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jueves, 9 de octubre de 2014

ESE RETO INTERMINABLE



   Llevo 11 meses sin poder correr más de 10 kilómetros. El último día que corrí más de 10 kilómetros me hice una maratón, el 17 de noviembre de 2013 en Valencia. Aquí os conté aquella aventura inolvidable que siempre formará parte de la mochila de mi vida http://tri-tri-triple.blogspot.com.es/2013/11/llegar-el-ultimo-es-un-privilegio-que.html. Algunos días recuerdo aquella maratón como si hubiera sido hace una década, otros como si la hubiera completado antes de ayer. Entre medias he negociado muchas vicisitudes que me han llevado a compartir con todos vosotros este post. Hablaré de running, sí. De deporte, también. Pero el fondo de estas líneas se abraza con pasión a lo vital, a lo humano, a lo sentimental.

     Tras conseguir el reconfortante desafío de finalizar mi primera maratón, me puse manos a la obra para buscar soluciones a mis rodillas dañadas. Probé varias cosas con escasa fortuna y peores resultados, ya que al final (o incluso a la mitad) del camino las rodillas volvían a incordiar. Dominar la frustración se convirtió en una batalla con pistolas de agua frente a un rival con metralletas y tanques. Hice la transición al minimalismo (quizás los corredores habituales sabréis de qué hablo), pero la San Silvestre Vallecana y más adelante una carrera popular en la Ciudad Universitaria de Madrid me hicieron desistir. Endiablada y endemoniada cintilla iliotibial, ni te imaginas las veces que te he maldecido.




     5 meses después de la Maratón de Valencia encontré el principio de la solución en una llamada a Víctor García, atleta olímpico, medallista europeo y Campeón de España de 3000 obstáculos. Víctor dirige junto a la gran Rocío una escuela de atletismo enfocada a atletas populares llamada VG RUNNING. Tras esa larga llamada en la que Víctor me escuchó, me entendió y me animó, inicié un lentísimo proceso de recuperación alternando leves entrenamientos con exigentes sesiones de fisioterapia. “¿Víctor, cuándo puedo correr una carrera de 10 kilómetros?” “Aún no, paciencia”. Pregunta y respuesta se repetían con frecuencia. Entre medías no dejé de hacer ni un solo entrenamiento, ni un solo estiramiento, ni un solo fortalecimiento de los programados. Creedme que esa disciplina y tenacidad que nos exige el deporte la podemos trasladar cada día a nuestra vida cotidiana.

     No me han vuelto a doler las rodillas, aunque también es cierto que, de momento, no he vuelto a correr media distancia ni distancias largas. Pero desde que disfruto en VG RUNNING con mis entrenadores y compañeros de fatigas he mejorado mi rendimiento y he sido capaz de conseguir registros en carreras populares impensables hace algunos meses. Eso es lo de menos, creedme, lo más importante para mí es haber conseguido volver a disfrutar de una de mis pasiones, de uno de mis hobbies, de uno de mis vicios.

     Pero esta reflexión no termina aquí, de hecho es ahora cuando empieza. Tras parar la actividad unos 15 días en verano (carrerita por una espectacular playa tailandesa mediante), volví a los entrenamientos a principios de agosto. Y por primera vez desde que le doy al running, comenzó a molestarme el dichoso tendón de Aquiles. Si habéis sufrido esta dolencia sabréis que es una lesión pesada, latosa, molesta, desesperante. Me frenó de golpe la euforia y la avidez de nuevos retos, tuve que aparcar esa Media Maratón que comenzaba a renacer en mi cerebro. 2 meses después aún me estoy recuperando, es ahora cuando empiezo, una vez más, a ilusionarme con la búsqueda de nuevos desafíos. Despacito, pero sin pausa.




     ¿Qué he querido transmitiros con este rollo que os he soltado? Que nuestras pasiones están por encima de la razón, que a mí también me han preguntado 1000 veces por qué sigo corriendo si me hace daño, que durante este tortuoso camino yo también he pensado en abandonar la aventura y buscar otra actividad, que tengo más hojas con ejercicios de fortalecimiento que apuntes un estudiante de medicina, que quizás algún día tenga que asumir que en mi cabeza tengo la Maratón de Madrid y la de Nueva York, pero en mis rodillas no, que, que, que, que, que… ¡qué merece la pena, coño!


     Merece la pena madrugar en el amanecer de un día intenso para poder rodar un poco, merece la pena salir a correr con lluvia, viento y frío, merece la pena meter la ropa de correr en la maleta antes de emprender un viaje, merece la pena empezar de 0 unas cuantas veces para demostrarse a uno mismo que rendirse es la elección más cómoda y facilona. Estos 11 meses me han traído regalos envenenados en forma de mal humor y toneladas de frustración, pero también impagables instantes de satisfacción y abrazos emocionados con ese aliado invisible llamado fuerza de voluntad. Me alegro de no haberlo dejado porque esta aventura me ha ayudado en mi vida laboral, en mi higiene mental y también en los miles de detalles cotidianos que acompañan mi existencia.


