren seguramente lo mismo que el grupo anterior, pero los que gustan de desplazarse con su equipo dejan espacio para la mística, para ese estadio que no conozco y estoy loco por ver. Y también que el viaje sea lo más barato posible, para meterme en Ryanair en cuanto Infantino me dé permiso. Y tambien que sea una ciudad con buena conexión de vuelos, porque si no en mi curro me van a poner mil trabas.




   ¿Y los periodistas? Los periodistas que tienen la inmensa fortuna de seguir por el Viejo Continente a un equipo de fútbol “bancarán” por que salga un rival enmarcado en una ciudad y un estadio que aún no conozca. Y los más veteranos y/o perezosos pedirán que esté cerca y, sobre todo, que no toque el Astana ese, que está donde Cristo perdió la zapatilla, y además en noviembre hace un frío del demonio. Y luego están los rivales encarnizados, que estén o no presentes en el sorteo desean con todas sus fuerzas que a su eterno enemigo le caiga el grupo más complicado de la historia de los sorteos. Se llama rivalidad. En España, en Italia, en Inglaterra, en Alemania y hasta en ese lugar en el que Cristo perdió la citada zapatilla. Y mola, claro que sí. ¡Ah! Y no me olvido de los aficionados imparciales, que lo que quieren es ver buenos partidos, si puede ser un Real Madrid – PSG, un Barcelona – Roma, un Juventus – Manchester City o un Bayern – Arsenal, pues mejor.


   Así ha transcurrido un nuevo sorteo de la Champions. Así esperamos ya al siguiente, que será el de octavos de final.  En este al Atlético de Madrid y al Valencia les sonrió la suerte, al Madrid y al Barça les salieron grupos complicados y al Sevilla le esperan los guerreros más salvajes de la vieja Europa. El fútbol es grandioso, tanto que es capaz de convertir unos bombos y unas bolitas en un gran acontecimiento. La suerte está echada. Y esta vez buscarán la famosa zapatilla los enviados especiales que cubren al Atlético de Madrid.


jueves, 9 de abril de 2015

TWITTER: ENTRE LA BILIS Y LO MUCHO BUENO


     Hoy es uno de esos días en los que mi cerebro ha sido invadido por un revoltijo de ideas y pensamientos que son de difícil orden para plasmarlos en un post lógico y sensato. Pero necesito escribir, me apetece compartirlos con vosotros, así que me lanzo a este folio sin guión y con tobogán. De arriba a abajo sin pensar en qué me espera cuando me tope con la dura tierra. Vamos allá.

     Soy un firme defensor del Twitter y, en general, de las redes sociales. No me convence mucho Instagram, pero más que nada porque me parecería tremendamente injusto para el receptor enseñar una y otra vez mi rostro. O mis pies. O mis manos. O mi espalda. O mi peinado. O mi desayuno. O mi cena. O las 2 mandarinas que me como en la merienda. O mi foto en la playa con el primo segundo de la amiga del vecino que vive en el 3ªA. Pero Twitter me gusta. Es más, os confieso que entre enero de 2013 y marzo de 2015 me he sentido mucho más periodista en la red social que en la radio para la que trabajaba. Durante ese tiempo el pajarito me inyectó gasolina gracias a las opiniones, los debates, las noticias o los contenidos que yo pude difundir, y también, por supuesto, a los temas interesantes que encontré gracias a otros compañeros o tuiteros. No os imagináis la frustración que provoca conseguir una noticia y no tener espacio para darla en tu emisora porque allí está toda la programación grabada. Frustrante.

       Lo dicho, Twitter tiene muchísimas cosas buenas porque al final es un medio de comunicación más (y de información). Como todo lo que manejan los humanos, esa especie que a veces roza lo inefable, es una herramienta que también alimenta vanidades (autocrítico con mi profesión), anonimatos con bilis, obsesiones, frustraciones e incluso odio. Sí, hay gente que se abraza a Twitter para odiar, para seguir odiando, para comenzar a odiar. Es asombroso comprobar como algunos perfiles sólo son engordados a base de insultos y ofensas. A todas horas, todos los días. Qué pena de vida, ¿no os parece?




