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miércoles, 31 de diciembre de 2014

CALLEJÓN SIN SALIDA


     “Cuando las cosas se hacen mal, no pueden salir bien”. La frase no es mía, sino de una persona que conoce muy bien a este Real Madrid de baloncesto. Quizás sea demasiado severa, pero es simple y no esconde ninguna mentira. En estas líneas vamos a tratar de desmenuzar los porqués de esta situación, que los lectores fieles (infinitas gracias) ya pudieron intuir en este blog durante el pasado verano. El Real Madrid acumula 6 derrotas oficiales en este curso que justo ahora cambia de año. Eso es noticia, desde luego. Y lo es mucho más que se haya dejado 4 de los últimos 5 choques ACB, todos a domicilio (Bilbao, Estudiantes, Barcelona y Málaga). Aún así, no es lo más preocupante. Ni de lejos. Lo alarmante en este proyecto 4.0 de Pablo Laso son las sensaciones, lo que se ve y lo que se atisba, los síntomas de una crisis aguda de fe. Es curioso, ¿no? Un equipo agobiado siempre por los impenitentes resultadistas se descose no cuando deja de ganar, sino cuando deja de ganar porque ha perdido la alegría y la cohesión. Para mí es un matiz tan importante como difícil de calibrar en los despachos más grandes de los clubes más grandes.

     Galopante crisis de fe. E insisto, todo viene del verano post-finales perdidas. Los que mandan (Juan Carlos y Florentino) no confían en Laso y Pablo lo sabe. Él ya no tiene los ayudantes que quiere ni confecciona la plantilla que desea. Los jugadores, que conocen esto, tampoco confían ciegamente en el entrenador que durante mucho tiempo los hizo felices, pero no les pudo regalar la Copa de Europa. Una falta de confianza que se arrastra desde Milán y que en algunos casos concretos es completamente irreconducible. Para ser feliz hay que creer en lo que se hace, en la vida y en el baloncesto. Los jugadores ya no lo hacen, por eso el actual Real Madrid es un equipo con evidentes taras defensivas y con un excesivo abuso del “yo me lo guiso” en ataque. Las mandarinas a veces entran porque son muy buenos, pero esa es una tendencia inaceptable para una escuadra que quiere campeonar. Y ojo, a continuación viene para mí lo más grave.



       
     Yo, hincha acérrimo de este maravilloso deporte llamado baloncesto, bendigo a Pablo Laso y al núcleo de este grupo de jugadores porque me han hecho gozar hasta el límite con momentos portentosos de juego y de showtime. Sí, ya sé que a ti, hincha acérrimo del Real Madrid, sólo te valen los títulos, pero yo no tengo esa necesidad y por eso siempre he plasmado en este blog que, ocurriera lo que ocurriera, el legado inmaterial de este proyecto era espectacular. El entrenador vitoriano tiene un mérito bárbaro. Por eso he escrito arriba que ahora viene lo más grave: no reconozco a este Pablo Laso. Lo noto completamente sólo, sin nadie de plena confianza al lado para templarlo, animarlo, censurarlo o ayudarlo en la intermediación con los actores. Conozco a Chus Mateo, es un sensacional entrenador y un fantástico tipo, pero no es el hombre de Laso. Así de fácil, así de difícil. Ya no es el Pablo Laso con fe ciega en esa pizarra que en tiempos muy turbulentos le hizo apostar sin ambages por Slaughter, Darden o Mejri, fichajes de entrenador, no de club ni de afición. El Laso que yo conozco estaría utilizando a Marcus Slaughter, y más con las penurias defensivas que exhibe su equipo. No valoro si sería acertado o no, simplemente defiendo que el Laso de verdad haría eso. Es como si supiera que tiene fecha de caducidad y estuviera convencido de no puede revertir la situación. Sólo, muy sólo.
      
     A día de hoy ningún jugador del Real Madrid está a su nivel, salvo Felipe Reyes. Ninguno. De los fichajes, Ayón, Rivers y Campazzo  no aprueban. Nocioni y Maciulis cumplen, nada más. Rudy asoma pero está lejos de su necesario rol decisivo. Llull luce un rostro crispado, no es feliz. Hasta mi admirado Sergio Rodríguez está mustio, penalizado mitad por la pubalgia, mitad por rara vez aparecer más de 20 minutos sobre el parqué. El juego interior no tiene peso en la faceta ofensiva del conjunto merengue. Bourousis está firmando una notable campaña, pero ha sucumbido estrepitosamente en las 4 o 5 citas en las que se ha topado con centers de verdad. Si con Tabak la pintura no carbura, ¿para qué lo ficharon?



