Etiquetas

Mostrando entradas con la etiqueta campeon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta campeon. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de junio de 2015

LA LEYENDA DEL CARRITO DEL PESCAO


    Era el momento más difícil de la temporada. Los cimientos del lasismo se tambaleaban. 2014, el año en el que el Madrid se dejó por el camino la Euroliga de Milán y la Liga de la resaca en el Palau, se cerraba con 2 derrotas en Barcelona y Málaga que colocaban el proyecto al borde del abismo. Bueno, para ser justos, eso era lo que pensaba mucha gente, yo entre ellos. Veía síntomas de agotamiento, de desgaste, indicios heredados de un verano en el que Pablo Laso estuvo durante semanas en el punto 50 de un dardo que nunca se llegó a lanzar. Me equivoqué. Lo he reconocido en varias ocasiones y es obligado y necesario hacerlo 100 veces más.
     
     Lo dicho, uno de los últimos días de ese mes de diciembre de 2014 un jugador del Real Madrid de baloncesto llegó al vestuario y habló con uno de los auxiliares del equipo. Llamamos auxiliares a aquellos que forman parte del colectivo sin tener ese protagonismo mediático reservado para artistas y entrenadores. El médico, los fisioterapeutas, el preparador físico, el delegado, los utileros, la gente del departamento de prensa y también esa persona imprescindible que se encarga día a día de que la vida de los demás sea más sencilla. Ellos son el “carrito del pescao”, así conocidos entre los jugadores del Real Madrid. Gente de puta madre. Pido perdón por esta expresión malsonante, pero después de 20 minutos clavado delante del ordenador he sido incapaz de encontrar otra palabra para definir mi sentimiento personal hacia personas con las que, gracias a mi profesión de periodista, he compartido viajes, risas, guiños y multitud de pequeños detalles que jamás olvidaré.



     
     El jugador reunió a todos en privado. Él con ellos, él con el “carrito del pescao”. Sin el entrenador, sin los otros jugadores, sin nadie más. Sorprendidos y muy atentos, los auxiliares lo miraron fijamente y escucharon su discurso. “Estamos en un momento jodido, pero saldremos de esta. Quiero que tengáis una cosa muy clara: somos un equipo y lo vamos a hacer todos juntos”. Abrió una enorme bolsa que tenía al lado y sacó un regalo, el mismo, para cada uno de los auxiliares del equipo. Le dio un abrazo a todos ellos y se fue. Este jugador nunca quiso que este tipo de detalles trascendieran, pero a riesgo de que me corte las orejas he considerado que este es el momento ideal para que los hinchas del Madrid conocieran la leyenda del “carrito del pescao”. No es sólo un detalle simbólico. Es un gesto que esconde el enorme corazón que tiene este grupo que se ha abrazado a la gloria. El regalo lo dejaremos en el cajón del misterio. El jugador era SERGIO LLULL. El MVP de la Final ACB. El ídolo insustituible del madridismo.

    
     Es posible que esta Liga haya sido la última gran función de Llull con el Real Madrid. Es muy posible que el póker histórico de los blancos haya sido la última gran obra de teatro de esta escuela de actores. No porque este equipo no vaya a ganar más títulos en los próximos años, sino porque probablemente ya no lo hará con este mismo grupo de jugadores. Sergio Llull, madridista hasta el corvejón, sabe que a sus 27 años quizás ha llegado el momento idóneo para abordar una gran aventura en la NBA. Lo ha ganado todo. Pero ojo, lo ha ganado todo después de perderlo todo. No olvida lo mal que sabe el menú de las derrotas. Porque tipos como Sergio Llull siempre formarán parte del gran e insustituible “carrito del pescao”.       


lunes, 18 de mayo de 2015

UN EQUIPO ALEGRE



           ¡Qué fin de semana más extraño! Lo pensaba esta pasada madrugada, cuando terminaba de ver el Real Madrid – Olympiacos grabado. Me siento muy orgulloso de haber estado vinculado a la información de baloncesto en Onda Madrid durante 15 años. Muy, muy, muy orgulloso. Joder (perdón), infinitamente orgulloso.  Fue para mí un proyecto inolvidable que aguantó más allá de los resultados de los equipos madrileños.  La vida gira rápido y ayer me tocó ver la final por la tele y de madrugada. Gajes del oficio. Y además esto es lo de menos, qué demonios. Porque estas líneas son para reconocer y dignificar a un equipo alegre.

