Etiquetas

Mostrando entradas con la etiqueta onda madrid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta onda madrid. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de noviembre de 2019

MIS 40



Muy de vez en cuando me da por compartir por aquí cosas personales y pienso que las cuarenta castañas es una buena excusa para hacerlo. Sí, ya he llegado a los cuarenta, esa edad que cuando uno es niño se ve tan lejana que piensa que nunca los va a cumplir. Cuando somos adolescentes vemos a los cuarentones como señores, así que sí, ya soy un señor. La tentación de no serlo se evade de cuajo cuando un niño se dirige a mí en la calle: “Perdone, señor...”. Maldita sea. 

No me puedo quejar. No me debo quejar. He entrado en los cuarenta en un buen momento vital. Curro en lo que me gusta, tengo una familia inmejorable, buenos amigos con los que ir a la batalla con pistolas de agua y una hija que me ha cambiado completamente la vida. Paula es mi tesoro, mi gran amor. Estoy seguro que haga lo que haga en lo me queda de vida, no seré capaz de mejorar algo tan hermoso y verdadero como ella. 

Los que sois padres me entenderéis, pero estos pequeñajos atesoran la virtud de modificarlo todo. Mejoran días que han salido imperfectos, perfeccionan días que ya han sido cojonudos. Ella es la prioridad, ella lo es todo. Lo demás siempre puede esperar. Te despierta a golpes a las 7 de la mañana y te ríes. Te duchas con ella rodeados de juguetes y jabón y te ríes. Gatea hacia ti con cara de incontenible felicidad y te ríes. Llora desconsolada por cualquier nimiedad y te ríes. Los bebés son felicidad, alegría, inocencia, verdad. De lo poco 100% puro que le queda a nuestro día a día.


En estos cuarenta años me he equivocado muchas veces. Muchísimas. Y desde aquí pido perdón a alguno de vosotros que así lo sintáis cuando leáis estas líneas. En ocasiones me sorprendo torturado y agobiado cuando me doy cuenta de que en muchas situaciones ya no hay vuelta atrás. Que si algún día le jodí a alguien sin darme cuenta, eso ya no vuelve para corregirlo. Intento ser una buena persona todos los días, empatizar con los demás, ponerme en la piel y en la cabeza de los que comparten habitual, o esporádicamente, su vida conmigo. Y aunque me lleve hostias y decepciones, sigo pensando que siempre es mejor estar más cerca del bebé que del adulto. Que compensa que te la claven varias veces mucho más que equivocarte injustamente con una sola persona. En ese sentido valoro mucho la inocencia, algo que para mí sigue siendo una virtud. 

Hace algunas semanas me preocupé seriamente con mi voz. He tenido un problema en las cuerdas vocales y durante algunos días, cuando veía que aquello no arrancaba, llegué a pensar que quizá tendría que plantearme no volver a trabajar en mi gran pasión, la radio. Hemos pasado por el taller, seguimos en fase de recuperación, pero poco a poco estamos recuperando sensaciones. Ni una sola vez he pensado eso de por qué me ha tenido que pasar a mí, sino que me he centrado en acertar con la tecla adecuada y buscar soluciones. En ello andamos. Es un asunto que aún tiene bastante recorrido por delante y que ahora mismo polariza mi vida profesional. 

He cumplido ya veinte años en Onda Madrid. Media vida. Casi nada. Ni en mis mejores sueños. La radio me lo ha dado casi todo. Desde la mujer de mi vida hasta personas de esas que entran en tu corazón y ya no salen jamás. El 95% de lo vivido allí ha sido y es bueno, buenísimo, rematadamente bueno o bueno como la madre que lo parió. De lo otro también se aprende... y mucho. Por ejemplo, a tener muy claro lo que nunca me gustaría ser en la vida. También que hay gente mala, en toda la extensión de la palabra. Pero eso no es más que la vida misma. Y ni siquiera la maldad es eterna. Hay que convivir con ello y alejar lo tóxico. Hace veinte años, cuando entré por primera vez en el edificio de la radio, ni valoraba en mi fuero interno que pudiera existir gente así. Por eso os decía eso de bendita inocencia. 


Pues nada, amig@s. Que pienso vivir al menos 40 años más. Tengo muchísimas ganas de aprender, en mi trabajo y en la obra de teatro que se vive cada día por las calles y en los bares de las ciudades. Que me pone mucho más contento que alguien diga “ese tío era majo” a “un día cantó un buen triple o un buen gol”. Que adoro a mi madre y que recuerdo cada día a mi padre. Y que en esta vida que nos ha tocado vivir siempre hay que aspirar a ser (moderadamente) feliz.   

jueves, 2 de mayo de 2019

Y SI...


El descenso a Segunda está prácticamente consumado. La salvación se ubica a seis puntos, con otro equipo entre medias que saca cuatro, y otro por detrás echando el aliento en el cogote. Quedan solamente tres partidos, dos de ellos fuera de casa, donde el equipo no gana un partido desde el mes de enero. Hinchas y periodistas sacaron la calculadora el pasado fin de semana para ver qué cuentas descendían matemáticamente a la franja roja con aún tres fechas por delante. Y encima el Girona le gana al Sevilla. Y con Raúl de Tomás fuera dos partidos seguidos. Y con Javi Guerra, casi rescindido en el último minuto del último día de mercado, como único delantero disponible en la convocatoria.

Y va el Rayo y le gana al Madrid. Dos décadas después, en el momento más agónico de los últimos tiempos. Con dos pelotas… de fútbol. Venga, a comprar pilas, que la calculadora echa humo. O mejor, a comprar otra nueva, que esta ya está delirando después de tanto trajín. Juro por los dioses del balompié que el domingo a última hora Vallekanfield volvió a entrar en ebullición. No es que la gente piense que el Rayo se vaya a salvar, sino simplemente está orgullosa de reconocer a su equipo, ese que se deja todo lo que tiene al margen del resultado final. Veladas como la del otro día atestiguan que la afición del Rayo es muy fácil. Un imperceptible guiño de ojo les sirve para convertirlo en la conexión más profunda del mundo. Son un tesoro. Y la presidencia los está perdiendo.