     
     El Madrid no ha perdido nada… y ha perdido mucho. Opta a los 3 títulos grandes (febrero, mayo y junio) y viene de levantar la Supercopa en septiembre pasando por encima del Barcelona. Un Barça que tampoco carbura, lo cual siempre es un pequeño bálsamo en esa eterna e innegociable rivalidad. Todo esto es verdad, pero por el camino se van cayendo piezas básicas del otrora puzzle de las emociones: alegría, fe, confianza, cohesión, unión, sonrisas. Coño, si es que en muchos partidos este Madrid no corre, no mata la cesta rival, no chocan sus pechos tras una acción espectacular. Eso también es baloncesto, aunque jamás acabe en las vitrinas de la sala de trofeos. Jugadores, responsables. Pablo Laso, mucho. Pero Juan Carlos Sánchez y Florentino Pérez, también. Dejaron en la nevera un yogurt que ellos ya veían como caducado, y las decisiones a medias no son decisiones. La sección de baloncesto tiene un problema desde hace mucho tiempo, un problema que no nace ni en la sección ni en el baloncesto. Los que mandan quieren a la chica guapa a toda costa. Y aunque estén a punto de convencerla después de un largo y trabajado cortejo, en cuanto notan que se lo piensa un poco, la rechazan. Y el deporte nos ha enseñado muchas veces que para el sí de la chica guapa hace falta recorrer un camino lleno de decepciones, derrotas y fallos. Si el chico cree, lo logrará. Este chico apuesto, elegante y con recursos llamado Real Madrid ya no cree. Sólo un giro inesperado o un milagro pueden frenar el deterioro del proyecto más largo del baloncesto moderno del Real Madrid. Y ojo, no seré yo quien entierre esa posibilidad porque el dios del basket me ha sorprendido en muchas ocasiones. Pero ahora mismo la situación del Real Madrid de baloncesto parece un callejón sin salida.



miércoles, 3 de septiembre de 2014

VOLANTAZOS QUE ALIMENTAN LA OBSESIÓN



     Es el verano más delirante que recuerdo en y alrededor de la sección de baloncesto del Real Madrid. Ya metidos de lleno en el mes de septiembre, a 23 días para el arranque del curso oficial, el club está pegando otro volantazo, uno más desde que se le escapó la Final de la Liga ACB. Espero que las siguientes líneas sirvan para explicar qué hace ahora el Madrid, cómo lo hace y, sobre todo, por qué lo hace.
     
     La plantilla estaba cerrada. Campazzo por Draper, Rivers y Maciulis por Darden y Dani Díez, Nocioni por Mirotic. Campazzo, Sergio Rodríguez y Llull como bases. Rudy, Carroll, Rivers y Maciulis para el perímetro, Nocioni en el límite exterior/interior y Felipe, Slaughter, Bourousis y Mejri como actores en la pintura. Insisto, el roster estaba cerrado. Así lo pensaba Pablo Laso, así lo transmitían desde el club, así lo asumían todos los protagonistas llamados a sugerir o tomar decisiones.  Las cosas han cambiado. Y han cambiado fundamentalmente por una razón. Una razón llamada Barcelona.
      
     El Barcelona ha fichado muy bien, escandalosamente bien. Xavi Pascual dispone de una plantilla descomunal, candidata a conquistar todos los títulos. Satoransky, Doellman, Pleiss y ahora DeShaun Thomas. Más todo lo que tenía. Simplemente bestial.  Un proyecto con mucho dinero (ojo a la indemnización que acaba de cobrar Lorbek), un proyecto sólido que ha sabido consolidarse cuando más altas y revueltas venían las olas, una virtud impropia de un club de fútbol. Florentino Pérez tiene una obsesión, la Final Four que se disputa en Madrid. Y Juan Carlos Sánchez, muy cercano siempre a las necesidades y a las vibraciones del presidente, ha llegado a la convicción de que con estos mimbres no es posible competir con el eterno rival en igualdad de condiciones. Me atrevería a decir que a estas alturas de la película el Director de la sección anda algo más que inquieto. Esa es la génesis de lo que es para mí la gran noticia: el Real Madrid quiere fichar. El Real Madrid busca un interior de garantías. El Real Madrid ha entrado de lleno en el mercado. Ahora hablamos de nombres propios, pero antes busquemos qué papel ocupa en esta función Pablo Laso.

     Como os hemos contado en algún artículo anterior, Pablo Laso ya no ficha. Sus tres primeros proyectos en el banquillo merengue fueron cimentados por él. Laso solicitaba necesidades para su estilo de juego, el club ejecutaba sus deseos porque tenía fe ciega en su proyecto (sobre todo los dos primeros cursos, el tercero menos). Es así como jugadores como Slaughter o Mejri llegaron al Madrid. Eran actores que se acoplaban al estilo del entrenador, no al estilo del club, que en condiciones normales jamás hubiera optado por ese tipo de contrataciones. Ahora eso ha cambiado. Florentino no cree en Pablo Laso. Juan Carlos Sánchez no ficha lo que demanda Pablo Laso. No han renovado a los ayudantes de Pablo Laso. Pablo Laso no ha tenido nada que ver en la elección de sus nuevos asistentes. Darden no fue renovado a pesar de que era una prioridad para Pablo Laso. Y así un sinfín de detalles cotidianos que convierten en inexplicable la continuidad del entrenador. ¿Dinero del finiquito? Honestamente uno ya no sabe qué pensar.




     La situación del técnico vitoriano en el Real Madrid es como la de ese yogur que mantenemos en la nevera aun sabiendo que jamás nos lo comeremos y que tiene fecha de caducidad. Pablo Laso se siente solo. Es Alberto Herreros el único que mantiene un vínculo real con él. Se aferra a su derecho de tener un contrato por dos temporadas y asume que va a tratar de hacerlo lo mejor posible con las piezas que el club ponga a su disposición. Así de fácil… así de difícil. Os hablo de volantazos en el título de este post. Un volantazo es renovar a tu entrenador dos años más para quererlo echar 8 meses después.
     