Este Real Madrid es una excelente noticia para el baloncesto. Escrito está en la derrota, pues con más motivo ahora que acaba de elevar al cielo la Copa más importante de todas. Este título esconde un enorme mérito porque muchos, yo el primero, pensábamos en diciembre de 2014 que este éxito era prácticamente una utopía. Pero el Madrid de Laso, y de Llull, y de Rudy, y del Chacho, y de Felipe, y de Nocioni, y de Ayón, y de Campazzo, y de todos los que estuvieron durante los últimos años y ya no están, ha  podido con todo… y con todos.

          
                 Un equipo alegre. En el juego y en todo lo demás. Un grupo de trabajo que se ha levantado después de algunos golpes bestiales, sobre todo aquella final perdida hace un año en Milán. Ese directo al mentón hubiera mandado a la lona a cualquier púgil. Pero no, este equipo se levantó y siguió buscando la gloria. Este curso puede hacer pleno, Copa de Europa incluida. Mérito infinito. 8 títulos para Pablo Laso y 12 finales de 15 posibles desde que se sentó (es un decir, desde luego) en el banquillo del Real Madrid.
           Este equipazo ha podido con todos. Con las decepciones, con las 2 finales de Euroliga perdidas de manera consecutiva, con las dudas de fuera… con las dudas de dentro. Porque me reafirmo en que Pablo Laso ha trabajado con un equipo en el que, de partida, creía menos que en el de la campaña anterior. Y en verano el kilómetro 0 mostraba unos dirigentes con escasa confianza en el técnico vitoriano. Y como he escrito en el amanecer de este artículo, antes de que el calendario cambiara el 14 por el 15 este enorme éxito rozaba lo quimérico. El Madrid ha manejado de maravilla los pequeños detalles, esos que al final te permiten campeonar. Con Bourousis y Mejri fuera de la rotación. Con Nocioni jugando su mejor partido siempre el día D. Con su mejor jugador durante el año, Felipe, protagonizando las 2 peores funciones del curso en la Final Four. Con Slaughter como actor secundario imprescindible. Sin salvadores y con mucha pizarra del entrenador. Una gestión de los pequeños detalles sencillamente espectacular.

        
              No lo hago en la derrota, tampoco quiero abrazarme sólo a los resultados cuando llega la victoria de un equipo ganador. Quiero insistir una vez más en que el Real Madrid de Pablo Laso, que está a punto de culminar su cuarta temporada como entrenador, es una bendición para el baloncesto y para el deporte  en general. Ha ganado. Ha ganado mucho. Y encima no ha ganado de cualquier manera, sino abrazándose a un estilo que durante muchos momentos ha convertido la sagrada cesta en una actividad de ocio. Como periodista cercano al baloncesto madrileño, he tenido el enorme privilegio de conocer a un grupo de empleados que merece la felicidad. El vozarrón del doctor, la bondad del preparador físico, la nobleza de los utileros, la simpatía de los fisios, el cariño del delegado o la amistad del jefe de prensa. Creedme, esos también son equipo. Un equipo alegre. Un equipo que después de levantar la Novena regala felicidad.

lunes, 23 de febrero de 2015

UN EQUIPO GANADOR


 Hace 2 meses escribí un artículo en este mismo blog ("Callejón sin salida"). Los periodistas, aunque a veces tengamos fobia a las disculpas, nos equivocamos a menudo. Diría incluso que más que los demás porque en muchas ocasiones cometemos el error de abrazarnos a diagnósticos y predicciones absolutas. Por eso considero necesario enlazar aquel artículo antes de utilizar el bisturí para armar éste. Yo, en aquel texto, me equivoqué. Erré porque jamás pensé que el Real Madrid se fuera a levantar tan pronto, ni que fuera capaz de exhibir este gran nivel en 2015. Atisbaba evidentes síntomas de agotamiento en el proyecto, pero jugadores y entrenador me han demostrado que estaba equivocado. Porque el Madrid ha ganado la Copa. Pero no sólo eso, sino que ha conquistado el trofeo sacando su vena ganadora, su etiqueta de grupo competitivo. El Real Madrid de hace 5 años, o 6, o 10 siempre hubiera perdido una final con este guión.
     