     He defendido muchas veces que no entiendo la prensa como un ser único, como una especie de bestia en la que estamos todos metidos. No, lo siento, eso es rotundamente falso porque quizás sea el sector más heterodoxo de la historia de las profesiones. No es igual un humilde locutor de una emisora local de Murcia que un cronista de tenis de El País. No es lo mismo un presentador de un informativo televisivo que un inalámbrico de la Cultural y Deportiva Leonesa (¡qué envidia!). No, no es lo mismo. Me siento muy poco corporativista, yo soy más de personas que de gremios, pero aún menos legitimado para dar lecciones sobre qué es el buen o mal periodismo. Sí puedo elegir entre lo que a mí me parece bueno y menos bueno (un gusto), pero no deja de ser un sentimiento como actor muy secundario de la obra de teatro, o simplemente como receptor de programas y contenidos, algo que llevo haciendo desde que tengo uso de razón.

     En Twitter se junta definitivamente la boca de la pescadilla con la cola. Es la hoguera de los extremismos, el nido de pensamientos únicos más acogedor del planeta. En lo personal, no me reconforta tener más o menos seguidores, sino disfrutar y aprender con ellos. Si para tener 600.000 followers hay que llamar "idiota" a un árbitro por no ver un penalti o recibir miles de insultos personales, no cuenten conmigo. Si para participar en la primera fila de esa gigantesca obra de teatro que es Twitter, hay que delirar hasta conseguir el disfraz adecuado para tu personaje, no cuenten conmigo. Si para tener 1000 retuits hay que usar las palabras robo, atraco, persecución, confabulación o campaña, me conformaré con 3 o 4 favoritos y tan pancho. Lo único que me da rabia de cómo está montada esta sociedad es que gente con mucho talento no consigue mostrarse ni transmitir sus genialidades. Yo las veo, yo las leo, yo las disfruto, pero no es fácil llevarlas a la orilla en medio de esta marejada continua e interminable.

      Jamás he bloqueado a nadie en Twitter. En el fondo me parece un fracaso, no sé muy bien cómo explicarlo. En cualquier caso, jamás puede ser una razón para presumir. Quizás esté equivocado, pero tengo la firme convicción de que todos merecemos varias oportunidades. Para mí Twitter no tiene ningún sentido sin ese ida y vuelta. Pero a veces es imposible. Imposible. Muros, paredes con el 70% de pendiente en medio de una ventisca que te hace llorar. Hablas de Neuer y te reprochan que no digas que Casillas es un topo, alabas a James y eres un vikingo, criticas algo puntual del Madrid y eres antimadridista, dices que el Barça juega mal y vuelves a ser merengue, hablas de una bota de vino y te recuerdan que no censuras que Arda le tiro una de fútbol al linier, haces la información de baloncesto del Madrid y eres anti no sé qué, compartes una buena racha de Simeone y ahora eres del Atleti, encumbras a Messi y eres un culé recalcitrante. Y así todo, blancos o negros que entierran la que para mí es la única verdad. YO SOY PERIODISTA. Por delante y por detrás de todo. Un periodista que piensa, como sé que muchos otros compañeros lo hacen, que no es noticia ni es importante en absoluto cuáles sean sus colores. ¿Qué más dará?