     Os contaba antes que la verdadera noticia es que el Real Madrid quiere fichar. Pablo Laso está (moderadamente) contento con esta plantilla, asume que se puede adaptar a su estilo y ser competitiva en España y en Europa. Pero él ahora se queda en la pizarra, no tiene peso en los despachos. Y es aquí cuando aparecen los nombres, los deseos, la obsesión. Sí, la obsesión de Florentino Pérez y Juan Carlos Sánchez de dar un salto de calidad, de poner sobre la mesa un actor que dispare las ilusiones de la desorientada hinchada madridista. Quieren un interior de garantías, aunque honestamente tal y como están las cosas ahora mismo no descarto incluso un movimiento en otra posición. Y preguntan por Gustavo Ayón, una opción imposible porque el Barcelona supo amarrar sus derechos para Europa. Y es ahí cuando aparece otra vez el deseado Luis Scola.




     Scola. 34 años. Le queda una temporada de contrato con Indiana Pacers a razón de 3,7 millones de euros. Una pasta a la que nunca podría llegar el Real Madrid, que sí estaría dispuesto a realizar un esfuerzo económico muy importante por lograr su fichaje. Hablamos de un sueldo por encima de los 2 kilos, una cantidad sólo superada (y no por mucho) por el recién renovado Rudy Fernández. Aportamos más datos. En las últimas horas Juan Carlos Sánchez se ha visto en persona con Luis Scola, que comparte representante con Andrés Nocioni y Facundo Campazzo. El Madrid ha activado una operación repleta de obstáculos, el más importante que el futuro de Scola sólo depende de la decisión unilateral de los Pacers. Además el argentino cobrará la amnistía de los Rockets (¡5 millones de euros! la próxima campaña en la NBA. Pero el club quiere hacer su parte: despertar el interés del jugador, ofrecerle un buen contrato a corto y medio plazo, rodearlo de amigos en la plantilla y convertirlo en uno de los actores principales de un proyecto cuyo único camino sin retorno es levantar la Copa de Europa en el Palacio de los Deportes. Esa es la noticia y así la trasmitimos anoche. El Real Madrid está intentando el fichaje de Luis Scola. Un jugador, que aunque parezca una barbaridad afirmarlo, no encaja como anillo al dedo en el estilo de Pablo Laso. Fichar a Luis Scola es fichar a uno de los mejores y, por tanto, jugar mucho para él. Creo que me explico bien.
     
     A día de hoy, esta es la prioridad del Madrid, Luis Scola. Pero no es el único nombre propio en la libreta de los dirigentes, algo que siempre acontece cuando la decisión de fichar está tomada. Aquí aparece Hamed Haddadi, center iraní ex NBA que lo está haciendo realmente bien con su Selección en la Copa del Mundo. Un perfil completamente diferente al de Luis Scola, y no hablo sólo de la obvia calidad, sino del tipo de jugador. Un 2.18 de las características de Haddadi te obliga a jugar de una manera determinada, muy lejana a la hoja de ruta de Pablo Laso. Y ojo, encima es extracomunitario, por lo que sería impepinable para la sección negociar el finiquito de Marcus Slaughter. Un jugador que por otra parte continúa en el Madrid sólo porque firmó su renovación antes de la final liguera. Y otro ingrediente más para esta macedonia: a día de hoy Campazzo no posee el pasaporte comunitario. Pues eso, lo de los volantazos y la obsesión de Florentino Pérez por la Final Four en la que él también será el gran anfitrión.   





     Los días 26 y 27 de septiembre el Real Madrid de Pablo Laso (creo) afronta el primer título de la temporada. Allí, en Vitoria, estará también el Barcelona. Allí, aquí, y en Sevilla (Scola comparte sede con la Grecia de Fotis), está la sombra perenne de Katsikaris. En el Real Madrid, también en la sección de baloncesto, la última palabra sobre cada asunto es siempre de Florentino. He considerado necesario este artículo para explicar que las noticias no son blancas o negras, sino que tienen sus grises, a pesar de que muchas veces los propios periodistas elegimos el titular contundente y poco interpretable. La noticia es que el Real  Madrid ha tomado la decisión de fichar. La noticia es que el deseado es Luis Scola. La noticia es que el club ha puesto en marcha todos sus mecanismos para lograr una operación harto complicada. La noticia también es que existe un plan B, y que ese apunta a la torre asiática Haddadi. Aquí está el qué, el cómo y el porqué de estos volantazos que alimentan la gran obsesión presidencial de ganar a toda costa la Euroliga 2015. 


sábado, 12 de julio de 2014

SÍ, NO, TAL VEZ



     Pablo Laso. Él es el auténtico protagonista del culebrón del verano en el mundo del baloncesto. Han transcurrido 16 días desde el final de la Final de la Liga ACB y ni en uno solo de esos días se ha dejado de hablar del futuro del entrenador vitoriano. La posición real (o legal, para ser más exactos) del técnico es exactamente la misma que hace 20 días, 2 meses u 8 meses, que fue justo cuando Laso amplió su vinculación con el Real Madrid hasta el verano de 2016. Nada ha cambiado. Él es el entrenador del Madrid. Es un hecho irrefutable.

     Pero lo legal  no puede ocultar lo real, es decir, lo que está pasando alrededor de la figura de Pablo Laso. Mi profesión me ha permitido estar muy cerca de las aventuras y desventuras de la sección de baloncesto del Real Madrid durante los últimos 14 años. Imaginaos las historias de todo calado que han acontecido durante ese tiempo. Pues bien, me cuesta mucho encontrar entre mis recuerdos algo parecido a este culebrón. Sabéis que intento ser muy autocrítico con el periodismo y, sobre todo, conmigo mismo. La profesión yerra cuando intenta adelantar una noticia por todos los medios y Twitter (tan útil en ocasiones como diabólico en otras) alimenta esa falta de rigor a la hora de tratar esa noticia. El hincha del Madrid y el aficionado al basket en general ha podido leer durante los últimos días incluso que Pablo Laso ya había sido destituido. Sólo con teclear "Pablo Laso" en el buscador de las redes sociales encontramos auténticas barbaridades que se escriben sin una mínima dosis de rigor. Así es imposible que nos ganemos la credibilidad como gremio. Por eso lo más bonito que alguna vez me han podido decir como periodista es que tengo credibilidad, eso es algo muy hermoso. Lo dice alguien (yo) que me equivoco 1000 veces al año.

