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miércoles, 8 de mayo de 2019

ROCK'N ROLL


Siempre que veo a Jurgen Klopp pienso lo mismo: que es un tío con el que me gustaría irme de cañas. Los que lo conocen insisten en que en su vida privada es tal y como se muestra en su puesta en escena pública. De él me gusta todo: que vista en chandal y con el chubasquero del equipo. Que luzca una barba descuidada. Cómo exhibe el puño cuando celebra un gol. Esa sonrisa burlona cuando está en desacuerdo con una decisión arbitral. Y ese abrazo efusivo con sus soldados tras una gran función.


El carisma no se alquila ni se adquiere por Amazon. Se tiene o no se tiene. Y este entrenador alemán derrocha carisma por arrobas. Conecta tan bien con el público que podría vender desde un crecepelo hasta una colonia pasando por un seguro de vida o un viaje en globo. Le basta una sonrisa para camelarse al receptor más congelado del planeta. Como decíamos cuando éramos muchachos (supongo que ahora sonará a prehistoria) Jurgen mola mazo.

Bien, todo esto esta muy bien. De cine. Pero lo más importante es que Klopp es un pedazo de entrenador como la copa de un pino. Nacido en Stuttgart, desarrolló su carrera como futbolista en el Mainz (nuestro Maguncia). Manager de proyectos largos, estuvo ocho temporadas allí como entrenador, luego viajó a Dortmund para recorrer de amarillo otros ocho kilómetros y ahora contagia pasión red desde el año 2015. Su palmarés exhibe dos Bundesligas, una Copa alemana y dos Supercopas germanas. Algunos lo tildan de perdedor, algo que resulta hilarante. ¿Perdedor? Jajaja.


El jefazo teutón acaba de meter a su equipo en la tercera final de Champions. Súmenle otra de Europa League. Aún no ha ganado ninguna. ¿Y? Siempre ha mejorado a sus equipos, siempre ha dejado en la cuneta a enemigos mejores. Y lo más importante: siempre ha impregnado a sus escuadras de un estilo propio. Estilo que se podría desarrollar en varios artículos, pero que a mi juicio se resume en una palabra que en la vida siempre suma. Valentía. Ir, ir e ir. Y volver a ir. E ir otra vez. Y otra. Y otra más. Siempre. "Klopo" es una bendición para el fútbol.

Circula por Internet un vídeo en el que Jurgen entra en un pub y, pinta de cerveza en mano, termina cantando canciones del Liverpool junto a los hinchas reds. Transmite una naturalidad poco habitual en el fútbol profesional. Puro rock’n roll. Agitar la guitarra eléctrica mientras el flequillo enloquece. Aporrear la batería mientras tu gente corea con emoción el estribillo más hermoso del mundo. Interiorizar y exteriorizar la pasión de un hincha. Vivir como un scouser más. Comprometerse. En el fútbol, en la política y en la vida. Klopp es un crack. Me da igual que pierda la Premier por un soplido, con una sola derrota y sumando 97 puntos. Le espera el Metropolitano. Y si no levanta la copa, irá a por la siguiente. Siempre abrazado al rock’n roll.

jueves, 27 de agosto de 2015

UN SORTEO DE CHAMPIONS


   Un sorteo de Champions da para mucho. Es como un gran partido, un acontecimiento indispensable que alimenta las emociones y los sueños de los hinchas. Los que están siempre en los bombos evitan que la costumbre les haga tomárselo como algo rutinario. Los que aparecen de vez en cuando renuevan su ilusión cada vez que la bola de su equipo ocupa el deseado espacio dentro del cristal. Y los que nunca están flipan, disfrutan, exprimen cada minuto del sorteo con la certeza de que es la primera vez... y la convicción de que puede ser la última.

   Piensa en tu equipo, si es que ha estado en el sorteo de la Liga de Campeones. Tu equipo, ese solo, como cualquiera de los otros, arrastra muchos y diferentes deseos ante la incertidumbre de un sorteo. Los jugadores, técnicos, dirigentes y empleados anhelan, ante todo, que el grupo no sea muy complicado, los rivales cuanto más asequibles, mejor y los viajes, si puede ser, cómodos y rápidos. Por su parte, los hinchas quedan encuadrados en deseos muy heterogéneos. Los que no suelen viajar prefieren seguramente lo mismo que el grupo anterior, pero los que gustan de desplazarse con su equipo dejan espacio para la mística, para ese estadio que no conozco y estoy loco por ver. Y también que el viaje sea lo más barato posible, para meterme en Ryanair en cuanto Infantino me dé permiso. Y tambien que sea una ciudad con buena conexión de vuelos, porque si no en mi curro me van a poner mil trabas.




