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miércoles, 8 de enero de 2014

LA COMPARACIÓN MÁS ATREVIDA


     No sé si este artículo que comienzo ahora será malo o regular, pero lo que es seguro es que incluso antes de nacer es una idea atrevida. Voy a comparar, así sin anestesia, el Real Madrid de Pablo Laso y el Barcelona de Pep Guardiola. Ayer le pedí a mi socio Jesús Ruiz que me echara un cable con la fotografía (yo soy un tarugo y él no) y me dijo: “Menudo kilombo vas a montar con ese artículo”. Intuyo que esta comparación no os agrada ni a merengues ni a culés, pero quizás desde un análisis frío compartáis mi certeza de que ambas escuadras se parecen. Sobre todo en lo más importante, porque más allá de los resultados, aquel Barcelona y este Real Madrid son una inyección de optimismo y diversión para el deporte.
     Pep Guardiola conquistó 14 títulos en 4 años. Desde lo más grande, 2 Copas de Europa, hasta lo más pequeño, 3 Supercopas de España. Pablo Laso cumple su tercera temporada en el Madrid, con un balance en dos años de 1 Liga, 1 Copa del Rey y 2 Supercopas. Es una tendencia más cercana de lo que parece, ya que en baloncesto los clubes no pueden aspirar a entorchados como la Supercopa de Europa o el Mundial de Clubes, ambos conquistados por Pep en su proyecto barcelonista. El curso pasado el Madrid acarició la Euroliga y esta campaña se postula como claro candidato a conquistar todos los títulos en juego. ¿Logrará el entrenador vitoriano levantar el mismo número de trofeos que Guardiola?
     Pep dirigió 246 partidos desde el banquillo azulgrana, con 178 triunfos, 47 empates y sólo 21 derrotas. Un registro bárbaro que conduce al 72% de victorias. Pablo Laso se ha sentado hasta la fecha 149 veces en el banquillo merengue, con un registro victorias-derrotas de 123-26, es decir, un 82 % de éxitos (en basket no hay empates, matiz importante). Un balance soberbio que alimenta este mismo año, en el que su equipo aún no conoce cómo sabe perder (27-0 en partidos oficiales). Sé que son deportes muy diferentes y que en baloncesto el calendario está más saturado, pero al final son dos trasatlánticos que pelean por lo mismo: ganar cada partido que jueguen. Es curiosos comprobar cómo los guarismos son bastante similares.
 
 
     Bien, llegados a este punto tiremos la calculadora a la basura (¡qué alivio!) y hablemos de sensaciones, de corazón, de sentidos, de pasión. Tanto el Barcelona de Guardiola como el Real Madrid de Pablo Laso son una oferta de ocio, más allá de los colores que defienda cada hincha. Ambos superan con creces el reto de ganar, jugar bien y bonito. De enganchar a propios y provocar la admiración y envidia (no siempre sana) de extraños. De llenar recintos deportivos propios y ajenos. De provocar líneas y líneas de páginas deportivas en los periódicos, aquí y más allá de las fronteras. De llamar la atención de todos. De congregar a una parroquia amplia delante de la televisión. De ENAMORAR, una palabra que es bestialmente hermosa cuando se asocia al deporte. Aquel irrepetible Barcelona de Guardiola es uno de los mejores equipos de la historia del fútbol. Este Real Madrid de Pablo Laso quizás sea ya el mejor en la historia del club y, títulos mediante, asaltará en breve el olimpo de escuadras inolvidables del deporte de la cesta. Insisto. Ambos proyectos guardan muchas similitudes, todas ellas buenas.
       Porque disparando la imaginación Iniesta podría Sergio Rodríguez: imaginación, talento, desparpajo, solidaridad, hacer mejores a los demás. Pedro podría ser Llull: velocidad, verticalidad, cambios de ritmo, cohetes, agitación en la tribuna. Felipe Reyes encuentra su doble en Busquets: equilibrio, colocación, defensa y ataque, brega, etiqueta eterna de siempre en mi equipo. Y quizás Rudy sea como Alves: indiscutibles, cancheros, dolor de cabeza para el rival, ofensivos... y hasta con ese puntito de teatro que desespera al rival. Darden podría ser Mascherano: hacer de todo y hacerlo bien. Y seguramente Mirotic sea como Messi: los fuoriclasse, los mejores, los desequilibrantes, los ambiciosos sin límites, los de mirada asesina, los números 1.
     El deporte es lo mejor del mundo porque permite cosas como esta, que un pirao como yo con un café delante se permita el lujo de comparar dos secciones tan diferentes de los rivales más encarnizados del mundo… y en dos épocas distintas. ¿Un sacrilegio? Si es así, házmelo saber, por favor.


