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miércoles, 3 de septiembre de 2014

VOLANTAZOS QUE ALIMENTAN LA OBSESIÓN



     Es el verano más delirante que recuerdo en y alrededor de la sección de baloncesto del Real Madrid. Ya metidos de lleno en el mes de septiembre, a 23 días para el arranque del curso oficial, el club está pegando otro volantazo, uno más desde que se le escapó la Final de la Liga ACB. Espero que las siguientes líneas sirvan para explicar qué hace ahora el Madrid, cómo lo hace y, sobre todo, por qué lo hace.
     
     La plantilla estaba cerrada. Campazzo por Draper, Rivers y Maciulis por Darden y Dani Díez, Nocioni por Mirotic. Campazzo, Sergio Rodríguez y Llull como bases. Rudy, Carroll, Rivers y Maciulis para el perímetro, Nocioni en el límite exterior/interior y Felipe, Slaughter, Bourousis y Mejri como actores en la pintura. Insisto, el roster estaba cerrado. Así lo pensaba Pablo Laso, así lo transmitían desde el club, así lo asumían todos los protagonistas llamados a sugerir o tomar decisiones.  Las cosas han cambiado. Y han cambiado fundamentalmente por una razón. Una razón llamada Barcelona.
      
     El Barcelona ha fichado muy bien, escandalosamente bien. Xavi Pascual dispone de una plantilla descomunal, candidata a conquistar todos los títulos. Satoransky, Doellman, Pleiss y ahora DeShaun Thomas. Más todo lo que tenía. Simplemente bestial.  Un proyecto con mucho dinero (ojo a la indemnización que acaba de cobrar Lorbek), un proyecto sólido que ha sabido consolidarse cuando más altas y revueltas venían las olas, una virtud impropia de un club de fútbol. Florentino Pérez tiene una obsesión, la Final Four que se disputa en Madrid. Y Juan Carlos Sánchez, muy cercano siempre a las necesidades y a las vibraciones del presidente, ha llegado a la convicción de que con estos mimbres no es posible competir con el eterno rival en igualdad de condiciones. Me atrevería a decir que a estas alturas de la película el Director de la sección anda algo más que inquieto. Esa es la génesis de lo que es para mí la gran noticia: el Real Madrid quiere fichar. El Real Madrid busca un interior de garantías. El Real Madrid ha entrado de lleno en el mercado. Ahora hablamos de nombres propios, pero antes busquemos qué papel ocupa en esta función Pablo Laso.

     Como os hemos contado en algún artículo anterior, Pablo Laso ya no ficha. Sus tres primeros proyectos en el banquillo merengue fueron cimentados por él. Laso solicitaba necesidades para su estilo de juego, el club ejecutaba sus deseos porque tenía fe ciega en su proyecto (sobre todo los dos primeros cursos, el tercero menos). Es así como jugadores como Slaughter o Mejri llegaron al Madrid. Eran actores que se acoplaban al estilo del entrenador, no al estilo del club, que en condiciones normales jamás hubiera optado por ese tipo de contrataciones. Ahora eso ha cambiado. Florentino no cree en Pablo Laso. Juan Carlos Sánchez no ficha lo que demanda Pablo Laso. No han renovado a los ayudantes de Pablo Laso. Pablo Laso no ha tenido nada que ver en la elección de sus nuevos asistentes. Darden no fue renovado a pesar de que era una prioridad para Pablo Laso. Y así un sinfín de detalles cotidianos que convierten en inexplicable la continuidad del entrenador. ¿Dinero del finiquito? Honestamente uno ya no sabe qué pensar.




     La situación del técnico vitoriano en el Real Madrid es como la de ese yogur que mantenemos en la nevera aun sabiendo que jamás nos lo comeremos y que tiene fecha de caducidad. Pablo Laso se siente solo. Es Alberto Herreros el único que mantiene un vínculo real con él. Se aferra a su derecho de tener un contrato por dos temporadas y asume que va a tratar de hacerlo lo mejor posible con las piezas que el club ponga a su disposición. Así de fácil… así de difícil. Os hablo de volantazos en el título de este post. Un volantazo es renovar a tu entrenador dos años más para quererlo echar 8 meses después.
     