   ¿Y los periodistas? Los periodistas que tienen la inmensa fortuna de seguir por el Viejo Continente a un equipo de fútbol “bancarán” por que salga un rival enmarcado en una ciudad y un estadio que aún no conozca. Y los más veteranos y/o perezosos pedirán que esté cerca y, sobre todo, que no toque el Astana ese, que está donde Cristo perdió la zapatilla, y además en noviembre hace un frío del demonio. Y luego están los rivales encarnizados, que estén o no presentes en el sorteo desean con todas sus fuerzas que a su eterno enemigo le caiga el grupo más complicado de la historia de los sorteos. Se llama rivalidad. En España, en Italia, en Inglaterra, en Alemania y hasta en ese lugar en el que Cristo perdió la citada zapatilla. Y mola, claro que sí. ¡Ah! Y no me olvido de los aficionados imparciales, que lo que quieren es ver buenos partidos, si puede ser un Real Madrid – PSG, un Barcelona – Roma, un Juventus – Manchester City o un Bayern – Arsenal, pues mejor.


   Así ha transcurrido un nuevo sorteo de la Champions. Así esperamos ya al siguiente, que será el de octavos de final.  En este al Atlético de Madrid y al Valencia les sonrió la suerte, al Madrid y al Barça les salieron grupos complicados y al Sevilla le esperan los guerreros más salvajes de la vieja Europa. El fútbol es grandioso, tanto que es capaz de convertir unos bombos y unas bolitas en un gran acontecimiento. La suerte está echada. Y esta vez buscarán la famosa zapatilla los enviados especiales que cubren al Atlético de Madrid.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

KUN AGÜERO FOOTBALL CLUB


     Sergio Agüero es un genio. Un jodido genio. Esta frase podría ser el punto y final a este artículo (quizá lo sea, ya veremos), pero de momento es el nacimiento de unas líneas dedicadas a uno de los mejores futbolistas del planeta. Hace unas horas hemos asistido a la penúltima lección maestra del Kun. Su equipo, el Manchester City, jugó un pésimo partido contra un fantástico Bayern de Munich que estuvo 70 minutos con un hombre menos. Soberbia lección de personalidad del campeón alemán, que jamás renunció a su sello de mandón a pesar del severo contratiempo sufrido en forma de expulsión. El Bayern mereció ganar, pero los citizens siempre guardan en la recámara la última bala letal, la del genio argentino.

     El Kun tuvo 3 ocasiones de gol. Y enchufó las 3. Sendos errores individuales de los bávaros generaron 3 cartuchos con una dosis de pólvora que el astro argentino convirtió en bombazos de alcance demoledor. Primero forzó un penalti (y roja a Benatia) utilizando ese recurso que parece fácil pero que sólo ejecutan a la perfección los dioses: proteger la posición con el cuerpo. Muchos delanteros, cuando se plantan delante del portero, sólo ven balón y marco, pero los buenos de verdad saben renunciar al siempre tentador sabor del (posible) gol para sacar algo mejor. Es el caso de Agüero, que cual capote rojo delante del bravo toro provoca la acción atropellada del defensor. Brillante. Qué decir del penal, transformación perfecta, imparable para un Neuer que adivinó, pero no podría haber atrapado el cuero ni con un “gachetobrazo”.


                             


     Agüero había dinamitado el choque, pero asistió desde su islote solitario a la merecida remontada del Bayern, que alcanzó el descanso con el 1-2 y con una sensación de superioridad sonrojante para el cuadro inglés. El Manchester City navegó en el océano de la impotencia hasta el minuto 85. Xabi Alonso marró una entrega, Jovetic robó y el Kun se plantó delante de Neuer. Ahí es como detener una vez más el tiempo, como ver la repetición de una escena que ya has presenciado decenas de veces. Donde otros se ponen nerviosos, el Kun avanza con el cuero cosido a su bota y define con cualquiera de las 2 piernas. Cuando a otros se les baja la persiana, él abre la ventana de par en par para insuflar oxígeno a un equipo moribundo. 2-2. En el 90, Boateng, brillante durante toda la velada, la pifia y concede a Agüero el petardo final. Vuelve a poner el cuerpo, exhibiendo esa suerte intransferible que le hemos visto en tantas funciones. Y sentencia como si fuera labor sencilla hacerlo enfrente de uno de los mejores guardametas del mundo. 3-2. El City sigue con opciones. Agüero rompe las palmas de miles de hinchas con sangre azul.