     Esto vale para el running, para el Iron Man, para la bici, para la natación, para las clases de guitarra, para los cursos de cocina… para casi todo. Nuestra vida está repleta de desafíos. Alimentar nuestros vicios con una dosis de ingrediente irracional es muchas veces necesario. Al final la vida no es más que un reto interminable. Yo he querido compartir con todos vosotros el mío. 



jueves, 11 de septiembre de 2014

PESADUMBRE EN EL LÍMITE DEL FIN DE CICLO


                
     Siempre me pasa lo mismo. Cuando España protagoniza un gran batacazo en cualquier deporte, durante las horas siguientes tengo la necesidad compulsiva de escuchar, ver y, sobre todo, leer mucho sobre el asunto en cuestión. 5 horas de sueño me han servido para recibir con lucidez los análisis de compañeros periodistas como Fernando Ruiz, José Joaquín Brotons o Ruben Uría. Enfoques muy diferentes, lo cual siempre enriquece al receptor. Seguro que a estas horas aún se me escapan buenas crónicas y reflexiones de una de las derrotas más severas de la historia del baloncesto español. No dudéis en enlazarme contenidos propios o ajenos en los comentarios si lo estimáis oportuno, estaré encantado de leerlos. Aquí va mi opinión, moderadamente limpia a pesar de tanta lectura.
     
     Ha sido una terrible desilusión, una decepción mayúscula. El qué, caer, y el cómo, inferiores, derrotados y sin recursos ante una Francia excepcional a lomos de un Collet superlativo. El campeón de Europa preparó muy bien la cita. Sin Parker, pero con Diaw, cuya inteligencia siempre se impone a su físico. La primera parte del “gordito” galo fue deliciosa. Tras el 0-8 inicial el único guión español fue la angustia, un impostor en cualquier eliminatoria de “me quedo o me voy”. Una ansiedad que se transmitía en el juego, en los gestos… y en el altísimo hombre barbado que aún es Seleccionador Español de baloncesto.
     
     Juan Orenga. El gran señalado. Discutido desde su llegada al banquillo por su escasa experiencia y su nulo carisma. No rebato lo que ahora es una obviedad. Fue superado por el partido, por la cita mundialista… y posiblemente por el cargo. Aquellas críticas severas a Sergio Scariolo parecen ahora un parque de bolas comparado con la censura unánime a las cualidades de Orenga. Lo que se le pide al director de un equipo con actores tan buenos es que en los momentos difíciles saque del baúl táctico un recurso. Una zona, un Felipe… un algo. Y ahí Orenga ha fallado con estrépito. Espero con avidez la comparecencia pública de José Luis Sáez mañana, pero la continuidad del actual seleccionador parece sólo tener cabida en una película de ciencia ficción. De todos modos, creo que es necesario escribir que reducir la explicación a la labor del entrenador es simplista.



                
     No es normal que ni en el peor día de sus vidas Marc e Ibaka perpetren un 2/14 en tiros de campo. No es normal que la España de Navarro, Rudy, Llull, Calderón o Chacho firme un “no la metemos ni en el Océano Pacífico” cuantificado en un 2/22 desde el perímetro. No es normal que 5 de los 9 jugadores españoles que participaron terminen con valoración negativa. No es normal que treintañeros con el culo “pelao” y 1000 victorias en el zurrón transmitan esa angustia dolorosa. No es normal que un equipo con tanto oficio sea incluso incapaz de sacar provecho de las eternas muescas caseras de Lamonica. No es normal que un conmovedor y (semi) lesionado Pau Gasol sea el único asidero al que agarrarse cuando la carretera se empina. Nada fue mínimamente normal, por eso esta función ya está en el buzón de los horrores de nuestro basket.
                
     Frío como el hielo, sentado delante de esta pantalla de ordenador, apedreando con fervor el teclado, comparto con vosotros que creo que a esta generación aún le queda una bala. Pero claro, ¿qué bala? Ya no acudimos con la etiqueta de campeón, ese código de barras que te clasifica automáticamente para los siguientes grandes campeonatos. Ahora hay que jugar en Francia el verano que viene para estar en Río de Janeiro al siguiente. Y si no presentarse en un Preolímpico en el que ni de lejos acudiría el mejor equipo posible. Dudas, muchas dudas. Incógnitas, demasiadas incógnitas. Un bajonazo de dimensiones siderales que necesita decisiones, renovaciones y objetivos que alimenten la inconsolable pesadumbre de los aficionados españoles.



                  
     Gancho este para hablar de un asunto colateral, pero trascendente. No he estado presente en ningún partido de España en esta Copa del Mundo. No tiene ninguna importancia, pero como este blog es personal me tomó la licencia de confesar que ha sido jodido estar tan alejado de un equipo con el que he disfrutado con pasión gracias a mi profesión. El hecho de no haber acudido al palacio minimiza el valor de mi opinión, pero desde el respeto necesito decir que, en general, el ambiente en la Fase Final me ha parecido impropio de una cita de esta magnitud. Demasiados globos (¡¡¡incluso en mitad de la interpretación de los himnos!!!) y poca garganta. He tenido el privilegio de visitar muchas canchas de Europa y creedme que en estos eventos la grada suma puntos. Desde el sofá de mi hogar (para ser sincero la mitad del partido lo vi de pie) el Palacio me transmitió una gelidez asombrosa. José Luis Sáez ha de reflexionar sobre esto. No es de recibo que al baloncesto le invada ese “gañote” obsceno al que le da igual un partido de basket, una corrida de toros, un desfile de modelos, la inauguración de una tienda de canes o una pelea de gallos de corral. Y lo peor es que no sorprende a nadie.