     Bueno, volvamos al lío. Yo estaba convencido de que Pablo Laso estaba fuera del Real Madrid. Pero seguro. Hasta el punto de que me hubiera apostado con cualquiera una docena de cenas. Todos los indicios, todas las conversaciones, todas las llamadas, todos los movimientos, todas las fuentes que he consultado me llevaban a esa convicción. No sólo lo pensaba yo, sino muchos empleados de la sección, varios jugadores y unos cuantos periodistas muy bien informados. Qué coño, el primero que pensaba que estaba en la calle era el propio Pablo Laso, que no es tonto. Él sabe que el respaldo que ha recibido nunca ha sido incondicional, ni siquiera en los mejores momentos, durante los cuales renovó más por inercia y por apoyo popular que por convicción profunda de los dirigentes. Como he escrito en varias ocasiones, sólo Alberto Herreros ha confiado siempre, y sin ninguna fisura, en el entrenador vasco.
 
 
 
 
     Pablo Laso está ahora muy cuestionado dentro de la propia sección y también en los despachos del club. Se le achaca no haber sabido dirigir bien las finales y haber perdido las riendas del vestuario en el tramo final de la temporada. Si la decisión de prescindir de él no llegó a estar tomada (soy honesto y tengo que decir que lo desconozco), desde luego ha estado muy cerca. Rozando el palo, besando el larguero, haciendo 10 corbatas en el aro antes de escupir el balón. Muy, muy cerca. Pero mucho. Se ha prescindido de sus ayudantes, sobre todo de uno, Hugo. López, que al fin y al cabo siempre ha sido la mano derecha del entrenador en su todavía corta carrera en los banquillos. Se ha sondeado a otro técnico, Fotis Katsikaris, al que la normativa vigente no le permitiría firmar con un club hasta la finalización de la Copa del Mundo, en la que el griego va a dirigir a la Selección de su país. Y para mí lo más importante: a diferencia de los tres últimos veranos, el club no está contando con Laso para la planificación del próximo curso. No existe un contacto regular. Es cierto que el único fichaje cerrado es Nocioni, actor al que en su momento el técnico dio el visto bueno, de hecho está encantado con esa adquisición. Pero Pablo ha dejado de tener peso en ese departamento. Valga como ejemplo que ha insistido muchas veces en que Darden es imprescindible en su proyecto y el americano no va a ser renovado. Incluso desde los despachos del Bernabéu se desliza que Slaughter podría ser cortado semanas después de firmar su renovación a petición del actual entrenador. De locos.

     No sé qué va a pasar con Pablo Laso. Si Florentino Pérez ha frenado el despido no lo ha hecho por convicción, ya que mi información es que el presidente tenía sentenciado al entrenador. ¿Motivos económicos? No me cuadra porque eso nunca ha sido impedimento en el Real Madrid a la hora de tomar decisiones importantes, y esta desde luego lo es. ¿Las encuestas? Honestamente creo que tienen su peso, como el hecho de dejar desierto el banquillo todo el verano ante la incredulidad de los aficionados y frente a la excelente gestión estival que está haciendo el Barcelona.

     El caso es que el "Pablo está fuera" ha mudado al "Ya no tengo ni idea de lo que va a pasar con el entrenador". Y eso, queridos lectores, lo dicen personas muy cercanas al culebrón. Yo ya no me apostaría la docena de cenas que hubiera firmado sin dudarlo hace una semana. Lo que tengo claro es que si Pablo Laso arranca su cuarto proyecto al frente del Real Madrid, el curso puede ser un infierno para él. Su figura se ha horadado mucho antes incluso de agarrar la bola en la primera sesión de pretemporada. Los jugadores saben que no está respaldado. El club va a elegir a sus ayudantes. Los ingredientes de planificación deportiva no van a ir de la mano del cocinero. Y encima, visto lo visto, para Laso sería ganar la Copa de Europa o fracasar estrepitosamente a ojos del club. Dejemos al margen el hecho incuestionable de que Pablo ha ganado más títulos, ha estado en más finales, ha llevado a más gente al pabellón y ha atraído a nuevos patrocinadores. La decisión deportiva del Real Madrid siempre será debatible, discutible, opinable. Pero la forma de encauzar este asunto está siendo una gran pifia y así me lo trasmiten a diario decenas de fieles aficionados al baloncesto madridista.
 
 
 

     Esto es como la relación entre unos novios a los que les ha ido muy bien. El “tal vez” es siempre lo peor porque acaba terminando como el rosario de la aurora. Si el Madrid lo tuviera claro, si apostará de facto por el “sí”, hace tiempo que hubiera ratificado públicamente al entrenador (sé que lo hizo esta semana Herreros, pero me refiero a una acción que finalizara de cuajo con cualquier especulación). Si fuera un "no", Laso habría sido ya despedido. De momento la novia se decanta por el "tal vez", una presión enorme para el novio y una insatisfacción irrefrenable para los invitados a la futura boda, es decir, para los aficionados que se quieren enganchar a un proyecto consistente y ganador. Pablo Laso y el Real Madrid. El culebrón de verano más largo e intenso de los últimos años.
 