     Voy a la radio. En la radio el narrador transmite pasiones, sus gritos han de colarse en el corazón del receptor, te toque hacer un partido del Madrid, del Atleti, del Barcelona, del Valencia, del Estudiantes, del Baloncesto León, del Conquense, del Obradoiro, del Cádiz, del Atlético Barceloneta, del Inter Movistar, del Balonmano Aragón o del equipo de los 1000 demonios. Tú te debes a tú público, coño, que el periodista no es tan importante. No es lo mismo trabajar en Catalunya Radio, que en Radio Marca, que en Onda Madrid, que en Gestiona Radio Valencia. Esa es la obligación del narrador de partidos, conectar con los sentimientos del receptor, sean los que sean. Es un desafío precioso. El inalámbrico tiene otras funciones y otros retos. Y el presentador. Y el animador. Y el productor. Todos. sin olvidar jamás que la radio es una cadena que conduce directamente al alma del oyente. Él es el importante, el imprescindible. Lo demás, milongas. Recibo con asombro que haya mucha gente que siga pensando que para hacer la información de un equipo concreto hay que ser hincha de ese equipo. Desde el respeto, me parece una solemne tontería.

      En Twitter es lo mismo. Como receptor de información admiro a los periodistas que no sé qué van a decir en una tertulia o en su análisis tuitero después de un partido importante. Joder, es que es de cajón, ¿no? Quizás no, puede que esté errado en este planteamiento. Lo dicho, me da pena que Twitter alimente vanidades, bilis, odios, ojos inyectados en sangre, obsesiones. Es sospechoso el que no se posiciona en un bando extremo. Es un perro verde el que trata de ofrecerle el brazo a la mesura. O quizás todo esto no sea más que un ruido ensordecedor en medio de la normalidad, ya que en Twitter se encuentran muchas personas que debaten con respeto y que te enseñan un montón de cosas. El otro día pensaba que al menos me sentía orgulloso de haber vivido aquel lejano reporterismo en el que el trabajo dependía de ti. Podías irte feliz a casa por el trabajo hecho o marcharte con un cabreo de tres pares de narices por la convicción de no haberlo realizado bien. En 2015 eso es casi imposible puesto que las entidades eligen su menú del día... eso el día que toca comer. Los grandes, los medianos y los pequeños. Hay zonas mixtas en las que Groucho Marx sería capaz de rodar varias películas a la vez. Se impone el periodismo de cebos, grandes caracteres, rotondas o cámara en la puerta del garito. Vamos, lo que veo junto a mi madre a las 14.30 cada vez que voy a comer a su casa... pero bajo la etiqueta de "Deportes". Todos tendremos algo que ver en que hayamos llegado a un punto en el que estrellas mundiales marquen 5, o 4, o 3 goles y no hagan declaraciones públicas. No soy de los que dicen que a mí me da igual porque me gusta hacer mi curro lo mejor posible. Pero defiendo con vehemencia que el periodista no tiene tanta importancia. Sí hay mucha gente detrás. Personas a lo largo y ancho de todo el mundo que cada día hacen más grandes a estas referencias del fútbol. Sería bueno que alguien les invitara a salir de sus urnas.

      Twitter: entre la bilis y lo mucho bueno. Cambia Twitter por periodismo. O por aficionados. O por personas, que al final es la madre del cordero. Menudo cajón desastre que he creado en forma de artículo. Si has llegado hasta el final, quiero que sepas que eres mi héroe.
                                  

miércoles, 2 de abril de 2014

UNA COMPARACIÓN CON TRAMPA


     El origen de este artículo de opinión es mi socio Alfonso Bernardo, compañero de batallas radiofónicas imborrables. 10 minutos después del Barcelona – Atlético de Madrid de Champions, Bernardo publicó en una red social su enfado por el dobleraserismo de la crítica a la hora de juzgar el estilo de este Atleti y de aquel Madrid. Él considera que la propuesta de Simeone (que a Bernardo le gusta) es ensalzada mientras que la de Mourinho era sistemáticamente censurada. Me parece que esta opinión, secundada por muchos, abre un debate fascinante.