 Nunca me he escondido, siempre he transmitido mi admiración y reconocimiento por el trabajo de Pablo Laso, a menudo debatiendo con muchos de vosotros que le tenéis cogida la matrícula. Lo que contamos durante el verano y refrescamos en Navidad está ahí, no se ha evaporado con los 2 nuevos títulos que adornan las vitrinas del estadio Santiago Bernabéu. Lo contado, contado está. Y son verdades como puños. Pero el que escribe pensaba que en ese escenario a este equipo le costaría mucho levantar el vuelo. Me han callado la bocaza, un zas en toda regla. Laso suma y sigue. Séptimo título, 11 finales de 14 posibles, 2 subcampeonatos europeos y ojo, para mí lo más importante, un baloncesto hermoso que será recordado por todos los amantes de este maravilloso deporte. No sé si este Real Madrid debería ganarlo todo. Lo único que sé es que el anterior, y nos remontamos a varios lustros, ganaba muy poco. Y hasta le costaba llegar a la última recta. "Lo que me deja satisfecho es demostrar que llegamos a las finales, que somos un equipo que compite siempre. Eso es lo importante porque en el deporte no se puede ganar siempre". Lo dijo el técnico vitoriano con la Copa de campeón entre sus manos. Qué razón tiene.




  Quizás le cueste reconocerlo, pero Laso también ha sido más Laso en los últimos tiempos. Porque en un equipo de Laso siempre jugará un Slaughter. Antes no aparecía, ahora sí. El "cotonou" con pasaporte de la República Democrática de Masacre es un virus que contagia rápido y se propaga por la pista, por el vestuario y por la vida. Qué importantes son esos actores en un equipo de baloncesto. Energía, actividad, compromiso, huevos. Fundamental sin ni siquiera mirar a la cesta. El Madrid ha llegado a la Copa en el mejor momento de la temporada. Rudy en su versión crack, Chacho con su varita inoculada por la magia, Felipe como toda la vida, Llull con su etiqueta de ganador incrustada con clavos en el alma. Y luego dos tipos que han sido capitales en el triunfo merengue.

  Gustavo Ayón y Andrés Nocioni. Soberbio el torneo del mejicano, que cuajó una final sobresaliente, acercándose al factor diferencial para el que fue contratado por su equipo sobre la bocina. Heroico Andrés Nocioni, el hombre que más fotografías y sonidos dejó en la tarde grancanaria. Jugó cojo, con el tobillo como una bota y con más energía que una bomba letal. Tapones de póster, alaridos de bestia, apretones de dientes para soportar el dolor. El Chapu celebró el título como si fuera el primero... o el último. Ser un ganador es ser Nocioni. El Madrid lo fichó para esto, para que fuera determinante en 4 ó 5 veladas señaladas. En la primera no ha fallado. "Respecto a mi lesión en el tobillo sólo le pido a mi mujer que estos días me permita descansar y no me deje a los niños", decía tras la final en Onda Madrid con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en los labios. El deporte necesita "piraos" como este tipo. Qué bendición.



   
  El Madrid ha levantado los dos títulos oficiales del curso 14/15. Y el de Copa lo celebró por todo lo alto, como debe ser, huyendo de esas fiestas funcionariales de muchos equipos que ya han triunfado demasiado. Los blancos apretaron la tecla de la unión y la solidaridad en aquel cercano (y lejano) último partido de 2014 perdido en el Carpena. A pesar de la derrota, los jugadores dejaron Málaga convencidos de que habían enderezado la nave hacia la ruta correcta. Ahora toca atizar a Xavi Pascual, olvidando una vez más que el deporte casi siempre son pequeños detalles. Esta vez Navarro (se apaga su incombustible luz) la falló y el genio canario la metió. Pudo ganar cualquiera porque son dos equipazos, pero la gloria se la llevó el Madrid. Jugadores como Felipe Reyes y Sergio Llull (-9 en la final) "¿Sólo? Dentro de la pista tenía la sensación de que era mucho peor", se reía a carcajada limpia tras el partido, llevan impresa a fuego la obsesión de la Copa de Europa. En Madrid, en mayo. Quizá otra vez con el Barça en el camino. Dos equipos ganadores que han demostrado muchas veces que se saben levantar. Este Real Madrid lo ha hecho. Y eso tiene mucho, muchísimo valor.