 
 
 

viernes, 27 de junio de 2014

EL TRIUNFO DE LO EXTRAÑO



     Es extraño que el Barcelona le gane una final al Real Madrid anotando 88 puntos de media. Es extraño que Lampe, residual durante muchas semanas, se convierta en el gran protagonista del último choque con el triple ganador y, ojo, una acción decisiva justo anterior rebañando una cesta de Llull que ya entraba. Es extraño que Navarro, después de una fantástica final, se erija en MVP tras un partido con 2/9 en tiros de campo y 7 pérdidas de balón. Es extraño el enorme cortocircuito de Mirotic, corajudo en la última función pero lejos de su mejor versión. Es extraño que Sergio Rodríguez, durante meses el mejor actor de Europa, falle triples decisivos que anota en cada calentamiento con los ojos cerrados. Es extraño que Pablo Laso se rompa el tendón de Aquiles de traje y corbata. Y más extraña, incluso histórica, su fotografía abandonando en silla de ruedas el Palau enrojecido a causa de su indignación con los árbitros. Es extraño que esa imagen se convierta en una metáfora del estado físico de su equipo, transformado en el último cuarto de la final en el Real Madrid CM (Club de Muletas), con hasta 4 jugadores saliendo cojos del vestuario. Es extraño que otra vez estuviera preparada la tumba de Xavi Pascual, cuyo bagaje en el Barça es sencillamente espectacular. Es extraño que Tomic no se mire cada mañana al espejo para decirle que debe ser el número 1. Es extraño que desde la T4 del Bernabéu descartaran a última hora el fichaje de Jimmy Baron a pesar de las advertencias racionales de los técnicos, que conocen muy bien la exigencia física de un calendario demoledor. Es extraño que no esté asegurada la continuidad de Pablo Laso en el banquillo del Real Madrid.

     Bueno, sinceramente esto último no es nada extraño. Como hemos escrito en este blog en varias ocasiones, el técnico vitoriano jamás estuvo plenamente respaldado por su club. Jamás. Ni siquiera en los mejores momentos. Como ya he confesado en alguna ocasión, estoy firmemente convencido de que Laso no hubiera arrancado su recién terminado tercer curso si llega a perder el quinto choque de la final 2013. Puede resultar extraño que un proyecto dependa de un día, de un resultado, de una función... pero es la realidad. Así ha sido en el Real Madrid casi siempre, en fútbol y en baloncesto. Así ha sido siempre con Florentino Pérez en la presidencia. No olvidemos que Pablo Laso renovó su contrato (hasta 2016) ya con esta campaña iniciada, más por la inercia de los resultados, el juego y la felicidad de los aficionados que por convencimiento de los que mandan. El entrenador del Madrid sólo ha tenido un apoyo incondicional en el Real Madrid, el de Alberto Herreros. No es casualidad que anoche ambos, junto a Hugo López, mano derecha del entrenador, fueran los últimos en abandonar el Palau Blaugrana. Juntos, como siempre. Respaldo que en los momentos malos agradecen los sufridos profesionales de un equipo de la élite.
 
 
 
 
     La temporada ha finalizado mal para el Madrid. Se ha convertido en una senda interminable por caminos abruptos y con escasa gasolina. Pocas piernas, pocas fuerzas, mala condición anímica y quizás déficit de autocrítica después de la final de Milán. Es curioso como el equipo que más enamoró al espectador en muchísimos años ha terminado abrazándose a la heroica con varios cojos, toneladas de coraje y superávit de corazón. Con una pizca más de acierto el duelo hubiera vuelto al Palacio. Porque el Barça ha completado una final fantástica, soberbia, pero es asombroso que le costara tanto cerrar el último partido con todo a favor. Sí, a eso también le pegamos la etiqueta de "extraño". Como la sensación de que algo se ha resquebrajado en el vestuario del Madrid, un equipo repleto de gente joven con ganas de comerse el mundo. Quizás sea por verse las caras a todas horas, 80 partidos y decenas de viajes dan para mucho. Pero es evidente que la química no aguantó hasta los créditos de la película.

     El cortoplacismo domina el deporte. En los periódicos y en los despachos. Hace 41 días el Madrid apalizaba al Barcelona. Pascual estaba en la calle y Navarro en el asilo. Demencial, claro. Pero hace 41 días algunos colocaron a ambos en ese humillante escenario. Ahora le toca al Madrid. Por eso afirmo siempre que puedo que para mí la verdadera brillantez de los dirigentes deportivos se demuestra cuando manejan un proyecto más allá de resultados puntuales. Muchos aseguran que esta plantilla con otro entrenador lo hubiera ganado todo, un discurso que acoge con gusto el presidente de la entidad. Es indemostrable. Así que mejor acudir a lo empírico. Hace muy poco tiempo la sección de baloncesto del Real Madrid era un solar. Un auténtico solar. Un solar de dimensiones siderales. En cuanto a apoyo interno, títulos, decisiones, sensaciones y hasta muchos jugadores. Coincidieron buenos movimientos en los despachos con la llegada de un entrenador que ganó y enamoró. ¿Ha ganado menos de lo que debe? No lo sé. Pero ha ganado bastante más que la media de la versión moderna de la sección. Porque queda muy grandilocuente comparar a este Real Madrid con su historia. Pero lo que hay que hacer es comparar a este Real Madrid con su pasado reciente. Es un matiz muy importante. Trascendental.
 