                
     Ganar en el deporte es muy difícil. No os digo nada ganar (casi) siempre. Aunque seas muy bueno. Aunque estés a la altura del mejor. El deporte es “pequeños detalles”. Esta generación dorada también ha contado con la alianza de esos instantes concretos para poder abrazarse eternamente a la etiqueta de legendarios. Aquel triple de Nocioni o aquellos minutos de acojone puro contra Gran Bretaña en Polonia 2009. Me aferro a la necesidad de que esto no sea un “The End”, sujeto con todas mis fuerzas ese telón que está a punto de bajar para siempre. Pero si es el final de un ciclo, ahí están 2 Europeos, 1 Mundial, 2 Platas Olímpicas y la inefable intangibilidad de haber sentido en 2008 y en 2012 la convicción de que estos “cabrones” iban a ganar a la mejor Estados Unidos. Eso no me lo quita nadie, eso no nos lo quita nadie. Eso quedará para siempre. Ahora es el momento de tomar decisiones para renovar objetivos. Una transición que la escasa cultura deportiva de este país convertirá en una agonía.



miércoles, 3 de septiembre de 2014

VOLANTAZOS QUE ALIMENTAN LA OBSESIÓN



     Es el verano más delirante que recuerdo en y alrededor de la sección de baloncesto del Real Madrid. Ya metidos de lleno en el mes de septiembre, a 23 días para el arranque del curso oficial, el club está pegando otro volantazo, uno más desde que se le escapó la Final de la Liga ACB. Espero que las siguientes líneas sirvan para explicar qué hace ahora el Madrid, cómo lo hace y, sobre todo, por qué lo hace.
     
     La plantilla estaba cerrada. Campazzo por Draper, Rivers y Maciulis por Darden y Dani Díez, Nocioni por Mirotic. Campazzo, Sergio Rodríguez y Llull como bases. Rudy, Carroll, Rivers y Maciulis para el perímetro, Nocioni en el límite exterior/interior y Felipe, Slaughter, Bourousis y Mejri como actores en la pintura. Insisto, el roster estaba cerrado. Así lo pensaba Pablo Laso, así lo transmitían desde el club, así lo asumían todos los protagonistas llamados a sugerir o tomar decisiones.  Las cosas han cambiado. Y han cambiado fundamentalmente por una razón. Una razón llamada Barcelona.
      
     El Barcelona ha fichado muy bien, escandalosamente bien. Xavi Pascual dispone de una plantilla descomunal, candidata a conquistar todos los títulos. Satoransky, Doellman, Pleiss y ahora DeShaun Thomas. Más todo lo que tenía. Simplemente bestial.  Un proyecto con mucho dinero (ojo a la indemnización que acaba de cobrar Lorbek), un proyecto sólido que ha sabido consolidarse cuando más altas y revueltas venían las olas, una virtud impropia de un club de fútbol. Florentino Pérez tiene una obsesión, la Final Four que se disputa en Madrid. Y Juan Carlos Sánchez, muy cercano siempre a las necesidades y a las vibraciones del presidente, ha llegado a la convicción de que con estos mimbres no es posible competir con el eterno rival en igualdad de condiciones. Me atrevería a decir que a estas alturas de la película el Director de la sección anda algo más que inquieto. Esa es la génesis de lo que es para mí la gran noticia: el Real Madrid quiere fichar. El Real Madrid busca un interior de garantías. El Real Madrid ha entrado de lleno en el mercado. Ahora hablamos de nombres propios, pero antes busquemos qué papel ocupa en esta función Pablo Laso.

     Como os hemos contado en algún artículo anterior, Pablo Laso ya no ficha. Sus tres primeros proyectos en el banquillo merengue fueron cimentados por él. Laso solicitaba necesidades para su estilo de juego, el club ejecutaba sus deseos porque tenía fe ciega en su proyecto (sobre todo los dos primeros cursos, el tercero menos). Es así como jugadores como Slaughter o Mejri llegaron al Madrid. Eran actores que se acoplaban al estilo del entrenador, no al estilo del club, que en condiciones normales jamás hubiera optado por ese tipo de contrataciones. Ahora eso ha cambiado. Florentino no cree en Pablo Laso. Juan Carlos Sánchez no ficha lo que demanda Pablo Laso. No han renovado a los ayudantes de Pablo Laso. Pablo Laso no ha tenido nada que ver en la elección de sus nuevos asistentes. Darden no fue renovado a pesar de que era una prioridad para Pablo Laso. Y así un sinfín de detalles cotidianos que convierten en inexplicable la continuidad del entrenador. ¿Dinero del finiquito? Honestamente uno ya no sabe qué pensar.




     La situación del técnico vitoriano en el Real Madrid es como la de ese yogur que mantenemos en la nevera aun sabiendo que jamás nos lo comeremos y que tiene fecha de caducidad. Pablo Laso se siente solo. Es Alberto Herreros el único que mantiene un vínculo real con él. Se aferra a su derecho de tener un contrato por dos temporadas y asume que va a tratar de hacerlo lo mejor posible con las piezas que el club ponga a su disposición. Así de fácil… así de difícil. Os hablo de volantazos en el título de este post. Un volantazo es renovar a tu entrenador dos años más para quererlo echar 8 meses después.
     
     Os contaba antes que la verdadera noticia es que el Real Madrid quiere fichar. Pablo Laso está (moderadamente) contento con esta plantilla, asume que se puede adaptar a su estilo y ser competitiva en España y en Europa. Pero él ahora se queda en la pizarra, no tiene peso en los despachos. Y es aquí cuando aparecen los nombres, los deseos, la obsesión. Sí, la obsesión de Florentino Pérez y Juan Carlos Sánchez de dar un salto de calidad, de poner sobre la mesa un actor que dispare las ilusiones de la desorientada hinchada madridista. Quieren un interior de garantías, aunque honestamente tal y como están las cosas ahora mismo no descarto incluso un movimiento en otra posición. Y preguntan por Gustavo Ayón, una opción imposible porque el Barcelona supo amarrar sus derechos para Europa. Y es ahí cuando aparece otra vez el deseado Luis Scola.




