Es el verano más
delirante que recuerdo en y alrededor de la sección de baloncesto del Real
Madrid. Ya metidos de lleno en el mes de septiembre, a 23 días para el arranque
del curso oficial, el club está pegando otro volantazo, uno más desde que se le
escapó la Final de la Liga ACB. Espero que las siguientes líneas sirvan para
explicar qué hace ahora el Madrid, cómo lo hace y, sobre todo, por qué lo hace.
La plantilla estaba cerrada.
Campazzo por Draper, Rivers y Maciulis por Darden y Dani Díez, Nocioni por
Mirotic. Campazzo, Sergio Rodríguez y Llull como bases. Rudy, Carroll, Rivers y
Maciulis para el perímetro, Nocioni en el límite exterior/interior y Felipe,
Slaughter, Bourousis y Mejri como actores en la pintura. Insisto, el roster
estaba cerrado. Así lo pensaba Pablo Laso, así lo transmitían desde el club,
así lo asumían todos los protagonistas llamados a sugerir o tomar decisiones. Las cosas han cambiado. Y han cambiado
fundamentalmente por una razón. Una razón llamada Barcelona.
El Barcelona ha fichado muy
bien, escandalosamente bien. Xavi Pascual dispone de una plantilla descomunal,
candidata a conquistar todos los títulos. Satoransky, Doellman, Pleiss y ahora
DeShaun Thomas. Más todo lo que tenía. Simplemente bestial. Un proyecto con mucho dinero (ojo a la
indemnización que acaba de cobrar Lorbek), un proyecto sólido que ha sabido
consolidarse cuando más altas y revueltas venían las olas, una virtud impropia
de un club de fútbol. Florentino Pérez tiene una obsesión, la Final Four que se
disputa en Madrid. Y Juan Carlos Sánchez, muy cercano siempre a las necesidades
y a las vibraciones del presidente, ha llegado a la convicción de que con estos
mimbres no es posible competir con el eterno rival en igualdad de condiciones. Me
atrevería a decir que a estas alturas de la película el Director de la sección
anda algo más que inquieto. Esa es la génesis de lo que es para mí la gran
noticia: el Real Madrid quiere fichar. El Real Madrid busca un interior de
garantías. El Real Madrid ha entrado de lleno en el mercado. Ahora hablamos de
nombres propios, pero antes busquemos qué papel ocupa en esta función Pablo
Laso.
Como os hemos contado en algún
artículo anterior, Pablo Laso ya no ficha. Sus tres primeros proyectos en el
banquillo merengue fueron cimentados por él. Laso solicitaba necesidades para
su estilo de juego, el club ejecutaba sus deseos porque tenía fe ciega en su
proyecto (sobre todo los dos primeros cursos, el tercero menos). Es así como
jugadores como Slaughter o Mejri llegaron al Madrid. Eran actores que se
acoplaban al estilo del entrenador, no al estilo del club, que en condiciones
normales jamás hubiera optado por ese tipo de contrataciones. Ahora eso ha
cambiado. Florentino no cree en Pablo Laso. Juan Carlos Sánchez no ficha lo que
demanda Pablo Laso. No han renovado a los ayudantes de Pablo Laso. Pablo Laso
no ha tenido nada que ver en la elección de sus nuevos asistentes. Darden no
fue renovado a pesar de que era una prioridad para Pablo Laso. Y así un sinfín
de detalles cotidianos que convierten en inexplicable la continuidad del
entrenador. ¿Dinero del finiquito? Honestamente uno ya no sabe qué pensar.
La situación del técnico
vitoriano en el Real Madrid es como la de ese yogur que mantenemos en la nevera
aun sabiendo que jamás nos lo comeremos y que tiene fecha de caducidad. Pablo
Laso se siente solo. Es Alberto Herreros el único que mantiene un vínculo real
con él. Se aferra a su derecho de tener un contrato por dos temporadas y asume
que va a tratar de hacerlo lo mejor posible con las piezas que el club ponga a
su disposición. Así de fácil… así de difícil. Os hablo de volantazos en el
título de este post. Un volantazo es renovar a tu entrenador dos años más para
quererlo echar 8 meses después.