Bueno, regresemos al planeta Tierra. Es rematadamente imposible que el Rayo se salve. Un amigo muy pirao dice que bajará el sábado en Orriols con un gol de Coke Andújar en el minuto 96. El destino es así de cabrón. Incluso la ciencia ficción de sumar los últimos 12 puntos de la Liga de una tacada no garantizaría la anhelada salvación. El Levante también se la juega y va a reventar su campo, con 353 irreductibles vallecanos que cogerán la A3 con la certeza de que cuando acabe la excursión solo existirán dos escenarios posibles: o la ilusión o el funeral. Creo que no hay nada más duro para un hincha que asistir al descenso de su equipo.

Nada, es cuestión de tiempo. Pero y si… Que no, que son castillos en el aire. Ya, pero quizás… ¡Mira la clasificación, demonios! La he mirado muchas veces, demasiadas. Tienes razón. Pero como por algún acontecimiento paranormal, milagroso e imposible el Rayo se quede este año en Primera División, lo del día del Tamudazo quedará en anécdota. Vallecas implosiona.

Posdata. A veces uno tiene que hacer cuatro triples mortales y siete tirabuzones para estar donde desea. Busca combinaciones imposibles y complicidades especiales para al menos saborear una pequeña dosis del Rayito ligado a su profesión. Hay días que uno siente y sabe que tiene que estar. Sí, estaremos el sábado en el Ciudad de Valencia.

miércoles, 27 de mayo de 2015

EL QUE VALE, LLEGA


     Cuando activé este blog (septiembre de 2012), reservé un espacio para mis rarezas. Una especie de cajón desastre en el que poder ubicar aquellos escritos que no guardan relación ni con el baloncesto ni con la actualidad… ni con nada. Vamos, un hueco para esos textos que son consecuencia de un impulso (Florentino dixit) o simplemente de una pedrada en la cabeza (Blas dixit). Éste es uno de ellos. Rareza en toda regla, hasta el punto de que ni siquiera va ir acompañado de una foto.
     
     Tengo 35 años, casi 36. Tengo trabajo. Trabajo sí, estable no. Más que nada porque en los tiempos que corren eso de la estabilidad es una gran milonga. He sido y soy un privilegiado porque firmé mi primer contrato laboral con 20 años y, de momento, seguimos en la pelea. Estoy muy satisfecho con mi predisposición al trabajo durante estos 3 lustros. Me gusta currar, qué demonios. Estoy encantado de dedicarme al periodismo, es lo que siempre he querido ser. He tenido la inmensa fortuna de poder seguir el proceso natural del ser humano: estudias, te formas, eliges un oficio, te sigues formando, practicas, trabajas y te ganas la vida de manera honrosa. Lo que debería ser normal para todos, ¿no? Hasta he podido cambiar de empresa por elección propia, algo ya poco habitual.
    
     A mis 35 años (casi 36) me siento mucho más cerca de la generación anterior que de la posterior. En realidad, me siento mucho más cerca de la generación anterior que de la mía propia. La mayoría de mis amigos de la profesión no han cumplido los 30, o si lo han hecho ha sido “antes de ayer”. Estoy cómodo incrustado entre la gente más joven. En la redacción de un medio de comunicación, siempre prefiero mirar antes al rincón que al despacho. Por eso me duele que muchos conocidos, algunos de ellos amigos, y unos pocos amigos de verdad, de esos que lo son para toda la vida, sufran en el limbo de la indiferencia.

   “El que vale, llega”. Qué enorme gilipollez. La calle está llena de gente válida, de personas con conocimientos y toneladas de pasión. Aquí hablo de mi oficio, que es el que más controlo, pero estoy firmemente convencido de que este argumento es extrapolable a cualquier sector. En el periodismo, mientras tótems y gurús de plastilina comandan shares, followers, vanidades y vaivenes de opinión, jóvenes terrenales de carne y hueso estiran sus sueños esperando que algún día cambie su suerte. Mientras escribo esto, tengo en la mente personas con nombres y apellidos, sé que si leéis esta rareza enseguida os vais a sentir identificados. Es una injusticia tremenda. Mi madre siempre me dice: “si me toca la Lotería, te monto una radio”. Y yo, cuando me lo dice, siempre pienso en 4 ó 5 personas con las que llevaríamos esa radio al fin del mundo.

    Llevo ya casi 3 meses en Radio Marca. Joder, el tiempo pasa muy rápido. Allí me he encontrado con gente muy, muy, muy, muy, muy, muy joven.  Esos chicos y chicas a los que llaman “becarios”, una palabra que a mí me repatea las pelotas. Son compañeros. Es más, en muchas ocasiones nos dan lecciones de ganas, inquietudes y labor. Para mí ha sido lo mejor en este amanecer de mi nueva aventura, quizás porque venía de un sitio en el que había déficit de inocencia y superávit de momias. Mola mucho trabajar con ellos, es muy fácil activarles luz en esos ojos que piden un simple guiño. En lo personal, me reconforta un millón de veces más un piropo de un “becario” que un halago de un jefe. Me encanta coincidir en la vida o en las redes sociales con algún compañero con el que trabajé durante un corto período en Onda Madrid, cómo lo pasábamos en aquellos veranos en los que éramos 4 gatos. Es un enorme orgullo que muchos de ellos recuerden aquellos momentos con una sonrisa.