     Scola. 34 años. Le queda una temporada de contrato con Indiana Pacers a razón de 3,7 millones de euros. Una pasta a la que nunca podría llegar el Real Madrid, que sí estaría dispuesto a realizar un esfuerzo económico muy importante por lograr su fichaje. Hablamos de un sueldo por encima de los 2 kilos, una cantidad sólo superada (y no por mucho) por el recién renovado Rudy Fernández. Aportamos más datos. En las últimas horas Juan Carlos Sánchez se ha visto en persona con Luis Scola, que comparte representante con Andrés Nocioni y Facundo Campazzo. El Madrid ha activado una operación repleta de obstáculos, el más importante que el futuro de Scola sólo depende de la decisión unilateral de los Pacers. Además el argentino cobrará la amnistía de los Rockets (¡5 millones de euros! la próxima campaña en la NBA. Pero el club quiere hacer su parte: despertar el interés del jugador, ofrecerle un buen contrato a corto y medio plazo, rodearlo de amigos en la plantilla y convertirlo en uno de los actores principales de un proyecto cuyo único camino sin retorno es levantar la Copa de Europa en el Palacio de los Deportes. Esa es la noticia y así la trasmitimos anoche. El Real Madrid está intentando el fichaje de Luis Scola. Un jugador, que aunque parezca una barbaridad afirmarlo, no encaja como anillo al dedo en el estilo de Pablo Laso. Fichar a Luis Scola es fichar a uno de los mejores y, por tanto, jugar mucho para él. Creo que me explico bien.
     
     A día de hoy, esta es la prioridad del Madrid, Luis Scola. Pero no es el único nombre propio en la libreta de los dirigentes, algo que siempre acontece cuando la decisión de fichar está tomada. Aquí aparece Hamed Haddadi, center iraní ex NBA que lo está haciendo realmente bien con su Selección en la Copa del Mundo. Un perfil completamente diferente al de Luis Scola, y no hablo sólo de la obvia calidad, sino del tipo de jugador. Un 2.18 de las características de Haddadi te obliga a jugar de una manera determinada, muy lejana a la hoja de ruta de Pablo Laso. Y ojo, encima es extracomunitario, por lo que sería impepinable para la sección negociar el finiquito de Marcus Slaughter. Un jugador que por otra parte continúa en el Madrid sólo porque firmó su renovación antes de la final liguera. Y otro ingrediente más para esta macedonia: a día de hoy Campazzo no posee el pasaporte comunitario. Pues eso, lo de los volantazos y la obsesión de Florentino Pérez por la Final Four en la que él también será el gran anfitrión.   





     Los días 26 y 27 de septiembre el Real Madrid de Pablo Laso (creo) afronta el primer título de la temporada. Allí, en Vitoria, estará también el Barcelona. Allí, aquí, y en Sevilla (Scola comparte sede con la Grecia de Fotis), está la sombra perenne de Katsikaris. En el Real Madrid, también en la sección de baloncesto, la última palabra sobre cada asunto es siempre de Florentino. He considerado necesario este artículo para explicar que las noticias no son blancas o negras, sino que tienen sus grises, a pesar de que muchas veces los propios periodistas elegimos el titular contundente y poco interpretable. La noticia es que el Real  Madrid ha tomado la decisión de fichar. La noticia es que el deseado es Luis Scola. La noticia es que el club ha puesto en marcha todos sus mecanismos para lograr una operación harto complicada. La noticia también es que existe un plan B, y que ese apunta a la torre asiática Haddadi. Aquí está el qué, el cómo y el porqué de estos volantazos que alimentan la gran obsesión presidencial de ganar a toda costa la Euroliga 2015. 


lunes, 1 de septiembre de 2014

LA IMPERIOSA NECESIDAD DE DESACTIVAR EL CHAU CHAU



     Antes de entrar en faena, voy a pedir perdón por anticipado porque tengo la convicción de que en este texto voy a incurrir en un error que censuro con frecuencia: generalizar. Hablaré del periodismo en general cuando defiendo con vehemencia que es la profesión más heterodoxa del planeta. Y utilizaré la primera persona del plural sabiendo que en esa generalización seré injusto con muchos compañeros a los que admiro y de los que aprendo cada día. Pero honestamente lo he meditado mucho y no encuentro otra manera de enfocar esta reflexión. Allá vamos.