     Parto de la convicción de que en el fútbol no hay verdades absolutas, pensamiento que choca frontalmente con el nuevo y apasionante periodismo deportivo, en el que el gris es un malhechor, un okupa  que ensucia una obra de teatro con personajes muy definidos. Partiendo de esa premisa, insisto, voy a ofrecer mis argumentos de por qué considero que esa comparación tiene trampa. Y eso que siempre he defendido que Mourinho y Simeone, en su forma de ser y en su manera de entender su profesión y el fútbol, son muy parecidos.

     No soy un enamorado de la propuesta futbolística del Cholo. No me agrada que siempre se tape los pies antes que la cabeza, que sus equipos den un paso atrás cuando el marcador le sonríe, que incluso contra escuadras mucho más débiles y con menos recursos, no varíe demasiado su pizarra mental. Esto que escribo no es incompatible con gritar hasta quedarme afónico que lo que está haciendo el argentino con este Atlético de Madrid es una hazaña, una gesta que si este curso rubrica con uno (o dos) títulos entraría directamente en las páginas de oro del balompié europeo. Simeone ha mejorado a todos los jugadores que él recibió cuando sustituyó a Gregorio Manzano. A todos. Incluso a aquellos que parecían perdidos para la causa, como Godín, Mario Suárez, o Filipe Luis. Me quito el sombrero (de copa) con un entrenador que ha conseguido el compromiso de un vestuario que ahora se cree capaz de todo, que irían con su jefe hasta el infinito y más allá. Con un tipo que ha logrado que después de muchos años el Atlético de Madrid se abrace a la palabra competir. Tiene carisma. Tiene eso que no se compra en el mercado. O se tiene o no se tiene. Y al Cholo le sobra.
 
 

     Es una comparación tramposa, en el sentido menos dañino de la palabra. Porque la génesis de esta historia es que Mourinho y Simeone no contaban con los mismos recursos. No es lo mismo que salga yo a ligar a que lo haga Mario Casas. Y si Mario Casas acaba recurriendo a mis tácticas guerreras en una batalla nocturna importante, seguramente triunfará (qué coño seguramente, 100% seguro), pero es censurable que utilice mi plan. No es lo mismo hacer un cocido maragato con materia prima de León que con alimentos de nivel B. Y no es lo mismo comparecer en un Gran Premio de Fórmula 1 con un Red Bull (ahora mejor con un Mercedes) que con un Force India. El Atlético de Madrid es un equipo con muchos recursos, pero a una distancia sideral del plantillón de aquel (y también este) Real Madrid. No parten desde la misma calle, no poseen el mismo calzado, no están igualados en el talento, en el veneno, que al final es la madre del cordero para ganar decenas de partidos al año.

     Más matices. Simeone, en su etapa en el Atlético de Madrid, jamás ha reventado su pizarra en un partido importante. No ha puesto un Pepe en mediocampo, para que nos entendamos. Ha mantenido su filosofía, pelín reservona e inundada de una intensidad bestial. Además el Cholo, por lo que yo percibo, no es censurado por un sector de la hinchada colchonera, como pasaba en la etapa anterior del conjunto merengue. Y aquello era porque muchos aficionados del Madrid consideraban que su equipo tenía armas suficientes para competir contra el Barcelona sin que 11 jugadores se atrincheraran en su campo. Algo que, por cierto, se demostró al final.

     Como bien escribía anoche mi amigo Alfonso Bernardo, cualquier estilo es válido en este maravilloso juego llamado fútbol. Todos tenemos parte de razón, más allá de debates que besan apasionadamente (incluso con lengua) el extremismo. Yo pienso que esta comparación tiene trampa. Tú quizás creas lo contrario. Házmelo saber, me encanta intercambiar opiniones. Gracias por la lectura. Y gracias a ti también por la idea, socio. No me sobran.

               

jueves, 20 de marzo de 2014

BOMBOS CON MORBO

     No sé si he atinado con el titular de este post. Lo leo y me suena al título de una de esas películas picantonas con poco argumento y mucho sollozo. No, no van por ahí los tiros. El asunto central de este artículo es el sorteo de los cuartos de final de la Copa de Europa de fútbol. Aparecen en escena los bombos con más morbo de los últimos años, quizás incluso de la historia de esta competición. El sorteo será puro, sin patochadas, sin pamplinas, sin criterios que eviten de antemano grandes enfrentamientos. Porque un sorteo dirigido ni es sorteo ni ná. Se vienen unos bombos puros, se viene un sorteo de verdad.