    “El que vale, llega”. No. Pero intentadlo. Y si tenéis que cambiar el rumbo de vuestra vida, dejad siempre un pequeño hueco para alimentar vuestros sueños de periodistas. Mientras tanto, yo seguiré intentando enterrar la etiqueta “becario” y, sobre todo, animar a mi madre para que acierte con los números de la Primitiva, el Eurojackpot, el Euromillón y hasta la Quiniela Hípica.


viernes, 27 de febrero de 2015

ONDA MADRID OFF, RADIO MARCA ON

  
  "Hijo, que te acaban de llamar de Onda Madrid, que te han cogido". En pleno mes de junio de 1999, cuando los muchachos ni siquiera llevábamos un teléfono móvil con nosotros a todas partes, mi madre consiguió localizarme en casa de mi amigo Chiqui, que como era el único que tenía piscina era invadida cada tarde de verano por todos sus colegas. Mamá estaba llorando. Lágrimas de alegría, de felicidad, de emoción. Sólo ella había asistido a mis sueños radiofónicos desde que era un renacuajo. Sólo ella compartía mi devoción por ese transistor que llevaba pegado a la oreja desde ni me acuerdo cuándo. Sólo ella me había escuchado narrar desde mi habitación partidos reales o ficticios. Sólo ella sabía lo que significaba para mi trabajar en la radio. Yo nunca quise ser médico, ni piloto, ni profesor, ni futbolista. Yo siempre quise ser periodista. Yo siempre soñé con ser locutor de radio.

  
  Durante la mañana de ese mismo día mi madre, la persona que en condiciones muy difíciles me ayudó a estudiar una carrera y formarme lo mejor posible, entró en mi habitación y me dijo: "Llama a Onda Madrid, que te vas a quedar sin hacer las pruebas". Yo estaba liado preparando el programa diario de deportes que teníamos en Radio Miraflores de la Sierra. Para mí cada programa era como jugar una final de Copa de Europa diaria, así que allí andaba estrujándome el cerebro para cocinar una hora de radio digna. Los que me conocen saben que cuando preparo un programa tengo mis rituales y mis manías (¿verdad, Rosita?), y además como no me sobra talento necesito mucho trabajo. Pero le hice caso a mi madre. Pude no hacerlo, y no estaría escribiendo estas líneas. Pero afortunadamente le hice caso y levanté el teléfono. "Buenos días, quería hablar con José Luis Poblador, por favor". "Sí, soy yo. Las pruebas para entrar en Madrid al Tanto son esta misma tarde a las 4". 


                    


  No me jodas, esta misma tarde. ¡Mierda! A esa misma hora tenía el programa en Radio Miraflores, y eso para mí era una responsabilidad innegociable. Cada tarde de verano subía por la carretera de Colmenar con mi Renault 5 (¡4 marchas!) con todas las ventanas abiertas para que entrara un poco de aire, aunque fuera caliente como un horno. Llamé a mi compañero de andanzas (Jorge Aznal) y le dije que esa tarde no podía ir. Me sentía fatal, como si hubiera traicionado mi deber. Con el tiempo me he dado cuenta de que esa disciplina me ha ayudado muchísimo en mi profesión. Ese día (¡sólo ese!) me borré de Radio Miraflores... y el destino me echó un cable. Allá vamos, a hacer las pruebas para entrar en Madrid al Tanto, programa que yo escuchaba cada domingo por la mañana y que como cualquier oyente tenía idealizado.
     
 Estaba cagao, acojonao vivo. Más aún cuando llegué al edificio de Telemadrid/Onda Madrid y me encontré con unos 50 chavales como yo que habían ido a lo mismo. Llegó mi turno y conocí a José Luis Poblador. En ese momento ninguno de los dos sabíamos que ahí nació un vínculo que, pase lo que pase, va a durar toda la vida. Para él todavía era Carlos, ahora soy Blas. Para él y para muchos oyentes y socios de profesión. "Carlos, a narrar". Encendió la tele y apareció aquel Atlético de Madrid - Ajax de la Champions, en concreto la jugada en la que marcó el portugués Dani. Lo hice lo mejor que pude, pero honestamente creo que fue una mierda. Casi nunca me quedo satisfecho con lo que hago, un enorme defecto que soy incapaz de corregir. Entre la autoexigencia y la flagelación la línea es demasiado delgada, y creedme, a veces se pasa mal. En fin, salí de allí poco convencido y me fui a hablar de chicas, de música y de chorradas a la piscina de mi gran amigo Chiqui. Allí recibí la llamada que cambió completamente mi vida.


                        

     
  En 1999 comenzó mi etapa en Onda Madrid. El 31 de agosto hice aquel inolvidable Cercedilla 1 - Coslada 2. Canté mi primer gol en la radio, de Lucas para los locales. Y fui inmensamente feliz. Durante ese partido y durante los 13 años y medio siguientes. En Onda Madrid he hecho 100.000 cosas más de las que contenían mis sueños, me siento muy afortunado, no todo el mundo puede decir que ha cumplido sus sueños multiplicados por 100.000. He disfrutado como un niño narrando partidos de Tercera y finales de Euroliga. Y fútbol sala, balonmano, eventos de atletismo, qué sé yo, de todo. Un rodaje y una experiencia impagables. Amo todos los deportes, amo la radio, qué más puedo pedir, la vida me ha sonreído, he sido inmensamente feliz con un micrófono entre las manos. Y además he formado parte de un proyecto en el que los imposibles se intentaban. Periodismo también es viajar 1000 kilómetros al día en una Eurocopa con la única compañía de unas galletas Leibniz, coger por la pechera a un ruso para que te instale una línea digital, dormir en el único tugurio disponible de un pueblo austriaco o narrar el playoff de un equipo de Tercera rodeado de paisanos del equipo rival cabreados con tus alaridos de gol. He sentido en el alma la adrenalina de la radio, una droga que engancha. Joder, he sido inmensamente feliz haciendo radio, eso hay que vivirlo, no se puede explicar. Para un romántico de estadios y pabellones como yo, he tenido el enorme privilegio de conocer un montón, incluso aquellos míticos que alimentaban mis sueños de radio antigua. Os confieso que cada vez que terminaba una transmisión me quedaba 1 minuto observando el pabellón o el estadio de turno porque yo sabía que aquello tendría fecha de caducidad y que no podía olvidar que estaba viviendo un sueño. De lo poco de lo que puedo presumir es de que en estos últimos 15 años y medio no he olvidado ni un solo segundo que era un privilegiado y que cientos de personas hubieran pagado por hacer lo que yo hacía. Y que ni un solo día, ni en un solo viaje, ni en un solo programa, ni en un solo entrenamiento, ni en una sola entrevista, ni en un solo partido, ni en un solo inalámbrico, ni en una sola producción, ni en una sola conexión, ni en una sola función me he dejado llevar. Nunca. Ni siquiera en los últimos y difíciles tiempos. Para mí ha sido una enorme fortuna no nacer con un talento comunicador innato, eso me ha ayudado a luchar mucho, a trabajar mucho. Y es una enorme suerte porque te ayuda a superarte cada día.
     