     Está a punto de finalizar el mercado de fichajes. Está siendo un fin de fiesta movidito, más que en los últimos veranos. En lo personal cada mercado es un aliciente para mí, me encanta sentir la adrenalina de trabajar y pelear por poder ofrecer noticias y contrataciones del Rayo Vallecano y del Real Madrid de baloncesto, los equipos que mi profesión me ha colocado más cerca. Siempre he defendido que dar una noticia es muy difícil, aunque en algunas ocasiones depende simplemente de contar con la suerte de acceder a la mejor fuente. Sí, no dudéis que existe un componente  muy importante de casualidad. Me refiero a las noticias vacías de intereses. ¿Pocas? Puede ser. Pero la felicidad del periodista al transmitir esa información es enorme. Y no hablo del Madrid o del Barça. Ni del Atleti. Ni del Madrid de basket. Noticias son todas. La que da un trasatlántico mediático y la que ofrece un desconocido periodista de un medio local. La que te comes porque se adelanta otro compañero. E incluso la que jamás podrás contar.
     El periodismo necesita una autocrítica severa. Nos devoran los egos, nos tritura la obsesión de dar una noticia… para ser noticia. He dedicado un par de horas a repasar informaciones de este verano que el periodismo daba por hechas al 100% y jamás se produjeron. Durante mi corta y discreta carrera como periodista he cometido muchos errores y en alguna ocasión he ofrecido datos erróneos. A todos nos la cuelan alguna vez, todos nos equivocamos mucho. Y me ha jodido horrores pifiarla, hasta el punto de que ahora aprovecho para pedir perdón a los que en esos momentos están cerca de mí y me aguantan… porque creedme que no es fácil. Por eso soy incapaz de asumir tanta frivolidad, tanto chau chau, tantas vueltas para no reconocer que en un caso concreto la hemos cagado. Amo mi profesión (o lo que queda de ella) con locura, y confieso sin ambages que en demasiadas ocasiones siento vergüenza ajena.

     Lo de este verano ha sido una locura. Hemos convertido el mercado en un mercadeo, en una barra libre de exclusivas y primicias que no iban a ningún lado y que semanas, o días, o incluso horas después, cambiaban a exclusivas y primicias con la flecha apuntando en otra dirección. Es pésimo el ejemplo que ofrecemos a los nuevos periodistas, a los chavales que llegan con emoción a las redacciones, o simplemente a aquellos que  le dan al F5 en Twitter. Porque lo de las redes sociales es para mear aparte. Desde que llegó el pajarito a nuestros ordenadores, tabletas y smart phones, el chau chau ha invadido el escalón más alto del podio de la especulación. Basta recordar que el periodismo ha llegado a matar a personas que estaban vivas y coleando con un simple balazo escondido en 140 caracteres. Sin fallecidos de por medio, Twitter espolea el corta y pega, los plagios, las invenciones o las carreras sucias en pos de una meta que sólo existe en nuestra imaginación. Ojo, Twitter es una herramienta que bien utilizada es útil, necesaria e incluso imprescindible para el periodismo.  En lo personal, las redes sociales me dan la vida porque me permiten desenterrar de la clandestinidad noticias, opiniones, artículos y apasionantes debates con todos vosotros.
     No soy optimista, pero necesitamos desconectar ese botón que alimenta constantemente la especulación. Oímos un tambor y pensamos que estamos en mitad de la tamborrada de San Sebastián. Escuchamos de lejos el sonido de una campanita y creemos que estamos dentro de una orquesta. En los últimos tiempos ya no necesitamos ni el tambor, ni la campana ni  la madre que los parió. Nos abrazamos al “Adelanté”, “Avancé”, “Anticipé” con la misma pasión que eludimos el frecuente “La cagué”. Nos lanzamos al vacío buscando un ego que hoy te guiña el ojo y mañana te lanza a la papelera. Lo único que quizás no sea efímero es ganarte la credibilidad del receptor. Con aciertos y con errores. Soy un firme convencido de que el periodista no adelanta noticias, las cuenta. A sus 1, 10, 100, 1000 o 1.000.000 de seguidores, lectores u oyentes.

     Soy periodista, para mí la profesión más hermosa del mundo. Siento el periodismo dentro, es parte de mi vida. El periodismo es una forma de vida. Aparece en tus grandes momentos de felicidad y también en los momentos más amargos. Pero ante todo soy un consumidor compulsivo de información. Necesitamos una profunda autocrítica, sin olvidar que ahí fuera hay periodistas acojonantemente buenos. Perdón de corazón por generalizar, quizás acabe de escribir el artículo más injusto de mi vida.

domingo, 17 de agosto de 2014

UNA SONRISA DETRÁS DEL ÚLTIMO OBSTÁCULO


     Conocí a Víctor hace 5 meses. Es difícil de explicar, pero ahora siento que lo conozco de toda la vida. Contacté con él gracias a mi primo Nano, que comparte conmigo la pasión por el running... por correr, vamos, que a veces nos complicamos demasiado la vida. Una lesión en la rodilla me tenía desesperado. Tras completar la Maratón de Valencia, una de las experiencias más emocionantes de mi vida, probé 1000 cosas para curarme, pero el dolor no desaparecía. Nano me habló de Víctor, un atleta que dirigía a un grupo de corredores populares en el Parque del Retiro (VG Running). Me dijo que a lo mejor él me podía ayudar. Y lo llamé.

     Hablo de Víctor García, campeón de España de 3000 obstáculos y medallista de bronce en los Europeos de Helsinki 2012. El mismo Víctor que hace 5 días se cayó en el último obstáculo en las semifinales de los Europeos de Zurich. Un atleta profesional que vive por y para el deporte. Como periodista me fascina poder contar historias de deportistas que no tienen los focos de la popularidad apuntando a sus ojos. Historias que merecen ser contadas. En este caso no voy a negar que además añado el sabroso ingrediente del aspecto personal, el enorme privilegio de haber conocido a un buen tipo, a un tío que siempre guarda una sonrisa detrás del último obstáculo.