     Os contaba antes que la verdadera noticia es que el Real Madrid quiere fichar. Pablo Laso está (moderadamente) contento con esta plantilla, asume que se puede adaptar a su estilo y ser competitiva en España y en Europa. Pero él ahora se queda en la pizarra, no tiene peso en los despachos. Y es aquí cuando aparecen los nombres, los deseos, la obsesión. Sí, la obsesión de Florentino Pérez y Juan Carlos Sánchez de dar un salto de calidad, de poner sobre la mesa un actor que dispare las ilusiones de la desorientada hinchada madridista. Quieren un interior de garantías, aunque honestamente tal y como están las cosas ahora mismo no descarto incluso un movimiento en otra posición. Y preguntan por Gustavo Ayón, una opción imposible porque el Barcelona supo amarrar sus derechos para Europa. Y es ahí cuando aparece otra vez el deseado Luis Scola.




     Scola. 34 años. Le queda una temporada de contrato con Indiana Pacers a razón de 3,7 millones de euros. Una pasta a la que nunca podría llegar el Real Madrid, que sí estaría dispuesto a realizar un esfuerzo económico muy importante por lograr su fichaje. Hablamos de un sueldo por encima de los 2 kilos, una cantidad sólo superada (y no por mucho) por el recién renovado Rudy Fernández. Aportamos más datos. En las últimas horas Juan Carlos Sánchez se ha visto en persona con Luis Scola, que comparte representante con Andrés Nocioni y Facundo Campazzo. El Madrid ha activado una operación repleta de obstáculos, el más importante que el futuro de Scola sólo depende de la decisión unilateral de los Pacers. Además el argentino cobrará la amnistía de los Rockets (¡5 millones de euros! la próxima campaña en la NBA. Pero el club quiere hacer su parte: despertar el interés del jugador, ofrecerle un buen contrato a corto y medio plazo, rodearlo de amigos en la plantilla y convertirlo en uno de los actores principales de un proyecto cuyo único camino sin retorno es levantar la Copa de Europa en el Palacio de los Deportes. Esa es la noticia y así la trasmitimos anoche. El Real Madrid está intentando el fichaje de Luis Scola. Un jugador, que aunque parezca una barbaridad afirmarlo, no encaja como anillo al dedo en el estilo de Pablo Laso. Fichar a Luis Scola es fichar a uno de los mejores y, por tanto, jugar mucho para él. Creo que me explico bien.
     
     A día de hoy, esta es la prioridad del Madrid, Luis Scola. Pero no es el único nombre propio en la libreta de los dirigentes, algo que siempre acontece cuando la decisión de fichar está tomada. Aquí aparece Hamed Haddadi, center iraní ex NBA que lo está haciendo realmente bien con su Selección en la Copa del Mundo. Un perfil completamente diferente al de Luis Scola, y no hablo sólo de la obvia calidad, sino del tipo de jugador. Un 2.18 de las características de Haddadi te obliga a jugar de una manera determinada, muy lejana a la hoja de ruta de Pablo Laso. Y ojo, encima es extracomunitario, por lo que sería impepinable para la sección negociar el finiquito de Marcus Slaughter. Un jugador que por otra parte continúa en el Madrid sólo porque firmó su renovación antes de la final liguera. Y otro ingrediente más para esta macedonia: a día de hoy Campazzo no posee el pasaporte comunitario. Pues eso, lo de los volantazos y la obsesión de Florentino Pérez por la Final Four en la que él también será el gran anfitrión.   