    

     El cartel es prácticamente inmejorable. Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Bayern Munich, Borussia Dortmund, Chelsea, Manchester United y Paris Saint Germain. Casi nada al aparato. Los mejores. Quizás sólo falte la Juventus para completar un panel inigualable. Muchos títulos, mucha historia, mucho nivel, mucha tradición. Y mucho, muchísimo, toneladas de morbo para estos bombos que lucen la hermosa estrella de la Liga de Campeones. Casi cualquier posibilidad cruza a dos equipos, o dos entrenadores que nos aderezan la ensalada de condimento. Veamos.
  
   Real Madrid - Barcelona. La releche. Máxima rivalidad. Una bomba. 4 Clásicos en tres semanas, todos finales a cara de perro en tres competiciones diferentes. Se para el mundo. Los mejores actores del planeta. La mayor expectación del universo balompié.
  Real Madrid - Atlético de Madrid. El gran derbi. Eliminatoria de tú a tú. Serie inédita en Europa. La capital de España en ebullición. 11 sobre 10 en la escala del morbo. Bestial.
   Atlético de Madrid - Barcelona. Una maravilla. Cuarto envite de la temporada, los tres anteriores finalizaron en tablas. Dos estilos contrapuestos. Clasicazo.
  Bayern - Barcelona. Pep en el banquillo visitante del Camp Nou. El baño bávaro del pasado curso en la retina de los culés. Beckenbauer echando fuego por la boca a colación de la posesión. Messi, Ribery, Robben, Iniesta. Thiago Alcántara tocándola en su ex-estadio. Madre mía, qué duelo.
  Borussia Dortmund - Bayern. La gran rivalidad teutona. La reedición de la última final. Los amarillos se llevaron la Supercopa en verano, los de Guardiola se han paseado en la Bundesliga. 2 de las mejores hinchadas del planeta. La barba descuidada de Kloop contra la personalidad arrebatadora de Pep. El no va más.
   Chelsea - Real Madrid. Vosotros mismos. Mourinho en el Bernabéu. Y Torres. Y Eto'o. Y Casillas en el arco. La eliminatoria con más ruido de la década. Ancelotti contra su ex-equipo. 1000 ingredientes, paladas y paladas de morbo. Sería una eliminatoria tremebunda.
  PSG - Real Madrid. Carleto cara a cara con sus ex. Ibrahimovic en el Bernabéu. Duelo espectacular entre el sueco y Cristiano por el pichichi de la Champions. Pues eso.
   Borussia Dortmund -  Real Madrid. El recuerdo de las semis del curso pasado, con la (casi) remontada merengue en apenas 10 minutos. Lástima que Levandowski se perdería la ida por sanción, lo cual minimizaría el espectáculo. El inigualable muro del estadio amarillo, el insaciable apetito de la escuadra blanca. Copa de Europa en estado puro.
     Barcelona - Chelsea. Mou en el Camp Nou. Teatro, traducción, previa inigualable, árbitros en el punto de mira, sed de venganza de afrentas pasadas. El balón contra el vértigo, duelo de pizarras en medio del escenario más morboso de la historia. Los mouriñistas con los ojos inyectados en sangre. Bestial, ¿no?
     Atlético de Madrid - Borussia Dortmund. El recuerdo de aquellos dos partidos a mediados de los 90. Dos entrenadores de moda. Dos tapados. Dos hinchadas antológicas. Una serie como la copa de un pino.
     Manchester United - Chelsea. Mourinho contra el equipo que siempre deseó dirigir. Juan Mata mordiéndose las uñas en la grada porque ya disputó la Copa de Europa con el rival. Duelo con mucha solera en Inglaterra. Torres intentado batir a su colega De Gea. Una maravilla de serie.
    