Os contaba antes que la
verdadera noticia es que el Real Madrid quiere fichar. Pablo Laso está
(moderadamente) contento con esta plantilla, asume que se puede adaptar a su
estilo y ser competitiva en España y en Europa. Pero él ahora se queda en la
pizarra, no tiene peso en los despachos. Y es aquí cuando aparecen los nombres,
los deseos, la obsesión. Sí, la obsesión de Florentino Pérez y Juan Carlos
Sánchez de dar un salto de calidad, de poner sobre la mesa un actor que dispare
las ilusiones de la desorientada hinchada madridista. Quieren un interior de
garantías, aunque honestamente tal y como están las cosas ahora mismo no
descarto incluso un movimiento en otra posición. Y preguntan por Gustavo Ayón,
una opción imposible porque el Barcelona supo amarrar sus derechos para Europa.
Y es ahí cuando aparece otra vez el deseado Luis Scola.
Scola. 34 años. Le queda una
temporada de contrato con Indiana Pacers a razón de 3,7 millones de euros. Una
pasta a la que nunca podría llegar el Real Madrid, que sí estaría dispuesto a
realizar un esfuerzo económico muy importante por lograr su fichaje. Hablamos
de un sueldo por encima de los 2 kilos, una cantidad sólo superada (y no por
mucho) por el recién renovado Rudy Fernández. Aportamos más datos. En las
últimas horas Juan Carlos Sánchez se ha visto en persona con Luis Scola, que
comparte representante con Andrés Nocioni y Facundo Campazzo. El Madrid ha
activado una operación repleta de obstáculos, el más importante que el futuro
de Scola sólo depende de la decisión unilateral de los Pacers. Además el
argentino cobrará la amnistía de los Rockets (¡5 millones de euros! la próxima campaña
en la NBA. Pero el club quiere hacer su parte: despertar el interés del
jugador, ofrecerle un buen contrato a corto y medio plazo, rodearlo de amigos
en la plantilla y convertirlo en uno de los actores principales de un proyecto
cuyo único camino sin retorno es levantar la Copa de Europa en el Palacio de
los Deportes. Esa es la noticia y así la trasmitimos anoche. El Real Madrid
está intentando el fichaje de Luis Scola. Un jugador, que aunque parezca una
barbaridad afirmarlo, no encaja como anillo al dedo en el estilo de Pablo Laso.
Fichar a Luis Scola es fichar a uno de los mejores y, por tanto, jugar mucho
para él. Creo que me explico bien.
A día de hoy, esta es la
prioridad del Madrid, Luis Scola. Pero no es el único nombre propio en la
libreta de los dirigentes, algo que siempre acontece cuando la decisión de
fichar está tomada. Aquí aparece Hamed Haddadi, center iraní ex NBA que lo está
haciendo realmente bien con su Selección en la Copa del Mundo. Un perfil
completamente diferente al de Luis Scola, y no hablo sólo de la obvia calidad,
sino del tipo de jugador. Un 2.18 de las características de Haddadi te obliga a
jugar de una manera determinada, muy lejana a la hoja de ruta de Pablo Laso. Y
ojo, encima es extracomunitario, por lo que sería impepinable para la sección
negociar el finiquito de Marcus Slaughter. Un jugador que por otra parte
continúa en el Madrid sólo porque firmó su renovación antes de la final
liguera. Y otro ingrediente más para esta macedonia: a día de hoy Campazzo no
posee el pasaporte comunitario. Pues eso, lo de los volantazos y la obsesión de
Florentino Pérez por la Final Four en la que él también será el gran anfitrión.
Los días 26 y 27 de septiembre el
Real Madrid de Pablo Laso (creo) afronta el primer título de la temporada.
Allí, en Vitoria, estará también el Barcelona. Allí, aquí, y en Sevilla (Scola
comparte sede con la Grecia de Fotis), está la sombra perenne de Katsikaris. En
el Real Madrid, también en la sección de baloncesto, la última palabra sobre
cada asunto es siempre de Florentino. He considerado necesario este artículo
para explicar que las noticias no son blancas o negras, sino que tienen sus
grises, a pesar de que muchas veces los propios periodistas elegimos el titular
contundente y poco interpretable. La noticia es que el Real Madrid ha tomado la decisión de fichar. La
noticia es que el deseado es Luis Scola. La noticia es que el club ha puesto en
marcha todos sus mecanismos para lograr una operación harto complicada. La
noticia también es que existe un plan B, y que ese apunta a la torre asiática
Haddadi. Aquí está el qué, el cómo y el porqué de estos volantazos que
alimentan la gran obsesión presidencial de ganar a toda costa la Euroliga 2015.