     Cuando lo telefoneé estuvimos hablando durante 35 minutos. Le conté mi lesión desde la A hasta la Z. No entraré en detalles porque el protagonista de este post es él y no yo, pero debo decir que se portó conmigo con un cariño y una preocupación exquisitos. Hasta el punto de que he recuperado mi pasión por el running gracias a Víctor, sus planes de entrenamiento, sus consejos y las aventuras compartidas con nuestros compañeros de grupo. Ellos, si tienen acceso a estas líneas, saben de lo que hablo.
 
 
 
 
     He llamado a Víctor justo antes de ponerme a escribir estas líneas. Acaba de pasar por uno de sus peores momentos en la competición y sin embargo responde a la llamada con la misma simpatía y el mismo entusiasmo de siempre. Y hemos hablado de todo. "Estos momentos hay que sufrirlos para darse cuenta de lo privilegiado que soy, del entorno que me rodea. Jamás olvidaré lo que hicieron mis padres y mi novia Rocío allí en Suiza, cómo me dieron todo su cariño en unos momentos muy difíciles". Salió a rodar ayer apenas 20 minutos, aún con la rodilla inflamada por el golpe y con la tranquilidad de poder disfrutar de un mes de descanso antes de alimentar una vez más su irreductible fábrica de sueños.

     Víctor García se hubiera clasificado para la gran final, seguro. Lo sabe él y lo sabemos todos los que conocemos su manera de correr. Él mismo admite que durante la carrera se complicó la vida, pero su final siempre es muy bueno y antes del último obstáculo ya estaba recortando metros y posiciones para colarse entre los 5 primeros. Hasta el sexto clasificado se metió por tiempos. Pero se cayó. Lo ha visto por televisión porque quería saber qué había pasado. Y es que después del trastazo Víctor perdió la consciencia durante media hora. Y estuvo un par de días con fuertes dolores de cabeza... y de alma. Afortunadamente, lo que este madrileño de Rivas ha sembrado durante toda su vida se tradujo en más de 1000 tuits, 500 whatsapp, numerosas llamadas y muchísimos mensajes en su página de Facebook. "Lo he leído todo y estoy muy agradecido, la pena es que no he podido contestar a todos uno por uno". Gasolina en forma de pequeños detalles que sirven para que Víctor ya esté pensando en futuros retos. La última caída se queda casi en una anécdota al lado de aquella fascitis plantar que le dejó fuera de combate durante un año y medio. O de aquel maldito Aquiles que luego pasó a la también maldita rodilla para provocar otro parón de 12 meses. Imaginaos lo que es para un atleta de élite no poder ni calzarse las zapatillas por culpa de los dolores. De eso salió Víctor. De esta última putada del destino ya lo ha hecho.
 
 
 
 
     Víctor García. Una persona que se preocupa por la insignificante molestia física de un corredor amateur horas antes de competir en unos Europeos. Que celebra con emoción que uno de sus pupilos baje de 47 minutos en los 10 km. O de 40. O de 1 hora, qué más da. Lo que festejamos en VG Running, grupo que luce las iniciales de nuestro entrenador, es superarnos. Y esa lucha jamás es contra los demás, sino con uno mismo. Un tío que recorre 6500 kilómetros al año para asumir que el último obstáculo puede enterrar provisionalmente esa deseada medalla. Que está orgulloso de animar por la tele a todos sus amigos "limpios" que han competido en Zurich. Porque Víctor es valiente y honesto, no se esconde en tópicos ni en diplomacias para no censurar con firmeza el dopaje. "Si tengo que dejar de saludar a 20 atletas en los estadios, lo haré, pero es que no puedo con la gente sin principios". Por eso su gran amigo en esto del atletismo es Jesús España, también una de las grandes debilidades de éste que escribe. Un tío del que estamos inmensamente orgullosos todos los que nos entrenamos con él y con la gran Rocío. No os imagináis cómo se viven sus carreras en el grupo de whatsapp que compartimos. O los gritos que pegamos Aquarius en mano en el bar de la esquina del Retiro cuando una prueba del gran Víctor coincide con una de nuestras sesiones. Seguirás persiguiendo desafíos y luchando por victorias, pero el gran triunfo al que todos aspiramos en la vida, ser queridos, tú ya lo lograste hace mucho tiempo. Y nunca olvides que la gran victoria es levantarse cada mañana, mirarse al espejo y poder abrazar la honestidad de saber que uno, como deportista, está limpio. Víctor: todos los que te quieren están inmensamente orgullosos de ti. Porque saben que una vez más, detrás del último obstáculo, espera tu sonrisa.

    
   
    

sábado, 12 de julio de 2014

SÍ, NO, TAL VEZ



     Pablo Laso. Él es el auténtico protagonista del culebrón del verano en el mundo del baloncesto. Han transcurrido 16 días desde el final de la Final de la Liga ACB y ni en uno solo de esos días se ha dejado de hablar del futuro del entrenador vitoriano. La posición real (o legal, para ser más exactos) del técnico es exactamente la misma que hace 20 días, 2 meses u 8 meses, que fue justo cuando Laso amplió su vinculación con el Real Madrid hasta el verano de 2016. Nada ha cambiado. Él es el entrenador del Madrid. Es un hecho irrefutable.