   Mañana dejaré atrás 16 años menos 5 meses de mi vida. No de mi trabajo, sino de mi vida. Onda Madrid para mí ha sido mi vida. En Onda Madrid he madurado, en Onda Madrid he conocido a amigos que lo serán para siempre, en Onda Madrid me he encontrado con la mujer de mi vida, en Onda Madrid he llorado (por dentro, quizás sea una forma de protección) de alegría y también de rabia, en Onda Madrid he aprendido muchísimo, en Onda Madrid también me he llevado las decepciones personales más profundas de mi existencia, en Onda Madrid he perdido amigos por el camino. Lo dicho, los años más importantes de mi vida. Echo la mirada atrás, repaso algunos audios, algunas fotos y algunos recuerdos y sólo puedo dar gracias desde lo más profundo de mi corazón por lo feliz que he sido. Enormemente feliz, joder. FELIZ con mayúsculas.


                        


  Soy reservado, pero a la vez extrovertido, aunque parezca una contradicción. Prefiero no aportar muchos nombres aquí porque quienes me conocen saben que yo siempre intento que los demás reciban mi energía. No me guardo besos ni abrazos, me jode que se queden por el camino por pudor o vergüenza. Aunque luego con el tiempo te asalte la certeza de que a veces no recibiste lo que muchos días diste con discreción. Bueno, quizá los seres humanos no podemos o no sabemos aparcar el egoísmo. En el repaso mental que hago a diario y que he intensificado durante los últimos días he corroborado que durante estos años he cometido muchos, muchísimos errores. Pero siempre he intentado fomentar el buen rollo, las sonrisas y el respeto. Desde la inocencia del principio y desde la experiencia del final. Me he afanado en conseguir que los veteranos y los recién llegados vieran en mí a una persona que les podía ayudar. Qué menos, ¿no? Asumo que desde enero de 2013 (ERE) he cambiado. A pesar de las cientos de equivocaciones que a menudo martillean mi cabeza, me siento profundamente orgulloso de haber dejado de ser yo... para ser yo. Yo me entiendo, y algunos de vosotros sé que también. Es jodido, muy jodido, como asistir a un capítulo diario de una continua contradicción. Pero era necesario. Pido perdón de corazón si en los últimos tiempos alguien que no lo mereciera ha recibido de mí un gesto, una palabra o una indiferencia injustos.
     
  Aparco Onda Madrid. Ayer hice mi último partido de basket (¡cuántas alegrías me ha dado el binomio baloncesto - radio, Dios mío!). Mañana haré mi último partido de fútbol. Me hace mucha ilusión poder despedirme en Vallekanfield, en la cabina 18, entre mi gente. Siempre digo que ni aunque viviera un millón de vidas seguidas me llegaría para devolver el cariño que recibo en el barrio. No sé qué deparará el futuro, pero jamás olvidaré lo feliz que he sido en la radio junto al Rayo Vallecano y su gente. Y con todo lo demás, demonios. He flotado, he levitado, he vivido en una nube toda esta aventura, ha sido una constante y excitante montaña rusa. "Disfruta hasta el final de la radio a la que tanto quisiste", reza un mensaje muy especial que he recibido en las últimas horas. Es verdad, yo quise con locura a aquella Onda Madrid, y he tratado de demostrarlo cada día de mi curro. Una etapa de mi vida fascinante, hermosa, inolvidable, irrepetible. En estas líneas no quiero ni una pizca de ese rencor que albergamos los seres humanos cuando te duelen las cosas, a pesar de que Onda Madrid también me ha mostrado la profunda maldad humana, esa que cuando eres pequeño piensas que no existe. Ahora sólo cargo una enorme y pesada mochila de agradecimiento. Gracias a todos los compañeros que me han enseñado y de los que sigo aprendiendo hasta el último día. A algunos yo los escuchaba cuando era pequeño, ¡eh! jajaja. Gracias a la gente que dejo allí y que merece la pena. Gracias a los compañeros de profesión y de batallas que me regaláis vuestro cariño. Y gracias a ti, Pobla, por apostar por un imberbe de 19 años que aprobaba en ganas y suspendía en todo los demás. Sin tus enormes cojones quizá jamás habría podido disfrutar de mi gran pasión. GRACIAS.


                     

     
  Onda Madrid, off. Radio Marca, on. ¡Viva la radio! El lunes comienzo una nueva aventura, una aventura fascinante. Se me cae la ilusión de los bolsillos, funciona a pleno rendimiento la fábrica de mis sueños. Tengo unas enormes ganas de trabajar con compañeros a los que llevo escuchando muchos años. A mi gente le digo que no se preocupe, que aunque esto parezca una locura (y quizá lo sea), también esta vez va a salir bien. Y que gracias por apoyarme una vez más en todo a pesar de los miedos y las dudas. Me gusta el riesgo, no puedo quedarme parado, qué le vamos a hacer. Necesito darle algo más a mi profesión y, sobre todo, recibir muchas más toneladas de esa inefable pasión llamada radio. Seguiremos aprendiendo del oficio y de la vida. Estaré encantado si me queréis acompañar y arropar en este nuevo desafío. ¡Adelante! Gracias a todos por compartir conmigo la magia... de la radio.
    