     No es una actuación aislada. El Kun Agüero es medio Manchester City, la otra media naranja pertenece a otro genio pequeñajo nacido en Arguinegín, David Silva. Pero en funciones como la de anoche, en las que el argentino no cuenta con socios del calado de Dzeko, Touré o el propio mediapunta canario, aparece en toda su magnitud la incidencia de un futbolista legendario. Esta temporada suma 17 goles, 12 en la Premier (pichichi) y 5 en la Champions. Ha anotado 12 tantos en los últimos 12 choques. Las dianas sólo son una muesca más de un revolver repleto de magia, calidad, talento, intuición y numerosos tics callejeros. Siempre he defendido que Sergio Agüero está potencialmente a la altura de los 2 bichos, leo Messi y Cristiano Ronaldo. Pero a sus 26 años no ha conseguido abrazarse plenamente al don de la regularidad y tampoco ha logrado sacudirse la nociva sombra de las lesiones musculares, que muchas veces lo han detenido cuando ya lucía la etiqueta de imparable. Mi innegociable simpatía por el Manchester City me hace rezar para que no se vaya, pero a menudo me sorprendo soñando qué Kun veríamos rodeado de los mejores de verdad. De momento él es la locomotora del City, en el que ha firmado 92 tantos en 140 partidos.




     Me enamoran los futbolistas de la calle, del potrero, como este pequeñín cuyo centro de gravedad impide que lo tire nadie. Gira y no te enteras. Cambia de ritmo y lo pierdes de vista. Amaga y recoges tu cintura. Lo ves delante del portero y vas yendo a la red a recoger el cuero. Ves a un pésimo Manchester City durante minutos y minutos, pero no te levantas del sofá por si la agarra el 16 con remera azul celeste. El fútbol salvó el porvenir de Sergio Lionel Agüero. Y él nos ha salvado a nosotros infinidad de veces rociando de magia un letargo insoportable. Yo soy un fanático del Kun Agüero Footbal Club. Sí, definitivamente el Sergio es un genio… un jodido genio.     



jueves, 24 de abril de 2014

ESTILOS LIBRES, OPINIONES LIBRES



     Guardiola, Ancelotti, Mourinho y Simeone. Aquí los entrenadores de los 4 semifinalistas de la Copa de Europa. Casi nada. Pasado, presente y futuro del fútbol mundial. No hemos visto los mejores partidos de ida de la historia de la competición (1 gol en 180 minutos), pero esta semana de balompié europeo nos ha dejado un apasionante debate de estilos, de pizarras, de propuestas, de elecciones. Apasionante, claro que sí. Aunque sea un territorio ideal para los ultras del pensamiento único, ese que desahoga a muchos y da de comer a muchos otros. Mourinho y Guardiola son el paradigma de este ring de extremistas. Nada nuevo. Y lo que nos queda, desgraciadamente.

     Empecemos por lo último, el Real Madrid – Bayern. He visto el partido grabado este mediodía, anoche tenía quehaceres baloncestísticos. No soy mucho de disfrutar del fútbol en diferido, aunque reconozco que te permite analizar con más rigor los detalles. No me gusta porque no acudes al match virgen. Has leído y escuchado tanto sobre la función que es imposible sentarte delante de la tele con los prejuicios aparcados. Pero soy un admirador de la pizarra de Guardiola, y me apetecía mucho observar cómo se había desarrollado el duelo en Chamartín.

      El fútbol son detalles. Y al máximo nivel la importancia de esos detalles se multiplica por 1000. Los detalles impidieron al Madrid (casi) sentenciar la eliminatoria a la contra, los detalles también privaron al Bayern de culminar con 0-1 un arranque de mucha personalidad. Porque le doy mucho valor a lo que hicieron los alemanes. Ojo, jugaban en el Bernabéu, un escenario en el que sólo los muy valientes y brillantes son capaces de poner en práctica el sueño (casi) utópico de encerrar al Madrid en su campo. Muy elogiable y más teniendo en cuenta que ayer era el estadio de las grandes ocasiones, el que bulle, el que hierve, el alejado de la función de opera habitual en las faenas cotidianas. Es verdad que el Bayern no estuvo súper, que no encontró la anhelada velocidad en la circulación del balón, que no fue capaz de dar el último pase. Pero es una escuadra con mucha personalidad. No es fácil para Guardiola instaurar un modelo que choca frontalmente con la escuela tradicional del fútbol alemán. Ahí están las cada vez más habituales declaraciones de censura de los tótems del club bávaro.
 