     Pero lo legal  no puede ocultar lo real, es decir, lo que está pasando alrededor de la figura de Pablo Laso. Mi profesión me ha permitido estar muy cerca de las aventuras y desventuras de la sección de baloncesto del Real Madrid durante los últimos 14 años. Imaginaos las historias de todo calado que han acontecido durante ese tiempo. Pues bien, me cuesta mucho encontrar entre mis recuerdos algo parecido a este culebrón. Sabéis que intento ser muy autocrítico con el periodismo y, sobre todo, conmigo mismo. La profesión yerra cuando intenta adelantar una noticia por todos los medios y Twitter (tan útil en ocasiones como diabólico en otras) alimenta esa falta de rigor a la hora de tratar esa noticia. El hincha del Madrid y el aficionado al basket en general ha podido leer durante los últimos días incluso que Pablo Laso ya había sido destituido. Sólo con teclear "Pablo Laso" en el buscador de las redes sociales encontramos auténticas barbaridades que se escriben sin una mínima dosis de rigor. Así es imposible que nos ganemos la credibilidad como gremio. Por eso lo más bonito que alguna vez me han podido decir como periodista es que tengo credibilidad, eso es algo muy hermoso. Lo dice alguien (yo) que me equivoco 1000 veces al año.

     Bueno, volvamos al lío. Yo estaba convencido de que Pablo Laso estaba fuera del Real Madrid. Pero seguro. Hasta el punto de que me hubiera apostado con cualquiera una docena de cenas. Todos los indicios, todas las conversaciones, todas las llamadas, todos los movimientos, todas las fuentes que he consultado me llevaban a esa convicción. No sólo lo pensaba yo, sino muchos empleados de la sección, varios jugadores y unos cuantos periodistas muy bien informados. Qué coño, el primero que pensaba que estaba en la calle era el propio Pablo Laso, que no es tonto. Él sabe que el respaldo que ha recibido nunca ha sido incondicional, ni siquiera en los mejores momentos, durante los cuales renovó más por inercia y por apoyo popular que por convicción profunda de los dirigentes. Como he escrito en varias ocasiones, sólo Alberto Herreros ha confiado siempre, y sin ninguna fisura, en el entrenador vasco.
 
 
 
 
     Pablo Laso está ahora muy cuestionado dentro de la propia sección y también en los despachos del club. Se le achaca no haber sabido dirigir bien las finales y haber perdido las riendas del vestuario en el tramo final de la temporada. Si la decisión de prescindir de él no llegó a estar tomada (soy honesto y tengo que decir que lo desconozco), desde luego ha estado muy cerca. Rozando el palo, besando el larguero, haciendo 10 corbatas en el aro antes de escupir el balón. Muy, muy cerca. Pero mucho. Se ha prescindido de sus ayudantes, sobre todo de uno, Hugo. López, que al fin y al cabo siempre ha sido la mano derecha del entrenador en su todavía corta carrera en los banquillos. Se ha sondeado a otro técnico, Fotis Katsikaris, al que la normativa vigente no le permitiría firmar con un club hasta la finalización de la Copa del Mundo, en la que el griego va a dirigir a la Selección de su país. Y para mí lo más importante: a diferencia de los tres últimos veranos, el club no está contando con Laso para la planificación del próximo curso. No existe un contacto regular. Es cierto que el único fichaje cerrado es Nocioni, actor al que en su momento el técnico dio el visto bueno, de hecho está encantado con esa adquisición. Pero Pablo ha dejado de tener peso en ese departamento. Valga como ejemplo que ha insistido muchas veces en que Darden es imprescindible en su proyecto y el americano no va a ser renovado. Incluso desde los despachos del Bernabéu se desliza que Slaughter podría ser cortado semanas después de firmar su renovación a petición del actual entrenador. De locos.

     No sé qué va a pasar con Pablo Laso. Si Florentino Pérez ha frenado el despido no lo ha hecho por convicción, ya que mi información es que el presidente tenía sentenciado al entrenador. ¿Motivos económicos? No me cuadra porque eso nunca ha sido impedimento en el Real Madrid a la hora de tomar decisiones importantes, y esta desde luego lo es. ¿Las encuestas? Honestamente creo que tienen su peso, como el hecho de dejar desierto el banquillo todo el verano ante la incredulidad de los aficionados y frente a la excelente gestión estival que está haciendo el Barcelona.

     El caso es que el "Pablo está fuera" ha mudado al "Ya no tengo ni idea de lo que va a pasar con el entrenador". Y eso, queridos lectores, lo dicen personas muy cercanas al culebrón. Yo ya no me apostaría la docena de cenas que hubiera firmado sin dudarlo hace una semana. Lo que tengo claro es que si Pablo Laso arranca su cuarto proyecto al frente del Real Madrid, el curso puede ser un infierno para él. Su figura se ha horadado mucho antes incluso de agarrar la bola en la primera sesión de pretemporada. Los jugadores saben que no está respaldado. El club va a elegir a sus ayudantes. Los ingredientes de planificación deportiva no van a ir de la mano del cocinero. Y encima, visto lo visto, para Laso sería ganar la Copa de Europa o fracasar estrepitosamente a ojos del club. Dejemos al margen el hecho incuestionable de que Pablo ha ganado más títulos, ha estado en más finales, ha llevado a más gente al pabellón y ha atraído a nuevos patrocinadores. La decisión deportiva del Real Madrid siempre será debatible, discutible, opinable. Pero la forma de encauzar este asunto está siendo una gran pifia y así me lo trasmiten a diario decenas de fieles aficionados al baloncesto madridista.
 