       

lunes, 23 de febrero de 2015

UN EQUIPO GANADOR


 Hace 2 meses escribí un artículo en este mismo blog ("Callejón sin salida"). Los periodistas, aunque a veces tengamos fobia a las disculpas, nos equivocamos a menudo. Diría incluso que más que los demás porque en muchas ocasiones cometemos el error de abrazarnos a diagnósticos y predicciones absolutas. Por eso considero necesario enlazar aquel artículo antes de utilizar el bisturí para armar éste. Yo, en aquel texto, me equivoqué. Erré porque jamás pensé que el Real Madrid se fuera a levantar tan pronto, ni que fuera capaz de exhibir este gran nivel en 2015. Atisbaba evidentes síntomas de agotamiento en el proyecto, pero jugadores y entrenador me han demostrado que estaba equivocado. Porque el Madrid ha ganado la Copa. Pero no sólo eso, sino que ha conquistado el trofeo sacando su vena ganadora, su etiqueta de grupo competitivo. El Real Madrid de hace 5 años, o 6, o 10 siempre hubiera perdido una final con este guión.
     
 Nunca me he escondido, siempre he transmitido mi admiración y reconocimiento por el trabajo de Pablo Laso, a menudo debatiendo con muchos de vosotros que le tenéis cogida la matrícula. Lo que contamos durante el verano y refrescamos en Navidad está ahí, no se ha evaporado con los 2 nuevos títulos que adornan las vitrinas del estadio Santiago Bernabéu. Lo contado, contado está. Y son verdades como puños. Pero el que escribe pensaba que en ese escenario a este equipo le costaría mucho levantar el vuelo. Me han callado la bocaza, un zas en toda regla. Laso suma y sigue. Séptimo título, 11 finales de 14 posibles, 2 subcampeonatos europeos y ojo, para mí lo más importante, un baloncesto hermoso que será recordado por todos los amantes de este maravilloso deporte. No sé si este Real Madrid debería ganarlo todo. Lo único que sé es que el anterior, y nos remontamos a varios lustros, ganaba muy poco. Y hasta le costaba llegar a la última recta. "Lo que me deja satisfecho es demostrar que llegamos a las finales, que somos un equipo que compite siempre. Eso es lo importante porque en el deporte no se puede ganar siempre". Lo dijo el técnico vitoriano con la Copa de campeón entre sus manos. Qué razón tiene.




  Quizás le cueste reconocerlo, pero Laso también ha sido más Laso en los últimos tiempos. Porque en un equipo de Laso siempre jugará un Slaughter. Antes no aparecía, ahora sí. El "cotonou" con pasaporte de la República Democrática de Masacre es un virus que contagia rápido y se propaga por la pista, por el vestuario y por la vida. Qué importantes son esos actores en un equipo de baloncesto. Energía, actividad, compromiso, huevos. Fundamental sin ni siquiera mirar a la cesta. El Madrid ha llegado a la Copa en el mejor momento de la temporada. Rudy en su versión crack, Chacho con su varita inoculada por la magia, Felipe como toda la vida, Llull con su etiqueta de ganador incrustada con clavos en el alma. Y luego dos tipos que han sido capitales en el triunfo merengue.

  Gustavo Ayón y Andrés Nocioni. Soberbio el torneo del mejicano, que cuajó una final sobresaliente, acercándose al factor diferencial para el que fue contratado por su equipo sobre la bocina. Heroico Andrés Nocioni, el hombre que más fotografías y sonidos dejó en la tarde grancanaria. Jugó cojo, con el tobillo como una bota y con más energía que una bomba letal. Tapones de póster, alaridos de bestia, apretones de dientes para soportar el dolor. El Chapu celebró el título como si fuera el primero... o el último. Ser un ganador es ser Nocioni. El Madrid lo fichó para esto, para que fuera determinante en 4 ó 5 veladas señaladas. En la primera no ha fallado. "Respecto a mi lesión en el tobillo sólo le pido a mi mujer que estos días me permita descansar y no me deje a los niños", decía tras la final en Onda Madrid con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en los labios. El deporte necesita "piraos" como este tipo. Qué bendición.



   
  El Madrid ha levantado los dos títulos oficiales del curso 14/15. Y el de Copa lo celebró por todo lo alto, como debe ser, huyendo de esas fiestas funcionariales de muchos equipos que ya han triunfado demasiado. Los blancos apretaron la tecla de la unión y la solidaridad en aquel cercano (y lejano) último partido de 2014 perdido en el Carpena. A pesar de la derrota, los jugadores dejaron Málaga convencidos de que habían enderezado la nave hacia la ruta correcta. Ahora toca atizar a Xavi Pascual, olvidando una vez más que el deporte casi siempre son pequeños detalles. Esta vez Navarro (se apaga su incombustible luz) la falló y el genio canario la metió. Pudo ganar cualquiera porque son dos equipazos, pero la gloria se la llevó el Madrid. Jugadores como Felipe Reyes y Sergio Llull (-9 en la final) "¿Sólo? Dentro de la pista tenía la sensación de que era mucho peor", se reía a carcajada limpia tras el partido, llevan impresa a fuego la obsesión de la Copa de Europa. En Madrid, en mayo. Quizá otra vez con el Barça en el camino. Dos equipos ganadores que han demostrado muchas veces que se saben levantar. Este Real Madrid lo ha hecho. Y eso tiene mucho, muchísimo valor. 



sábado, 28 de diciembre de 2013

BASKET DEL BUENO POR NAVIDAD


     Se viene (cómo me gusta este latiguillo argentino) uno de los grandes acontecimientos deportivos de la Navidad. Ese Barça - Madrid o esta vez ese Madrid-Barça de baloncesto que focalizará toda nuestra atención mañana. Por primera vez en muchos (muchísimos) años no podré hacerlo por la radio, lo que sin duda echaré de menos, pero estaré pegado a la televisión para disfrutar de 40 minutos imprescindibles para los amantes del basket.

     Esta vez el Real Madrid comparece con un "ultra" favoritismo inédito en los últimos tiempos y el Barcelona con piel de cordero, pero real, no de esas que a veces los equipos se ponen para despistar al contrario. Los merengues acuden con la tarjeta de derrotas completamente inmaculada. Suman 12 de 12 en la Liga y 24 de 24 en todos los partidos oficiales del curso, récord histórico de la sección, un guarismo casi milagroso para estas alturas del curso. Los de Xavi Pascual se han dejado ya unos cuantos partidos por el camino (3 en ACB, 3 en Euroliga más la final de la Supercopa precisamente contra el Madrid), pero más allá de las derrotas los culés se encuentran sumidos en un mar de dudas. Juegan muy poco bonito, aún no han organizado los roles y otra vez la gran mochila ocupa la cada vez más castigada espalda de Juan Carlos Navarro. Con estos antecedentes y con un Palacio a reventar entregado a la filosofía Laso, parece difícil apostar unos cuantos billetes a la causa visitante.