lunes, 21 de octubre de 2013

GANAR Y ENAMORAR


     En el deporte ganar es muy difícil. Mucho, muchísimo. Incluso para los mejores equipos, para los que gozan de más recursos, para los más poderosos. Degustar el  sabor de la victoria requiere meses de trabajo, de dedicación, de saber digerir los tropiezos, de cambios de humor, de constancia… incluso de suerte, un factor decisivo en cualquier competición deportiva. Ganar es muy difícil. Ganar y enamorar es casi imposible. Sólo unos cuantos equipos han conseguido mezclar en la misma frase el triunfo y el amor. Equipos que han ocupado una o varias páginas en los libros de historia. Hoy y ahora hay un grupo de profesionales que lo está consiguiendo: el Real Madrid de baloncesto.  

     Este Real Madrid, el de Pablo Laso, gana y enamora. Suma 5 triunfos en otros tantos choques oficiales, ya con un título incluido, la Supercopa. Un trofeo que ha revalidado el técnico vitoriano, que todavía en el amanecer de su tercer curso como boss suma además una Liga, una Copa y un subcampeonato de Europa. Basta con acudir al bagaje de los últimos 15 años para darse cuenta de que ha sido Pablo Laso el que ha devuelto la etiqueta de ganador a un equipo que la había perdido después de suculentos banquetes durante décadas y décadas. El Madrid ha ganado mucho durante su historia. El Madrid había ganado muy poco en los últimos lustros. Pablo Laso está invirtiendo una tendencia que apunta a un cortoplacismo con más éxitos.

     Ganar. Una palabra, cinco letras que incluyen un manual de teorías, de sensaciones, de caminos, de sistemas, de apuestas. Para un deportista ganar lo es todo. Para un actor de un equipo que aspira a títulos ganar es abrazar la Gloria, perder el control, sonreír hasta que el siguiente reto te invada el alma. Ganar es un destino. Llegar a ese destino ya es en sí mismo un éxito. Pero no todos los caminos son iguales. Este Real Madrid ha elegido la senda más difícil, la más abrupta, la que despierta más críticas, la que nunca acaba de convencer. La del amor. Enamorar nunca es fácil, pero si lo consigues la satisfacción del receptor es infinita. Enamorar es ser feliz y hacer felices a los demás, en este caso a los aficionados de tu equipo… y a los aficionados al baloncesto en general, como éste que escribe. Si consigues enamorar tu huella permanece, ya nunca te van olvidar. “¿Te acuerdas cómo jugaba al baloncesto aquel equipo de Pablo Laso?”, recordarán los basketmaniacos dentro de unos años.
 
 
 

     El Real Madrid enamora con el interminable talento del Chacho, el orgasmo triplista de Carroll (ya sabéis, Yeisi es amor), la explosividad de Llull, los mates en el cielo de Rudy, los saltos de Slaughter, el posteo de Darden, la mala leche de Borousis, los robos del ladronzuelo Draper, la báscula del Monarca Felipe y la seda de Mirotic. Hasta los recién llegados Mejri y Díez se están acoplando a una maquinaria que no chirría en ningún momento del proceso. Porque todo lo anterior junto es una bomba. Enamorar es sentarte en la butaca y asistir a la sociedad Sergio-Rudy. Pero enamorar también es flipar con 3 defensas seguidas en las que el rival ni siquiera puede lanzar a canasta. La gran virtud de Pablo Laso es haber organizado de forma coral el inmenso talento que atesora su plantilla. Eso no es otra cosa que formar un EQUIPO, con mayúsculas.