 

     Lo dicho. Para mí el Bayern Munich jugó un buen partido de fútbol, sobre todo la primera mitad. Pero es que el Real Madrid defendió muy bien, lindando con la perfección. Actores esforzados, solidarios, intensos, comprometidos. Con los 4 del fondo, laterales y centrales, absolutamente perfectos. Eso también es fútbol. He escrito varias veces que no soy un admirador incondicional de la táctica de Ancelotti, pero anoche la actuación defensiva de los suyos fue sencillamente gigantesca. Honestamente creo que fue mérito del Bayern esconderle el balón, aunque también pienso que el Madrid tiene armas de sobra para amenazar con más regularidad el marco rival. Eso sí, no podemos olvidar que este Real Madrid ha ganado (con justicia) la final de la Copa del Rey sin Cristiano y se ha impuesto al trasatlántico teutón con el portugués al 60% y con un Bale muy diezmado. Mucho, muchísimo mérito. Repito. El fútbol de alto nivel son detalles. Si el Madrid acierta a la contra, 3-0. Si el Bayern hubiera estado algo más fino y rápido en el último pase, quizás 1-2. Por eso es tan difícil levantar una Champions. Por eso es casi imposible repetir título en 2 temporadas seguidas.

     Lo cierto es que para muchos el fútbol es lo que menos importa. Se convierte en una simple excusa para alimentar el pensamiento único, para besar de tornillo la teoría de los héroes y los villanos, para vomitar bilis y resquemor hasta que ya no quede nada dentro. Aquí entra en juego el Atlético de Madrid – Chelsea. No soy fan de la propuesta futbolística de Mourinho. Ojo, tampoco siento devoción de partida por el gusto de Simeone, lo que es compatible con afirmar que me parece un entrenador fantástico, con infinidad de recursos tácticos y con eso que no se compra (carisma) para exportar. Añado que admiro a los entrenadores que tienen en cuenta al hincha imparcial, ese que acude a la televisión para divertirse, para gozar con un espectáculo en forma de 90 minutos de acción. Este aficionado imparcial salió trasquilado el martes, ya que quizás fue el choque menos vistoso de la actual edición de la Liga de Campeones. El Atleti lo intento, aunque siempre con el freno de mano de dejar a toda costa el 0 en su portería. ¿Por qué, si no, no juntó el Cholo a Arda y Diego en la segunda mitad? Y el Chelsea cerró la ida con el objetivo cumplido, jugar en Stamford Bridge con el 0-0 de la ida. Creo firmemente que Mourinho tiene armas para atacar más. Es más, soy de los que piensan que el luso saca mejor rendimiento de sus equipos cuanto menos talento tienen. Siempre hace una escuadra competitiva, pero tiene alergia a juntar a todos los buenos.     
 
 
 

     Dicho esto, discrepo abiertamente con los que aseguran que cualquiera puede hacer lo que desempeñó el Chelsea en el Calderón. Eso no es verdad. El sistema defensivo blue fue soberbio, con artistas impenetrables como Terry, Cahill o David Luiz y buenos futbolistas como Torres, William o Ramires sacrificando sus cualidades en aras del bien común. Mourinho desactivó a un Atlético de Madrid poco acostumbrado a llevar la iniciativa. Lo desesperó hasta el punto de obligarle a hacer decenas de centros laterales inoperantes. Los románticos como yo siempre defenderemos que el deporte es una oferta de ocio más allá del resultado o del “fin justifica los medios”, pero de ahí a negarle la sal, la pimienta, el aceite y hasta los mendrugos de pan a un entrenador de fútbol va un abismo. Eso sí, no juzguemos a todos los equipos desde la misma rampa de salida, por favor. No tiene los mismos medios ni mimbres Mou que Simeone. Ni Guardiola que Paco Jémez. Ni Ancelotti que Fran Escribá.