     Pero el Barça es el Barça. Y los aficionados al baloncesto saben que no es una frase hecha, sino un termómetro que casi siempre dispara el mercurio cuando aparece en escena un derbi. Así fue sin ir más lejos en la pasada final doméstica, en la que un Barcelona bastante inferior se agarró con uñas, dedos, muñecas, brazos y corazón (mucho corazón) a una serie que al final el Madrid líquidó en el quinto partido. Para poder competir los azulgranas necesitan a un Navarro en versión machaco a los de blanco, a un Huertas activo (llega en en ese tramo de la temporada en el que parece un jugador menor), a un Papanikolau con raza y puntos, a un Oleson enchufado, a un Lorbek notable y a otro de los de dentro (¿Lampe motivado?) sumando en su tarjeta para aguantar el ritmo endiablado de los madridistas. Con estos ingredientes creo que el Barcelona estaría en el partido, aunque es casi quimérico pensar que el Madrid no cogerá un par de rachas en algunos momentos del duelo.
 
    
     Porque este Real Madrid tiene mucho. Muchísimo. Demasiados actores en el teatro para poder engañar o detener a todos. Sergio Rodríguez comparece en un momento sublime que le ha encumbrado al cajón de mejor base de Europa. Rudy anota, rebotea, roba, asiste, defiende... y hasta le da tiempo a desquiciar al rival. Llull es un compendio de vitaminas en los derbis. Carroll agarra la racha en el 6.75 y hace del "boom, boom" una religión. Mirotic sabe que este tipo de partidos alimentan su candidatura a ser el número 1. Y luego está Felipe, imperial en las últimas citas. Y la mala leche de Bourousis, que ya ha escrito varios tomos de ese libro llamado Saber Competir. Si a esta macedonia de virtudes y talento le unimos la actividad defensiva de tipos como Slaughter y Darden, repito que se antoja muy complicado pensar en un triunfo forastero.

     El Madrid huele su oportunidad de hacer sangre. El Barça sabe que este es el duelo que puede cambiar la tendencia, o al menos apretar esa tecla de la fe que hasta hora su teclado tiene escondida. Los hinchas merengues verán el partido relamiéndose por la posible bacanal de puntos y juego. Los aficionados culés pondrán la tele bajita con el miedo de una severa derrota. Laso buscará velocidad, defensa brutal y correr mucho. Pascual anhela una colección de telas de araña para enmarañar al talentoso contendiente. Pero todo esto que yo he escrito quizás no valga para nada cuando el balón toque el cielo del Palacio en la primera acción. Porque esto es un Madrid - Barça, ese choque en el que tantas y tantas veces no gana el que está mejor. Disfrutadlo. Y qué haya muchos más. Soy de los que piensan que esta rivalidad es un tesoro para el baloncesto. 
 
 
 
 

martes, 5 de noviembre de 2013

SIN TÍTULO



Algunas personas, sobre todo las que me quieren mucho, hasta el punto de quererme tal y como soy, me han recomendado que no escriba este artículo. Y seguramente, como siempre, tengan razón. Os digo lo mismo que les he transmitido a ellos. Si no lo publicara, no sería yo. Quizás sería un Blas más inteligente, más responsable, más racional, más reflexivo. Pero no sería yo. Y eso jamás me lo podría perdonar. Soy el único responsable de mi conciencia, y me acuesto cada noche con millones de dudas, con toneladas de autocrítica, con cosas de mi comportamiento diario que cambiaría… pero con la conciencia tranquila de no haber jodido a nadie, al menos conscientemente. Así he visto a actuar durante muchos años al único ídolo que tengo, que es mi madre. Eso es para mí la honestidad. Fallo a menudo en el intento, pero al día siguiente me levanto y lo vuelvo a intentar con denuedo. Es una lección que trato de impartirme a mí mismo cada día de mi vida.

Este blog (mi blog) me ha servido durante este tiempo para desahogarme, para compartir los sentimientos y sensaciones (no es lo mismo) que llevo dentro, para agradecer a nuestros oyentes su apoyo incondicional y para intentar que os acerquéis a la verdad sin maquillaje, que suele ser muy diferente a esa verdad con rímel, colorete y pintalabios que a algunos les interesa transmitir. La verdad que sufrimos, lloramos, peleamos, rabiamos, y defendemos los que hemos lucido con orgullo y dedicación la camiseta de Deportes Onda Madrid. No le impongo mi verdad a nadie, sólo faltaba. Pero tampoco me da la gana ocultárosla. Volvamos a finales de diciembre de 2012.

El terrible Expediente de Regulación de Empleo afectó en la radio a 5 redactores de deportes (José Luis Poblador, Margot Martín, José Vicente Delfa, Juanma Ruiz y Óscar Plaza) y tres técnicos de sonido (Vicente Martín, Manolo Soria y Juan Ignacio Ochoa). Antes habían dejado en la cuneta a Rosa Vara de Rey, Alfonso Núñez, Alfonso Bernardo y Jesús Ruiz, compañeros que no gozaban de un contrato normal (¡cuántas promesas incumplidas!), pero activos de los Deportes de Onda Madrid a todos los efectos. Siempre me ha gustado utilizar la expresión uno más. En lo personal sólo puedo decir que cada día que he compartido con ellos he tratado de que se sintieran a gusto, de cuidarles y de demostrarles que su trabajo estaba muy por encima de muchas personas que despreciaron, desprecian y despreciarán hasta el último día su privilegio de currar en la Radio de la Comunidad de Madrid. Aún ahora, varias batallas después y con la enorme satisfacción de comprobar cómo poco a poco están recuperando su sonrisa, cómo han salido de esta situación de mierda, sigo pensando que ellos han sido los grandes damnificados de esta injusticia. Porque dando mucho más que los que estamos y que algunos de los que ya no están, se han ido con las manos vacías. En definitiva, los Deportes de Onda Madrid vieron como 9 de sus 15 componentes se iban a la puta calle.