 
 

     El Real Madrid ha recorrido un camino. Necesita autocrítica para pulir errores, reubicar roles y armar otro proyecto ganador. Insisto. Pablo Laso nunca se sintió plenamente respaldado, ni siquiera con 9 finales, 1 Liga, 2 Copas, 2 Supercopas y 2 finales de Copa de Europa (la última perdida en la prórroga). El pasado verano rechazó ofertas que doblaban su sueldo porque estaba (y está) convencido de que tiene entre las manos un desafío hermoso. Ahora espera sentado en el sofá, con el pie y el alma rotos, la decisión de sus jefes. Los contratos en los clubes grandes valen para poco, el triunfo del cortoplacismo es imparable. Hace apenas un mes el proyecto era retener las piezas interiores, fichar un base por Draper, hacerse con un 3 alto de calidad y mantener el bloque con una plantilla de más de 12 peones. Con Pablo Laso. Hoy todo aquello parece papel mojado. Eso sí, como aficionado a este precioso y bendito deporte llamado baloncesto reivindico el derecho a analizar la realidad por encima de las vitrinas. Acojonante cómo ha llegado a jugar este Real Madrid. Una bendición para el basket, una oferta de ocio espectacular. Como el baloncesto del Barcelona en la gran final, por momentos maravilloso. Hay que valorar eso. Aquel jamón ibérico llenó nuestro buche, el de cualquier aficionado imparcial. Para los parciales, para los madridistas apegados a la sección de baloncesto, os recuerdo que no hace mucho el Madrid no se comía ni la mortadela, le costaba horrores incluso llegar con regularidad a las finales, disputaba semifinales (y a veces cuartos) con la convicción de que tocaba (otra vez) palmar. Sería muy extraño entender la decisión de volver a arrancar desde el kilómetro 0. Pero ya sabéis que últimamente triunfa lo extraño.


lunes, 2 de diciembre de 2013

UNA HISTORIA DE AMOR CON DESENCUENTROS


     Pablo Laso – Real Madrid, un matrimonio que debería ser un ejemplo de convivencia, de amor, de felicidad, de entusiasmo, de abrazos y de cenas románticas con velas a la luz de la luna. La pareja ha renovado su compromiso hasta el verano del año 2016. Sí, porque aunque fuera difícil de entender, hasta ahora el club no había reforzado a su entrenador a pesar de que su contrato expiraba al final de esta temporada ya iniciada. Desde fuera puede parecer que la relación Real Madrid – Pablo Laso ha sido idílica, que no ha tenido ninguna fisura, que la confianza de la sección y del club en su empleado no muestra costuras. No es así. No sé si la renovación del entrenador vitoriano ha sido simplemente una cuestión de inercia o de atender al clamor popular, pero de lo que estoy convencido al 100% es que el matrimonio Laso - Real Madrid es una historia de amor con varios desencuentros.

     Pablo Laso. Una Copa, Una Liga, un par de Supercopas  y una final de la Copa de Europa tras 17 años de profunda sequía. Y más allá de las copas, de los trofeos, de los títulos Laso se ha abrazado con fervor y pasión a ese maravilloso intangible llamado juego. Yo no soy aficionado del Real Madrid, soy aficionado al basket, un simple periodista enamorado con locura de este hermoso deporte llamado baloncesto. Supongo que la hinchada del Madrid demanda títulos. Pero para los que estamos metidos de lleno en este negocio, para los que día tras día tratamos de convencer a la gente de que el basket es la leche, Pablo Laso, sus jugadores y su proyecto son una bendición. El Madrid gana y ENAMORA. Juega como los ángeles, da espectáculo, se exhibe en cada actuación. Como bien expresó hace unos días el maestro Antoni Daimiel, hoy por hoy el Real Madrid es la oferta de ocio más atractiva de la capital de España. Ojo, no es fácil lograr eso. Es harto complicado meter 12.300 aficionados en el Palacio en un partido de la primera fase de la Euroliga. No olvidéis de dónde venía este equipo. No olvidéis con qué dudas, y en algún caso hasta befas y chanzas, aterrizó Pablo Laso Biurrún en uno de los banquillos más eléctricos del deporte español.
     Laso ha firmado su renovación, sí. Sus ayudantes en el cuerpo técnico todavía no, por cierto. Durante el proceso Laso jamás ha alzado la voz. No ha presumido, no ha sacado pecho, ni siquiera ha utilizado algún resorte a su disposición para presionar al club. Su posición siempre ha sido cómoda en el sentido de que tiene el apoyo casi unánime de su afición, que adora a su entrenador y le agradece haberle devuelto la capacidad de presumir de equipo y de vitrinas. Posición cómoda también en el sentido de que Pablo Laso ha tenido un buen abanico de ofertas para dirigir a equipos de la élite europea. Al coach vasco le han ofrecido proyectos muy ambiciosos y pasta para vivir de las rentas unos cuantos años. Y su salida del Madrid era muy, muy, muy, pero que muy asequible. Una cantidad tan ridícula para ejercer la rescisión de manera unilateral que hasta me da pudor publicar aquí las cifras. Calderilla si hablamos de deporte profesional de primer nivel. Desde luego, este entrenador no se ha quedado por dinero. Ganará aquí bastante menos de lo que podría haber percibido en otros lugares.