     Los días 26 y 27 de septiembre el Real Madrid de Pablo Laso (creo) afronta el primer título de la temporada. Allí, en Vitoria, estará también el Barcelona. Allí, aquí, y en Sevilla (Scola comparte sede con la Grecia de Fotis), está la sombra perenne de Katsikaris. En el Real Madrid, también en la sección de baloncesto, la última palabra sobre cada asunto es siempre de Florentino. He considerado necesario este artículo para explicar que las noticias no son blancas o negras, sino que tienen sus grises, a pesar de que muchas veces los propios periodistas elegimos el titular contundente y poco interpretable. La noticia es que el Real  Madrid ha tomado la decisión de fichar. La noticia es que el deseado es Luis Scola. La noticia es que el club ha puesto en marcha todos sus mecanismos para lograr una operación harto complicada. La noticia también es que existe un plan B, y que ese apunta a la torre asiática Haddadi. Aquí está el qué, el cómo y el porqué de estos volantazos que alimentan la gran obsesión presidencial de ganar a toda costa la Euroliga 2015. 


sábado, 12 de julio de 2014

SÍ, NO, TAL VEZ



     Pablo Laso. Él es el auténtico protagonista del culebrón del verano en el mundo del baloncesto. Han transcurrido 16 días desde el final de la Final de la Liga ACB y ni en uno solo de esos días se ha dejado de hablar del futuro del entrenador vitoriano. La posición real (o legal, para ser más exactos) del técnico es exactamente la misma que hace 20 días, 2 meses u 8 meses, que fue justo cuando Laso amplió su vinculación con el Real Madrid hasta el verano de 2016. Nada ha cambiado. Él es el entrenador del Madrid. Es un hecho irrefutable.

     Pero lo legal  no puede ocultar lo real, es decir, lo que está pasando alrededor de la figura de Pablo Laso. Mi profesión me ha permitido estar muy cerca de las aventuras y desventuras de la sección de baloncesto del Real Madrid durante los últimos 14 años. Imaginaos las historias de todo calado que han acontecido durante ese tiempo. Pues bien, me cuesta mucho encontrar entre mis recuerdos algo parecido a este culebrón. Sabéis que intento ser muy autocrítico con el periodismo y, sobre todo, conmigo mismo. La profesión yerra cuando intenta adelantar una noticia por todos los medios y Twitter (tan útil en ocasiones como diabólico en otras) alimenta esa falta de rigor a la hora de tratar esa noticia. El hincha del Madrid y el aficionado al basket en general ha podido leer durante los últimos días incluso que Pablo Laso ya había sido destituido. Sólo con teclear "Pablo Laso" en el buscador de las redes sociales encontramos auténticas barbaridades que se escriben sin una mínima dosis de rigor. Así es imposible que nos ganemos la credibilidad como gremio. Por eso lo más bonito que alguna vez me han podido decir como periodista es que tengo credibilidad, eso es algo muy hermoso. Lo dice alguien (yo) que me equivoco 1000 veces al año.

     Bueno, volvamos al lío. Yo estaba convencido de que Pablo Laso estaba fuera del Real Madrid. Pero seguro. Hasta el punto de que me hubiera apostado con cualquiera una docena de cenas. Todos los indicios, todas las conversaciones, todas las llamadas, todos los movimientos, todas las fuentes que he consultado me llevaban a esa convicción. No sólo lo pensaba yo, sino muchos empleados de la sección, varios jugadores y unos cuantos periodistas muy bien informados. Qué coño, el primero que pensaba que estaba en la calle era el propio Pablo Laso, que no es tonto. Él sabe que el respaldo que ha recibido nunca ha sido incondicional, ni siquiera en los mejores momentos, durante los cuales renovó más por inercia y por apoyo popular que por convicción profunda de los dirigentes. Como he escrito en varias ocasiones, sólo Alberto Herreros ha confiado siempre, y sin ninguna fisura, en el entrenador vasco.
 