No tendría blog, hojas ni años de vida para escribir en este post el trato injusto que recibimos los Deportes de Onda Madrid dentro de nuestra casa. No tendría blog, hojas ni siglos de vida para contar el cariño, el calor, el apoyo incondicional que los Deportes de Onda Madrid hemos recibido (y recibimos) por parte de los oyentes. Ha sido emocionante vuestro constante empujón, cómo os habéis pringado en una causa que nosotros siempre hemos sentido como colectiva. Vosotros nos habéis llevado en volandas, nos habéis llenado el depósito de gasolina cuando se aproximaba a la reserva, nos habéis puesto la piel de gallina, nos habéis pegado un abrazo en la puerta del Metro de Delicias, nos habéis venido a visitar a nuestras cabinas de los estadios y pabellones, nos habéis ayudado a invadir las redes sociales, nos habéis acompañado todos y cada uno de los días de esta mierda que comenzó hace ya demasiado tiempo. Juntos hemos gritado ese VIVA LA RADIO tan especial  que no es más que una frase que conecta a la gente de Deportes de Onda Madrid con sus oyentes. Habéis estado ahí cuando más os necesitábamos, sois los únicos que habéis creído en nosotros desde el minuto 1 de este partido que perdimos ante un rival marrullero, cobarde e injusto. Un rival con una plantilla muy amplia, con demasiada gente en sus filas, incluso aquellos que megáfono en mano se erigieron en adalides de la camaradería y al final no han sido más que cómplices cobardes de la injusticia. Los oyentes sois la clave de todo esto, siempre lo seréis. Nosotros nos ponemos con pasión delante de un micrófono porque vosotros estáis detrás, siempre ha sido así. Todavía hay muchos iluminados que se creen que la radio la hacen para ellos mismos.

Mención especial merecen esos oyentes que ya se han convertido en amigos. Vosotros sabéis quiénes sois, lo sabéis perfectamente. Cada hostia, cada batalla, cada caída, cada lágrima, cada rabia, cada injusticia, cada palo os hemos encontrado ahí para que nos abrierais un restaurante de madrugada, para pedir una ronda de camisetas o para leer en una reunión de Peñas un precioso texto escrito con esa patata que late siempre a la izquierda. Nunca nos hemos caído porque nos sobran cojones, pero cuando tropezamos ahí aparecéis vosotros para enderezarnos. Jamás olvidaremos lo que habéis hecho por nosotros. Sin nada a cambio, por fidelidad. La verdadera fidelidad, la de corazón, no la de boquilla. Socio, como cantan en tu estadio, en las buenas y en las malas.

Resulta curioso como gente que has conocido gracias a la magia de la radio te trata infinitamente mejor que personas que llevan años compartiendo las paredes de la radio contigo. No quiero ser injusto, no me lo perdonaría, así que no voy a olvidar a los grandes compañeros de Onda Madrid que nos han apoyado. También vosotros, COMPAÑEROS, sabéis quiénes sois. Fue reconfortante escuchar la voz de alguien que intenta detener la meada que le están metiendo a los Deportes de Onda Madrid en una reunión en la Redacción, o el cariño sincero de alguien que quiso venir a compartir una cena con nosotros, o las caricias y aliento de aquellos que saben que algunos supervivientes rabian con la injusticia que se ha cometido con sus camaradas, con el fantástico modelo de radio Deportes Onda Madrid. Repito, no nos olvidamos de vosotros. La pena es que habéis sido excepción, insultante minoría… y eso tampoco lo vamos a olvidar jamás. Algunos todavía se marchan a su casa convencidos de que las víctimas son verdugos, o incluso que los que están muertos se han suicidado. ¿Cobardía? ¿Supervivencia? ¿Maldad? Me la refanfinfla. En cualquier caso es acojonante. A demasiadas cosas alucinantes hemos asistido en esta historia de mierda.
                Sábado 12 de enero de 2013. Fue el horrendo día de los burofaxes, de la ejecución masiva. Me tocó trabajar, pude entrar en la radio, estaba en la lista de supervivientes. Lo que viví aquella mañana de sábado me lo guardo para mí. Lo que os cuento a vosotros es que no vi ni a un solo jefe en la radio. Ni uno. Nadie quiso dar la barba, aguantar el tirón, pasar ese trago que va en el sueldo. Tampoco estuvo el Jefe de Deportes, José Luis Poblador, que en esta historia siempre actuó como jefe en la sombra y líder en el sol. Estoy absolutamente seguro de que él sí hubiera ido a su radio aquel sábado, pero no pudo ir porque desde la noche anterior sabía que le habían echado. Los que ejecutaron el ERE lo hicieron sin el más mínimo criterio profesional, sin evaluar rendimientos, actitudes, aptitudes, personas, labores, dedicación. Su gestión ha sido penosa, catastrófica, inaudita. Pero siempre he intentado transmitiros que en el motor de Onda Madrid no todo son piruletas de fresa, ositos de colores y nubes de caramelo. Y una mierda. Nadie de los que tenían peso en las negociaciones, NADIE, remó por evitar la injusticia que se iba a cometer con los Deportes de Onda Madrid. Ni la Dirección de la radio ni los Sindicatos. Nadie. Todos sabían mucho antes de la masacre quiénes eran los elegidos, hay documentos que así lo atestiguan. Ni siquiera tuvieron a posteriori la gallardía de despedir en antena a los camaradas técnicos Vicente Martín, Manolo Soria y Keko Ochoa. Eso también lo hicieron los de deportes que se quedaron, en nombre por supuesto de los 15 Yumas. 6 supervivientes que se quedaron en la empresa no precisamente por la ayuda de Dirección y Sindicatos.