     Vuelvo al matrimonio. Tengo muy claro que en esta relación de pareja una parte ha dado mucho más que la otra. Pablo Laso y su cuerpo técnico se abrazan a un vértice romántico casi imposible de ver en el deporte profesional. Son madridistas, sienten mucho esos colores. En algunos casos concretos estos trabajadores, estos empleados son hinchas acérrimos del Real Madrid. Ganar títulos con otras escuadras les haría profundamente felices, pero levantar copas con el Madrid supone para ellos una satisfacción eterna. Creedme, no exagero. Por eso afirmo que Laso ha dado mucho más de lo que ha recibido. Con su trabajo, rozando el sobresaliente. Y con su compromiso, que le ha llevado a aceptar una oferta de renovación rubricada tras un largo proceso que él no consideraba justo. En definitiva, el entrenador de Vitoria se ha entregado en cuerpo y alma, de cabeza y corazón, con pizarra y sin ella al Real Madrid de baloncesto.

     ¿Y la otra parte? Pues te quiero, pero no eres el único. Me gustas, pero no lo veo claro. Te respaldo, pero si me ganas esta Liga. Dame un beso, pero no me estrujes. Te renuevo, pero tarde y sólo por un año. Sí, así como suena. La primera oferta que el Real Madrid le pone al entrenador sobre la mesa es de un año. Solamente un año. ¿Ofreces un año si estás convencido de que en tu banquillo tienes al comandante de un proyecto ganador? Esta no es una historia de amor con nubes de colores, paseos románticos en barco, piruletas de corazón y abrazos en una piscina de bolas. No, no lo es. El único que siempre, desde el principio, incluso cuando era más difícil, ha mantenido su apuesta sólida por Laso es Alberto Herreros. Insisto, el único. De hecho, aunque sea indemostrable, estoy completamente convencido de que si el Real Madrid no hubiera ganado el quinto partido de la Final ACB 2013 Pablo Laso no sería ahora mismo su entrenador.

               

                 

viernes, 5 de julio de 2013

APUESTA LIGHT POR PABLO LASO


      El Real Madrid no ha renovado a Pablo Laso, al que sólo le resta una temporada de contrato. Ni piensa renovarlo, al menos de momento.  El club esgrime “motivos económicos” para no abordar de inmediato la continuidad de un entrenador que no goza precisamente de un sueldo top. El Madrid se aferra al famoso “ajuste” presupuestario de la sección de baloncesto para no ampliar la vinculación del técnico vitoriano, un argumento que desde fuera se antoja peregrino. ¿Es light, sin cafeína y sin burbujas la apuesta del Real Madrid por Laso?

      Pablo Laso anda con la mosca detrás de la oreja. Sabe cómo funciona este negocio y que afrontar la temporada sin red contractual puede llegar a convertirse en un suplicio. Siente que merece un refuerzo del club para consolidar su posición como entrenador del Real Madrid. En 2 años ha ganado 2 títulos grandes y una Supercopa. Además, ha llevado a su equipo a una final de la Copa de Europa, algo que no había acontecido desde 1995. De hecho, desde ese año, el palmarés de la sección de baloncesto, antes de la llegada de Laso, se reduce a 3 Ligas y 1 Copa ULEB. Una cosecha ridícula en casi dos décadas de baloncesto. El dato demoledor e incontestable es que Pablo Laso ha conquistado en 2 cursos los mismos títulos que Florentino Pérez en 10 años: Tres. Algunos olvidan siempre que el Madrid de basket posee una historia tan incomparable como lamentable es su pasado más reciente.

     La gente que sigue al Real Madrid de baloncesto ha comido mucha “mierda” durante mucho tiempo. Por momentos se ha desesperado con una sección que bordeaba el ridículo y que era incapaz de competir ni siquiera en el segundo o tercer escalón continental. Considero que muchos de los aficionados al baloncesto merengue tienen un punto más de conocimiento del juego que los “futboleros”. Acuden al pabellón, como todos, para ver ganar a su equipo, pero agradecen ese componente de diversión, de ocio, de alegría que uno busca cuando ve un partido de baloncesto. Por eso la infinita mayoría de ellos están encantados con Pablo Laso, un entrenador que ha logrado hacer real esa máxima cada vez más quimérica en el deporte moderno: GANAR Y ENAMORAR. 
 
  

      Laso llegó al Madrid en medio de un terremoto. El hincha estaba asqueado tras el “gatillazo” de la era Messina y casi nadie contemplaba como una opción sería la irrupción de un entrenador con escasa experiencia y con un perfil demasiado bajo. El vitoriano y su cuerpo técnico navegaban desde el principio en medio de un océano con una piragua rodeada de tiburones. El Madrid había devorado incluso a uno de los mejores, así que Laso se antojaba como un simple aperitivo para la sabuesa crítica. Desde la normalidad y una apuesta convencida por el buen basket Pablo Laso fue calando en la parroquia madridista. Su Real Madrid ha ganado finales, ha perdido finales y también ha caído en cuartos de final. Pero Laso ha ganado más títulos que cualquier otro y ha sido capaz de llevar al Palacio a miles de hinchas que disfrutan con la propuesta y el juego del Real Madrid.

      El proyecto “Pablo Laso” no es conservador. Ha tomado decisiones antipopulares como prescindir de Tomic o fichar a Slaughter, un jugador capital esta temporada y que seguramente no tendría un papel estelar en ningún equipo de Europa. Es mérito de este cuerpo técnico encajar ese tipo de piezas en su puzle alegre y colorista. Como la apuesta de Laso por Mirza Begic, cuya renovación es una prioridad y no se va a ejecutar por 200.000 euros que la Dirección ha dicho que no se ponen. Otro ejemplo evidente de que la apuesta por el entrenador no es incondicional. La libreta de Juan Carlos Sánchez no tiene escritas las palabras “Pablo Laso” con letras grandes. Todo lo contrario que Alberto Herreros, desde siempre el gran valedor del trabajo del técnico.