     Pues eso, queridos amigos y amigas. Estilos libres, opiniones libres. Para mí, el Pep Guardiola entrenador es un genio. Un loco, un pirao, un obseso de su trabajo. Capaz de aprender alemán en un año porque sabe que puede ser capital para conseguir éxitos. Preparado para introducir matices tácticos incluso en el mejor equipo, en ese que viene de ganar un triplete de ensueño. Para mí, el Mourinho entrenador tiene cosas muy buenas, sobre todo, insisto, la gran habilidad de plantar cara a los mejores cuando él goza de menos talento en su fábrica. Es mi humilde opinión, poco populista dentro de esta imparable cascada de filias y fobias. Yo tengo mis gustos, como todos. Y no voy a negar que me llena de orgullo que mi equipo, la Selección Española de Fútbol, haya pasado a la historia eligiendo un estilo hermoso. Y defiendo que no podemos olvidar que no todos los habitantes del planeta son tan enfermos del fútbol como nosotros, y seguramente ellos apagaron la tele el martes. Pero el fútbol es maravilloso porque caben todos los estilos, todas las propuestas, todas las pizarras. Como también las opiniones para alabar o censurar con argumentos esas elecciones de los entrenadores. Apropiarse de un estilo o renegar de otro por fanatismo sólo conduce a negar la evidencia. Estilos libres, opiniones libres. Qué ganas de que lleguen los partidos de vuelta.  


jueves, 20 de marzo de 2014

BOMBOS CON MORBO

     No sé si he atinado con el titular de este post. Lo leo y me suena al título de una de esas películas picantonas con poco argumento y mucho sollozo. No, no van por ahí los tiros. El asunto central de este artículo es el sorteo de los cuartos de final de la Copa de Europa de fútbol. Aparecen en escena los bombos con más morbo de los últimos años, quizás incluso de la historia de esta competición. El sorteo será puro, sin patochadas, sin pamplinas, sin criterios que eviten de antemano grandes enfrentamientos. Porque un sorteo dirigido ni es sorteo ni ná. Se vienen unos bombos puros, se viene un sorteo de verdad.


    

     El cartel es prácticamente inmejorable. Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Bayern Munich, Borussia Dortmund, Chelsea, Manchester United y Paris Saint Germain. Casi nada al aparato. Los mejores. Quizás sólo falte la Juventus para completar un panel inigualable. Muchos títulos, mucha historia, mucho nivel, mucha tradición. Y mucho, muchísimo, toneladas de morbo para estos bombos que lucen la hermosa estrella de la Liga de Campeones. Casi cualquier posibilidad cruza a dos equipos, o dos entrenadores que nos aderezan la ensalada de condimento. Veamos.
  
   Real Madrid - Barcelona. La releche. Máxima rivalidad. Una bomba. 4 Clásicos en tres semanas, todos finales a cara de perro en tres competiciones diferentes. Se para el mundo. Los mejores actores del planeta. La mayor expectación del universo balompié.
  Real Madrid - Atlético de Madrid. El gran derbi. Eliminatoria de tú a tú. Serie inédita en Europa. La capital de España en ebullición. 11 sobre 10 en la escala del morbo. Bestial.
   Atlético de Madrid - Barcelona. Una maravilla. Cuarto envite de la temporada, los tres anteriores finalizaron en tablas. Dos estilos contrapuestos. Clasicazo.
  Bayern - Barcelona. Pep en el banquillo visitante del Camp Nou. El baño bávaro del pasado curso en la retina de los culés. Beckenbauer echando fuego por la boca a colación de la posesión. Messi, Ribery, Robben, Iniesta. Thiago Alcántara tocándola en su ex-estadio. Madre mía, qué duelo.
  Borussia Dortmund - Bayern. La gran rivalidad teutona. La reedición de la última final. Los amarillos se llevaron la Supercopa en verano, los de Guardiola se han paseado en la Bundesliga. 2 de las mejores hinchadas del planeta. La barba descuidada de Kloop contra la personalidad arrebatadora de Pep. El no va más.
   Chelsea - Real Madrid. Vosotros mismos. Mourinho en el Bernabéu. Y Torres. Y Eto'o. Y Casillas en el arco. La eliminatoria con más ruido de la década. Ancelotti contra su ex-equipo. 1000 ingredientes, paladas y paladas de morbo. Sería una eliminatoria tremebunda.
  PSG - Real Madrid. Carleto cara a cara con sus ex. Ibrahimovic en el Bernabéu. Duelo espectacular entre el sueco y Cristiano por el pichichi de la Champions. Pues eso.
   Borussia Dortmund -  Real Madrid. El recuerdo de las semis del curso pasado, con la (casi) remontada merengue en apenas 10 minutos. Lástima que Levandowski se perdería la ida por sanción, lo cual minimizaría el espectáculo. El inigualable muro del estadio amarillo, el insaciable apetito de la escuadra blanca. Copa de Europa en estado puro.
     Barcelona - Chelsea. Mou en el Camp Nou. Teatro, traducción, previa inigualable, árbitros en el punto de mira, sed de venganza de afrentas pasadas. El balón contra el vértigo, duelo de pizarras en medio del escenario más morboso de la historia. Los mouriñistas con los ojos inyectados en sangre. Bestial, ¿no?
     Atlético de Madrid - Borussia Dortmund. El recuerdo de aquellos dos partidos a mediados de los 90. Dos entrenadores de moda. Dos tapados. Dos hinchadas antológicas. Una serie como la copa de un pino.
     Manchester United - Chelsea. Mourinho contra el equipo que siempre deseó dirigir. Juan Mata mordiéndose las uñas en la grada porque ya disputó la Copa de Europa con el rival. Duelo con mucha solera en Inglaterra. Torres intentado batir a su colega De Gea. Una maravilla de serie.
    