                No olvidamos. Ni debemos ni podemos.  Porque no queremos olvidar que los Deportes de Onda Madrid fuimos acusados por muchos compañeros de, escribo literal, “hacer una campaña abusiva en las redes sociales”. Sí, el asunto de las camisetas, benditas camisetas, y también la recogida de firmas. Quizás a estos compañeros les jodió que colaboradores de 40 euros el partido (Chema y Escobar, vaya pelotas tenéis) defendieran más su curro que las inamovibles momias de sueldo Nescafé. Nadie quería ruido. Nadie quería menear el árbol. ¿Por qué? Porque nadie se iba a la puñetera calle salvo los 9 de Deportes de Onda Madrid y 3 técnicos de sonido. Tampoco queremos olvidar la humillación que sufrimos los Deportes de Onda Madrid en aquella reunión conjunta del jueves 10 de enero de 2013, en la que casi todos nos trataron como si no existiéramos simplemente porque alguien metió a los Deportes de Onda Madrid en el ERE de la tele. El primero, el Director de la radio, que fue el que más habló y el que más nos obvió. Por cierto, no ha cumplido nada de lo que dijo en aquel discurso más sensiblero que sincero. No olvidamos que la Presidenta del Comité de Empresa de la radio deslizó públicamente que Rosita, Núñez y Bernardo se iban a la calle porque algunos de sus compañeros de deportes ganaban demasiado dinero, comentario cruel, injusto, mezquino, inmoral y asqueroso. Que lo pronuncie una persona que tuvo peso en las negociaciones (o pudo tenerlo si hubiera querido) aumenta su gravedad. Tampoco olvidamos que un compañero brindara en una cafetería cercana al edificio de la Ciudad de la Imagen por la muerte de los Deportes de Onda Madrid. Ni que los que compartían una cerveza con él fueran incapaces de abrir la boca para censurar a un impresentable. Entre ellos uno que ahora va rajando de los ambientes de los campos, sin importarle la desazón que provoca en los narradores y en los técnicos comprometidos con su trabajo y con sus oyentes hacer partidos así. “Los de deportes, con Poblador a la cabeza, se lo han buscado”, aseguró en su momento un trabajador/a de la radio que desde el minuto 1 de esta batalla sabía que él/ella se quedaba. ¿Por qué tanta inquina? ¿Por qué? Ojalá el esmero que pusieron siempre en criticar a los Deportes de Onda Madrid lo usaran para recriminar a un camarada que hace unos días se vio una película en su turno de trabajo en el ordenador de un estudio. O en evitar que otro se rompa el cuello en sus interminables siestas en horario laboral.  Sí, después de esta masacre todavía veo a gente sobando a pierna suelta en su lugar de trabajo. O en tantas cosas inaceptables que ocurren cada día entre las cuatro paredes de esta Onda Madrid. Yo mismo lo veo con mis propios ojos, no necesito que nadie me lo cuente. Gente que se ríe de los muertos, de los vivos, de los enfermos, de los jefes y de los pelagatos como yo. Todos lo saben, nadie hace nada por evitarlo, los que cobran por esa responsabilidad prefieren no mojarse. Igual que hicieron con el ERE. “No podemos hacer nada, deciden los de arriba”, repiten a menudo como eterno Ibuprofeno para su conciencia. Aquí nunca pasa nada. Son algunos de Deportes los que tienen un muro delante que les impide ver la realidad. Los pesados son algunos de Deportes por tocar tanto los huevos, por denunciar lo que ocurre por escrito. Quejas que terminan en el cubo de la basura. Lo importante, como hemos escuchado a algún compañero/a, es conservar la nómina a fin de mes. Sí, eso es lo importante, no que la radio se esté yendo a la mierda.  Sin oyentes, sin alma. Sin nada. La única emisora de radio que no arregló el retardador, ese aparatito que te permite a ti, oyente, sincronizar la voz de tu narrador favorito con la imagen de televisión. Basta con haber cursado primero de radio para saber que sin retardador el oyente cambia de dial. Da igual, DEP retardador. ¿Para qué arreglarlo, verdad?

                Ha sido un año durísimo. Mi gente ha sufrido mucho, muchísimo, hasta los límites tolerables por cualquier ser humano. Mi gente ESTÁ SUFRIENDO mucho, muchísimo, hasta los límites tolerables por cualquier ser humano. Ahora cada uno ha elegido su camino, diferentes unos de otros. Yo los apoyo a muerte en su decisión porque sé lo jodida que ha sido, que está siendo. De verdad, no os podéis imaginar el desgaste que han sufrido algunos de mis compañeros durante los últimos meses. Por momentos, inaguantable. Han perdido salud y años de vida, estoy seguro. Ni uno solo de los actuales trabajadores de Onda Madrid (yo el primero) puede siquiera acercarse a la desazón de la gente que fue injustamente despedida. Por eso me jode tanto que nadie haga nada para respetarlos. NADIE. Ni los jefes ni los indios. Respetarlos sería hacer todo lo posible para que la delincuencia laboral sea castigada. Respetarlos es esconder las lágrimas en el cajón de la mesilla de casa y actuar con hechos. Claro que es difícil, y desgastante, y complejo. Pero eso es lo mínimo que merecen mis compañeros. HECHOS. Algo que vale infinitamente más que los mensajes, las lágrimas, las carantoñas, los “lo sientos” y los bla bla bla.

                Mis amigos, mis compañeros de DeportesOndaMadridforever, nuestros oyentes y todos aquellos que nos han respaldado merecen este artículo. Unas líneas que me han llevado muchas semanas y muchos repasos. Y sobre todo lo necesita mi alma, rabiosa y desencajada por asistir a tanta golfería, maldad y mediocridad humana. Eso sí, todos los malos momentos cargan en el remolque con algo bueno. Lo bueno de esta historia es que me he dado cuenta de con quién puedo ir al fin del mundo o sentarme a contemplar el mar (como en la imagen de este artículo sin título). Gente (poca) que, pase lo que pase,  estará siempre en mi corazón, en mi vida y en mis pequeños detalles. Vosotros sabéis quiénes sois.  Os quiero, amigos.