 
 
 
     Pablo Laso está ahora muy cuestionado dentro de la propia sección y también en los despachos del club. Se le achaca no haber sabido dirigir bien las finales y haber perdido las riendas del vestuario en el tramo final de la temporada. Si la decisión de prescindir de él no llegó a estar tomada (soy honesto y tengo que decir que lo desconozco), desde luego ha estado muy cerca. Rozando el palo, besando el larguero, haciendo 10 corbatas en el aro antes de escupir el balón. Muy, muy cerca. Pero mucho. Se ha prescindido de sus ayudantes, sobre todo de uno, Hugo. López, que al fin y al cabo siempre ha sido la mano derecha del entrenador en su todavía corta carrera en los banquillos. Se ha sondeado a otro técnico, Fotis Katsikaris, al que la normativa vigente no le permitiría firmar con un club hasta la finalización de la Copa del Mundo, en la que el griego va a dirigir a la Selección de su país. Y para mí lo más importante: a diferencia de los tres últimos veranos, el club no está contando con Laso para la planificación del próximo curso. No existe un contacto regular. Es cierto que el único fichaje cerrado es Nocioni, actor al que en su momento el técnico dio el visto bueno, de hecho está encantado con esa adquisición. Pero Pablo ha dejado de tener peso en ese departamento. Valga como ejemplo que ha insistido muchas veces en que Darden es imprescindible en su proyecto y el americano no va a ser renovado. Incluso desde los despachos del Bernabéu se desliza que Slaughter podría ser cortado semanas después de firmar su renovación a petición del actual entrenador. De locos.

     No sé qué va a pasar con Pablo Laso. Si Florentino Pérez ha frenado el despido no lo ha hecho por convicción, ya que mi información es que el presidente tenía sentenciado al entrenador. ¿Motivos económicos? No me cuadra porque eso nunca ha sido impedimento en el Real Madrid a la hora de tomar decisiones importantes, y esta desde luego lo es. ¿Las encuestas? Honestamente creo que tienen su peso, como el hecho de dejar desierto el banquillo todo el verano ante la incredulidad de los aficionados y frente a la excelente gestión estival que está haciendo el Barcelona.

     El caso es que el "Pablo está fuera" ha mudado al "Ya no tengo ni idea de lo que va a pasar con el entrenador". Y eso, queridos lectores, lo dicen personas muy cercanas al culebrón. Yo ya no me apostaría la docena de cenas que hubiera firmado sin dudarlo hace una semana. Lo que tengo claro es que si Pablo Laso arranca su cuarto proyecto al frente del Real Madrid, el curso puede ser un infierno para él. Su figura se ha horadado mucho antes incluso de agarrar la bola en la primera sesión de pretemporada. Los jugadores saben que no está respaldado. El club va a elegir a sus ayudantes. Los ingredientes de planificación deportiva no van a ir de la mano del cocinero. Y encima, visto lo visto, para Laso sería ganar la Copa de Europa o fracasar estrepitosamente a ojos del club. Dejemos al margen el hecho incuestionable de que Pablo ha ganado más títulos, ha estado en más finales, ha llevado a más gente al pabellón y ha atraído a nuevos patrocinadores. La decisión deportiva del Real Madrid siempre será debatible, discutible, opinable. Pero la forma de encauzar este asunto está siendo una gran pifia y así me lo trasmiten a diario decenas de fieles aficionados al baloncesto madridista.
 
 
 

     Esto es como la relación entre unos novios a los que les ha ido muy bien. El “tal vez” es siempre lo peor porque acaba terminando como el rosario de la aurora. Si el Madrid lo tuviera claro, si apostará de facto por el “sí”, hace tiempo que hubiera ratificado públicamente al entrenador (sé que lo hizo esta semana Herreros, pero me refiero a una acción que finalizara de cuajo con cualquier especulación). Si fuera un "no", Laso habría sido ya despedido. De momento la novia se decanta por el "tal vez", una presión enorme para el novio y una insatisfacción irrefrenable para los invitados a la futura boda, es decir, para los aficionados que se quieren enganchar a un proyecto consistente y ganador. Pablo Laso y el Real Madrid. El culebrón de verano más largo e intenso de los últimos años.