     La memoria es corta. Y en el deporte, la memoria es tan corta que algunos ni se acuerdan de lo que pasó hace 5 minutos. Pues hace 5 minutos Pablo Laso estaba muy cuestionado. Fuera y dentro. Tengo la convicción de que si el Madrid no hubiera alzado el título liguero, el entrenador no hubiera continuado. De hecho, he de pensar que sigue cuestionado cuando finaliza contrato en 8 meses y la sección ni siquiera se ha acercado a él para tantearle con su renovación. Laso cobra poco dinero, Laso estaría encantado de continuar su proyecto más allá de cuestiones económicas… pero necesita recibir la fuerza y el apoyo de los que mandan. Laso se podría haber marchado este verano pagándole al Real Madrid una cantidad casi insignificante. Laso decidió quedarse a pesar de que le llenaban la cartera de billetes en Turquía y en Rusia. Y su Real Madrid sigue ganando… y enamorando. Todos en la sección son conscientes de que este grupo de jugadores tiene una gran oportunidad de hacer historia, de levantar títulos, incluso de conquistar la tan anhelada por los hinchas novena Copa de Europa. Los jugadores saben que son muy buenos y que se ha ensamblado un proyecto con pocos límites. Todos los actores se encomiendan al triunfo, pero también al amor. Ya sabéis, GANAR Y ENAMORAR. Laso regala amor en forma de baloncesto. De momento, el que debería de ser su principal pretendiente, el club, le regala una colección de calabazas. La victoria y el amor no sirven para firmar la renovación ¿Por qué?
 
 

jueves, 22 de agosto de 2013

ACERTAR CON EL ESTILO

    Agradezco a mi socio Iñako Díaz Guerra (Diario AS y degustador de gintonics) el hecho de haberme servido de inspiración para este artículo. Le he leído a la hora de comer enzarzado con decenas de "twitteros" a cuenta del Atleti, el Barcelona, de refilón el Madrid, los estilos, Simeone y las quejas de los equipos grandes. Y nada, aquí estoy listo para escribir unas líneas sobre el asunto y compartir reflexiones con vosotros.

    Cualquier estilo de juego, cualquier planteamiento es válido en el fútbol. Igual de válido que el derecho del hincha y/o periodista a alabarlo o criticarlo. Así de fácil, así de complicado. El fútbol es tan hermoso que Mourinho optó en su día por encerrarse delante del Barça en el Bernabéu con una plantilla descomunal y Pepe como "stopper" en la mitad de la cancha. El fútbol es tan hermoso que el "suicida" Paco Jémez no permite dar un pelotazo con el menor presupuesto de la Liga y Gálvez sacando el cuero desde atrás. El fútbol es tan sumamente hermoso que si ahora mismo hago una encuesta con mis "compañeros" de barra en el "Museo del Jamón" en el que me estoy tomando una caña mientras escribo esto, seguro que encontraría afines y hostiles a Mou y Paco. Conste en acta que he elegido dos ejemplos al azar, ¡eh! Porque realmente el origen de este post está en el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone.


    No soy un enamorado (escrito está) de la propuesta futbolística del "Cholo". Algo que no es incompatible con piropear el impecable trabajo defensivo que realizó el Atleti en la final de la Supercopa. Incluso elogiar la habilidad (lícita) de dejar seca la hierba. Este Atleti de Simeone es el mejor representante de la cultura del esfuerzo, una cultura olvidada y enterrada por demasiada gente en este país. El entrenador colchonero ha logrado algo que muchas veces es una quimera para el jefe de un equipo de élite: que los futbolistas crean en él. Desde esa convicción aparece el sacrificio, el compromiso, la solidaridad, la entrega, el trabajo colectivo por encima de todo. Es admirable asistir a la pelea constante de Diego Costa con el mundo o a las ayudas defensivas de Arda, quizás el jugador más talentoso del plantel. Durante 65 minutos el Atlético de Madrid consiguió que el Barcelona no le creara ni una sola ocasión de peligro en el área de Courtois. El "Cholo" es un obseso de la pizarra, por eso puede ganar a cualquiera en una final a un partido. Asumo que entro en ese peligroso terreno del fútbol ficción, pero posiblemente a 90 minutos, con Busquets expulsado y 1-0 en el luminoso el Atleti hubiera salido campeón.


    Insisto. No soy un enamorado de ese fútbol. Pero lo que no se puede hacer es situar un estilo en el bien y otro en el mal sin analizar con qué mimbres cuenta el comandante para elegir uno u otro. ¿Alguien entendería que una España con Ramos, Alba, Xabi Alonso, Iniesta o Xavi jugará a la contra? ¿Es plausible que un equipo con Marcelo, Xabi Alonso, Ozil, Cristiano o Benzemá se encierre en su campo agarrándose a contragolpes aislados? ¿Quién puede censurar que cualquier equipo de la Liga Española no se repliegue contra el Barça o el Madrid? ¿Jugaría Simeone igual si fuera técnico del Bayern de Munich? Al final el fútbol es cuestión de gustos, aunque existe demasiada gente para la que sólo son colores, lo que provoca que en ocasiones vean a Michelle Jenner fea porque es el equipo rival o a Quique San Francisco guapo porque es tu propio equipo. Mi gusto personal (e intransferible) es la valentía de Pepe Mel o Paco Jémez, porque creo que es una cualidad que a la larga siempre triunfa. Pero soy incapaz de esconder mi sombrero delante del espectacular planteamiento táctico de Simeone ante un Barcelona con superávit de talento. ¿Qué es acertar con el estilo? ¿Ganar? Mi incomprensible romanticismo me impide agarrarme a los asideros de un simple resultado. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