     

   
    Y así podríamos seguir un buen rato buscando emparejamientos salpicados de morbo, como los que tú tienes ahora mismo en tu cabeza y que yo no he puesto aquí para no convertir este post en algo (más) infumable. Se presenta un sorteo apasionante, llegan los bombos más morbosos de la historia. Todo puede pasar, incluso la combinación más picantona. Estas sí que serán 8 bolas calientes. Queman. Echan humo. Cómo nos vamos a divertir.


lunes, 16 de septiembre de 2013

BENDITA COPA DE EUROPA


     Han pasado ya más de 100 días desde aquella gran final de Champions entre el Bayern Múnich y el Borussia Dortmund. Fue mágico comprobar cómo la mítica catedral de Wembley acogió a dos de las hinchadas más maravillosas del mundo. Un gran partido en el césped con una atmósfera inefable en las gradas de uno de los templos mundiales. Una final de la Liga de Campeones es como un bocata de jamón ibérico en Monesterio (Extremadura). Una delicia. Pura Copa de Europa, puro fútbol, pura pasión.

     Casi  4 meses después ya está aquí la mejor competición de clubes del mundo. No te das cuenta de lo que la extrañas hasta que los martes y los miércoles están huérfanos de balompié continental. Sobran alicientes futbolísticos, pero la Champions es mucho más que un balón y 22 tipos pisando la hierba. Es un himno capaz de ponerte la piel de gallina, de elevar tus mecanismos emocionales hasta niveles extremos. Son estadios legendarios... y también el encanto de aquellos estadios que a duras penas cumplen con los requisitos básicos. Es el gusanillo de los aficionados que reservan sus vuelos 5 minutos después de conocer el desenlace del sorteo. Si eres hincha de la Real o del Atleti experimentarás la enorme ilusión del que se estrena... y del que vuelve. La Champions es la música atronadora que suena en el estadio justo antes de la salida de los equipos. Es un espectáculo sin parangón, una religión para los que estamos rematadamente locos... por el fútbol.
 
 
 
     Los trasatlánticos europeos están listos para pelear sin descanso durante los próximos 8 meses. Bayern, Barcelona, United, Real Madrid, Chelsea, Dortmund, Nápoles, Arsenal, Juventus, Atlético de Madrid, City, PSG, Oporto o Milan. Y los astros ya están listos para volver a erigirse en actores principales de un espectáculo maravilloso. Messi, Cristiano, Arda, Higuaín, Robben, Lewandowski, Neymar, Bale, Ibrahimovic, Villa, Vidal, Cavani, Iniesta, Ramos, Carlos Vela, Ribery, Mkhitaryan, Ozil, Valdés, Neuer,  Hazard, Van Persie, Kevin Prince Boateng, Jackson Martínez... y muchos más. Y asistiremos a la actuación estelar de algún tapado que nos sorprenderá a todos. Y a la presentación en la sociedad más elitista del fútbol de un ramillete de futbolistas hasta ahora más desconocidos. La Champions da para eso y para mucho más.

     Os voy a confesar un secreto. Después de estas parrafadas que os he soltado, para mí sólo hay dos cosas imprescindibles para seguir disfrutando de este gran show llamado Champions. 1) Que el Celtic de Glasgow se haya clasificado, así puedo seguir idolatrando ese templo llamado Celtic Park y admirando a la mejor hinchada del Viejo Continente. 2) Que el dios del futbol me deje llamarle a esta competición Copa de Europa. Como toda la vida. Bendita Copa de Europa. Qué gane el mejor. 