     

   
    Y así podríamos seguir un buen rato buscando emparejamientos salpicados de morbo, como los que tú tienes ahora mismo en tu cabeza y que yo no he puesto aquí para no convertir este post en algo (más) infumable. Se presenta un sorteo apasionante, llegan los bombos más morbosos de la historia. Todo puede pasar, incluso la combinación más picantona. Estas sí que serán 8 bolas calientes. Queman. Echan humo. Cómo nos vamos a divertir.


lunes, 16 de septiembre de 2013

BENDITA COPA DE EUROPA


     Han pasado ya más de 100 días desde aquella gran final de Champions entre el Bayern Múnich y el Borussia Dortmund. Fue mágico comprobar cómo la mítica catedral de Wembley acogió a dos de las hinchadas más maravillosas del mundo. Un gran partido en el césped con una atmósfera inefable en las gradas de uno de los templos mundiales. Una final de la Liga de Campeones es como un bocata de jamón ibérico en Monesterio (Extremadura). Una delicia. Pura Copa de Europa, puro fútbol, pura pasión.

     Casi  4 meses después ya está aquí la mejor competición de clubes del mundo. No te das cuenta de lo que la extrañas hasta que los martes y los miércoles están huérfanos de balompié continental. Sobran alicientes futbolísticos, pero la Champions es mucho más que un balón y 22 tipos pisando la hierba. Es un himno capaz de ponerte la piel de gallina, de elevar tus mecanismos emocionales hasta niveles extremos. Son estadios legendarios... y también el encanto de aquellos estadios que a duras penas cumplen con los requisitos básicos. Es el gusanillo de los aficionados que reservan sus vuelos 5 minutos después de conocer el desenlace del sorteo. Si eres hincha de la Real o del Atleti experimentarás la enorme ilusión del que se estrena... y del que vuelve. La Champions es la música atronadora que suena en el estadio justo antes de la salida de los equipos. Es un espectáculo sin parangón, una religión para los que estamos rematadamente locos... por el fútbol.
 
 
 
     Los trasatlánticos europeos están listos para pelear sin descanso durante los próximos 8 meses. Bayern, Barcelona, United, Real Madrid, Chelsea, Dortmund, Nápoles, Arsenal, Juventus, Atlético de Madrid, City, PSG, Oporto o Milan. Y los astros ya están listos para volver a erigirse en actores principales de un espectáculo maravilloso. Messi, Cristiano, Arda, Higuaín, Robben, Lewandowski, Neymar, Bale, Ibrahimovic, Villa, Vidal, Cavani, Iniesta, Ramos, Carlos Vela, Ribery, Mkhitaryan, Ozil, Valdés, Neuer,  Hazard, Van Persie, Kevin Prince Boateng, Jackson Martínez... y muchos más. Y asistiremos a la actuación estelar de algún tapado que nos sorprenderá a todos. Y a la presentación en la sociedad más elitista del fútbol de un ramillete de futbolistas hasta ahora más desconocidos. La Champions da para eso y para mucho más.

     Os voy a confesar un secreto. Después de estas parrafadas que os he soltado, para mí sólo hay dos cosas imprescindibles para seguir disfrutando de este gran show llamado Champions. 1) Que el Celtic de Glasgow se haya clasificado, así puedo seguir idolatrando ese templo llamado Celtic Park y admirando a la mejor hinchada del Viejo Continente. 2) Que el dios del futbol me deje llamarle a esta competición Copa de Europa. Como toda la vida. Bendita Copa de Europa. Qué gane el mejor.