MUÑEQUITA DE SEDA


            “Oye, Blas, ¿qué significa seda? Será algo bueno, ¿no?” “Claro que sí, es una palabra que esconde elegancia, suavidad, estilo. Es un piropo”. Hace algo más de un año Nikola Mirotic me preguntó por el significado de su apodo. “Muñequita de seda”, una de esas etiquetas que surgen de manera espontánea durante un momento cualquiera de una narración cualquiera de un partido cualquiera. Nunca he creído en los apodos forzados, sino en aquellos que nacen sin que el parto esté previsto. “Muñequita de seda”. Me gusta. A Niko también.

             Tengo debilidad por este muchacho de 21 años nacido en Podgorica (Montenegro), esa ciudad que visité hace 12 años y cuyos habitantes todavía miraban con recelo al visitante. Es el peaje de una guerra cruel. Llegó a Madrid con 14 años y desde entonces ha empatizado con la ciudad, las costumbres, el ambiente, el deporte y la cotidianeidad de nuestro país. Posee la doble nacionalidad (Montenegro y España). Ibaka y la burocracia le cierran el paso en la subcampeona olímpica, así que el verano de 2013 será clave para saber con qué zamarra juega “Muñequita de seda” el Europeo de Eslovenia.

            Mirotic es un jugador sencillamente acojonante. Ha empleado el verano para trabajar, mejorar, cuidarse, progresar. También para canalizar esa rabia interior que desarrollan los balcánicos “pata negra” cuando no consiguen los retos que se proponen. Podéis tildarme de temerario, pero estoy convencido de que Niko va a luchar esta temporada por ser el mejor jugador de Europa. Así como suena, sin anestesia. Talento para regalar, velocidad, físico, tiro exterior, “posteo”, bailes en la pintura. En la zona es capaz de mezclar el vals, la sardana, el chotis y el pasodoble. Hasta los “agarraos” se le dan bien. Se ha ganado un merecido protagonismo en el Real Madrid. Su cerebro está programado para ser el número 1, no admite medianías ni trofeos de plata. Ambición inherente a un carácter forjado para levantar copas.


          

Mirotic es querido y respetado en el vestuario merengue. “Futbolero” hasta la médula, vive con pasión los partidos del hermano mayor del club. Adora Montenegro. Disfruta de España. Su generosidad no tiene límites, ayuda personal y materialmente a familiares y amigos. “Niko tiene un corazón que no le cabe en el pecho”, me cuenta una de las personas que ha compartido con él cada día de los últimos 7 años. Admira y respeta a Felipe Reyes, al que miraba con “babilla” en el labio cuando comenzó sus entrenamientos con el Real Madrid. Por aquel entonces acababa de cumplir 14 años y casi no llegaba al aro. Sus padres y su hermano le esperaban cada noche en casa para compartir con él la ilusión de triunfar en el basket europeo. Ahora reside “puerta con puerta” con el “Monarca”. Me cuentan que uno de sus “hobbies” diarios es amueblar su propio hogar. Hasta para eso tiene estilo.  

            “Muñequita de seda” es uno de esos personajes que se merece que la vida le vaya bien. Capaz de invitarte a su habitación en el hotel horas antes de una final para repetir una entrevista de 15 minutos, simplemente porque el periodista de turno es un patán y borró sin querer la grabación. “Tranquilo, la repetimos”. Y con ese detalle libera al redactor “torpón” de las toneladas de agobio que soportaba su espíritu. Nikola Mirotic representa esa máxima vital que busco en los seres humanos. “Dejarás huella si eres bueno en lo tuyo, pero tu gran huella quedará para siempre si eres capaz de ser bueno con los demás”. Sólo espero que cuando sea la estrella que más brille en el cielo, cumpla su promesa de acordarse de quién le puso el apodo que le hace sonreír. Te vas a comer el mundo, “Muñequita de seda”.