 

jueves, 22 de agosto de 2013

ACERTAR CON EL ESTILO

    Agradezco a mi socio Iñako Díaz Guerra (Diario AS y degustador de gintonics) el hecho de haberme servido de inspiración para este artículo. Le he leído a la hora de comer enzarzado con decenas de "twitteros" a cuenta del Atleti, el Barcelona, de refilón el Madrid, los estilos, Simeone y las quejas de los equipos grandes. Y nada, aquí estoy listo para escribir unas líneas sobre el asunto y compartir reflexiones con vosotros.

    Cualquier estilo de juego, cualquier planteamiento es válido en el fútbol. Igual de válido que el derecho del hincha y/o periodista a alabarlo o criticarlo. Así de fácil, así de complicado. El fútbol es tan hermoso que Mourinho optó en su día por encerrarse delante del Barça en el Bernabéu con una plantilla descomunal y Pepe como "stopper" en la mitad de la cancha. El fútbol es tan hermoso que el "suicida" Paco Jémez no permite dar un pelotazo con el menor presupuesto de la Liga y Gálvez sacando el cuero desde atrás. El fútbol es tan sumamente hermoso que si ahora mismo hago una encuesta con mis "compañeros" de barra en el "Museo del Jamón" en el que me estoy tomando una caña mientras escribo esto, seguro que encontraría afines y hostiles a Mou y Paco. Conste en acta que he elegido dos ejemplos al azar, ¡eh! Porque realmente el origen de este post está en el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone.


    No soy un enamorado (escrito está) de la propuesta futbolística del "Cholo". Algo que no es incompatible con piropear el impecable trabajo defensivo que realizó el Atleti en la final de la Supercopa. Incluso elogiar la habilidad (lícita) de dejar seca la hierba. Este Atleti de Simeone es el mejor representante de la cultura del esfuerzo, una cultura olvidada y enterrada por demasiada gente en este país. El entrenador colchonero ha logrado algo que muchas veces es una quimera para el jefe de un equipo de élite: que los futbolistas crean en él. Desde esa convicción aparece el sacrificio, el compromiso, la solidaridad, la entrega, el trabajo colectivo por encima de todo. Es admirable asistir a la pelea constante de Diego Costa con el mundo o a las ayudas defensivas de Arda, quizás el jugador más talentoso del plantel. Durante 65 minutos el Atlético de Madrid consiguió que el Barcelona no le creara ni una sola ocasión de peligro en el área de Courtois. El "Cholo" es un obseso de la pizarra, por eso puede ganar a cualquiera en una final a un partido. Asumo que entro en ese peligroso terreno del fútbol ficción, pero posiblemente a 90 minutos, con Busquets expulsado y 1-0 en el luminoso el Atleti hubiera salido campeón.


    Insisto. No soy un enamorado de ese fútbol. Pero lo que no se puede hacer es situar un estilo en el bien y otro en el mal sin analizar con qué mimbres cuenta el comandante para elegir uno u otro. ¿Alguien entendería que una España con Ramos, Alba, Xabi Alonso, Iniesta o Xavi jugará a la contra? ¿Es plausible que un equipo con Marcelo, Xabi Alonso, Ozil, Cristiano o Benzemá se encierre en su campo agarrándose a contragolpes aislados? ¿Quién puede censurar que cualquier equipo de la Liga Española no se repliegue contra el Barça o el Madrid? ¿Jugaría Simeone igual si fuera técnico del Bayern de Munich? Al final el fútbol es cuestión de gustos, aunque existe demasiada gente para la que sólo son colores, lo que provoca que en ocasiones vean a Michelle Jenner fea porque es el equipo rival o a Quique San Francisco guapo porque es tu propio equipo. Mi gusto personal (e intransferible) es la valentía de Pepe Mel o Paco Jémez, porque creo que es una cualidad que a la larga siempre triunfa. Pero soy incapaz de esconder mi sombrero delante del espectacular planteamiento táctico de Simeone ante un Barcelona con superávit de talento. ¿Qué es acertar con el estilo? ¿Ganar? Mi incomprensible romanticismo me impide agarrarme a los asideros de un simple resultado.