      Laso se la juega esta temporada. Depende más que nunca de los resultados. No tiene colchón, no hay red debajo. Tampoco hay dinero. La sección reduce en más de 2 millones su presupuesto invadida por las rémoras del papá fútbol , y se queda a 10 “kilos” de diferencia con el Barcelona. Él cree que merece algo más, mi opinión es que tiene razón. Gana mucho menos dinero que cualquier entrenador importante en Europa y ha ganado muchos más títulos que cualquier entrenador en el Madrid. Y ojo, este verano se ha quedado a pesar de recibir ofertas importantes de Turquía y Rusia. Creedme que su salida unilateral del club merengue le costaría poco más que unas monedas sueltas para pagar unas “cañas”. Pablo Laso ha hecho feliz a una gente ganadora a la que se le había olvidado ganar. Por eso la apuesta del club por él se antoja demasiado “light”.


 

lunes, 4 de marzo de 2013

EL FACTOR ANTE

     Hace 2 ó 3 años, en algún avión rumbo a alguna ciudad europea para contar por la radio algún partido del Real Madrid en la Euroliga, me levanté para ir al servicio (sí, esos baños diminutos de los aviones en los que mantener el equilibrio, no dar con la cabeza en el techo y apuntar bien es una quimera) y vi a un tipo de 2.17 “descojonándose” de risa viendo su iPad. Alcé la cabeza para mirar de reojo qué hecho podía producir tal nivel de desternille en el tranquilo tipo croata y comprobé que se trataba de una de esas pelis chulas repletas de violencia, mamporros, leches y tiros por doquier que de vez en cuando nos gusta ver a todos los tíos. Un miembro del equipo (lo mantendremos en el anonimato) me miró con un gesto que delató que los dos estábamos pensando exactamente lo mismo. “Qué jugador sería Ante Tomic si pusiera esa energía sobre el parqué…”
     A Ante Tomic se le cae el talento de los bolsillos. Lo está demostrando esta temporada con la camiseta del Barcelona, para el que está siendo un “center” capital y decisivo. ¿El mejor jugador del Barça en lo que va de campaña? Seguramente, sí. Y no sólo hablo de la valoración (Boza Maljkovic nos enseñó a todos que las estadísticas son como la ropa interior, que esconden lo verdaderamente bueno), sino también de peso, de trascendencia en y para su equipo. Joan Creus acertó con su fichaje y Tomic, más allá del morbo que suscita cualquier trasvase Madrid-Barcelona, también. Acertó de pleno. Es importante, se siente importante y ha celebrado el primer título importante del curso baloncestístico 2012/13.


     Tomic no triunfo en el Real Madrid, o al menos no como los madridistas esperaban a tenor de sus condiciones para jugar al baloncesto. Ni el hincha merengue que se sienta más “traicionado” por el pívot croata puede negar la inmensa calidad que atesora el jugador, un gigante de 217 centímetros que baila en la pintura como Fred Astaire. Casi indefendible en el uno para uno, como demostró en la reciente Copa del Rey cuando los jugadores del Madrid no se esforzaron en las ayudas. El aficionado que acudía al Palacio le reprochaba su aparente apatía, su blandura, su carácter apagado, su fobia a machacar la cesta del rival. A Ante la vida le dotó con un talento descomunal, maravilloso, intransferible, envidiable. Pero también nació con un punto de lo que en España llamamos “pachorra”. Me consta que en el Real Madrid trabajaron mucho con él (y con su mente) para sacarle esa mala leche balcánica que muchos balcánicos, sobre todo la última generación de croatas, ya no demuestran en una cancha de basket. Tuve el privilegio de hacerle a Ante Tomic su primera entrevista en castellano. Me costó mucho convencerle porque su inseguridad y timidez las trasladaba al idioma, pero al final accedió siempre y cuando el Jefe de Prensa estuviera a su lado. Recuerdo con nitidez la respuesta que me ofreció cuando le pregunté por su mayor defecto. “Lazy” (vago), dijo sin dudas con la mirada que tienen los niños cuando saben que deben corregir algo que no está del todo bien.
     7 meses después del fichaje con mayor impacto de los últimos años podemos afirmar con rotundidad que el Real Madrid no ha mejorado su juego interior sin Ante Tomic. 7 meses después podemos escribir con la misma seguridad que el Barcelona lo ha mejorado de manera notable con la llegada del “5” croata. Muchos madridistas se siguen preguntando por qué entonces Juan Carlos Sánchez y Pablo Laso prescindieron de él. Era una relación agotada. Como cuando un amigo ve que un muchacho guapo se complementa a la perfección con una chica guapa, que hacen buena pareja, que los demás les miran por la calle porque están destinados a hacerse felices, pero sin embargo después de varios años juntos se conocen tan bien que ambos saben que la relación está abocada al fracaso. Visto con la perspectiva que ofrecen los meses y los partidos, la no renovación fue lo mejor para el Madrid, por supuesto para el Barcelona (que disfruta del incomparable factor Ante) y, sobre todo, para el formidable jugador croata. Y para ti, fanático del Supermanager que apostaste por él, también. ¡Cómo suma el tío!