 
 

     Esto es como la relación entre unos novios a los que les ha ido muy bien. El “tal vez” es siempre lo peor porque acaba terminando como el rosario de la aurora. Si el Madrid lo tuviera claro, si apostará de facto por el “sí”, hace tiempo que hubiera ratificado públicamente al entrenador (sé que lo hizo esta semana Herreros, pero me refiero a una acción que finalizara de cuajo con cualquier especulación). Si fuera un "no", Laso habría sido ya despedido. De momento la novia se decanta por el "tal vez", una presión enorme para el novio y una insatisfacción irrefrenable para los invitados a la futura boda, es decir, para los aficionados que se quieren enganchar a un proyecto consistente y ganador. Pablo Laso y el Real Madrid. El culebrón de verano más largo e intenso de los últimos años.
 
 
 
 

viernes, 27 de junio de 2014

EL TRIUNFO DE LO EXTRAÑO



     Es extraño que el Barcelona le gane una final al Real Madrid anotando 88 puntos de media. Es extraño que Lampe, residual durante muchas semanas, se convierta en el gran protagonista del último choque con el triple ganador y, ojo, una acción decisiva justo anterior rebañando una cesta de Llull que ya entraba. Es extraño que Navarro, después de una fantástica final, se erija en MVP tras un partido con 2/9 en tiros de campo y 7 pérdidas de balón. Es extraño el enorme cortocircuito de Mirotic, corajudo en la última función pero lejos de su mejor versión. Es extraño que Sergio Rodríguez, durante meses el mejor actor de Europa, falle triples decisivos que anota en cada calentamiento con los ojos cerrados. Es extraño que Pablo Laso se rompa el tendón de Aquiles de traje y corbata. Y más extraña, incluso histórica, su fotografía abandonando en silla de ruedas el Palau enrojecido a causa de su indignación con los árbitros. Es extraño que esa imagen se convierta en una metáfora del estado físico de su equipo, transformado en el último cuarto de la final en el Real Madrid CM (Club de Muletas), con hasta 4 jugadores saliendo cojos del vestuario. Es extraño que otra vez estuviera preparada la tumba de Xavi Pascual, cuyo bagaje en el Barça es sencillamente espectacular. Es extraño que Tomic no se mire cada mañana al espejo para decirle que debe ser el número 1. Es extraño que desde la T4 del Bernabéu descartaran a última hora el fichaje de Jimmy Baron a pesar de las advertencias racionales de los técnicos, que conocen muy bien la exigencia física de un calendario demoledor. Es extraño que no esté asegurada la continuidad de Pablo Laso en el banquillo del Real Madrid.

     Bueno, sinceramente esto último no es nada extraño. Como hemos escrito en este blog en varias ocasiones, el técnico vitoriano jamás estuvo plenamente respaldado por su club. Jamás. Ni siquiera en los mejores momentos. Como ya he confesado en alguna ocasión, estoy firmemente convencido de que Laso no hubiera arrancado su recién terminado tercer curso si llega a perder el quinto choque de la final 2013. Puede resultar extraño que un proyecto dependa de un día, de un resultado, de una función... pero es la realidad. Así ha sido en el Real Madrid casi siempre, en fútbol y en baloncesto. Así ha sido siempre con Florentino Pérez en la presidencia. No olvidemos que Pablo Laso renovó su contrato (hasta 2016) ya con esta campaña iniciada, más por la inercia de los resultados, el juego y la felicidad de los aficionados que por convencimiento de los que mandan. El entrenador del Madrid sólo ha tenido un apoyo incondicional en el Real Madrid, el de Alberto Herreros. No es casualidad que anoche ambos, junto a Hugo López, mano derecha del entrenador, fueran los últimos en abandonar el Palau Blaugrana. Juntos, como siempre. Respaldo que en los momentos malos agradecen los sufridos profesionales de un equipo de la élite.
 
 
 
 
     La temporada ha finalizado mal para el Madrid. Se ha convertido en una senda interminable por caminos abruptos y con escasa gasolina. Pocas piernas, pocas fuerzas, mala condición anímica y quizás déficit de autocrítica después de la final de Milán. Es curioso como el equipo que más enamoró al espectador en muchísimos años ha terminado abrazándose a la heroica con varios cojos, toneladas de coraje y superávit de corazón. Con una pizca más de acierto el duelo hubiera vuelto al Palacio. Porque el Barça ha completado una final fantástica, soberbia, pero es asombroso que le costara tanto cerrar el último partido con todo a favor. Sí, a eso también le pegamos la etiqueta de "extraño". Como la sensación de que algo se ha resquebrajado en el vestuario del Madrid, un equipo repleto de gente joven con ganas de comerse el mundo. Quizás sea por verse las caras a todas horas, 80 partidos y decenas de viajes dan para mucho. Pero es evidente que la química no aguantó hasta los créditos de la película.

     El cortoplacismo domina el deporte. En los periódicos y en los despachos. Hace 41 días el Madrid apalizaba al Barcelona. Pascual estaba en la calle y Navarro en el asilo. Demencial, claro. Pero hace 41 días algunos colocaron a ambos en ese humillante escenario. Ahora le toca al Madrid. Por eso afirmo siempre que puedo que para mí la verdadera brillantez de los dirigentes deportivos se demuestra cuando manejan un proyecto más allá de resultados puntuales. Muchos aseguran que esta plantilla con otro entrenador lo hubiera ganado todo, un discurso que acoge con gusto el presidente de la entidad. Es indemostrable. Así que mejor acudir a lo empírico. Hace muy poco tiempo la sección de baloncesto del Real Madrid era un solar. Un auténtico solar. Un solar de dimensiones siderales. En cuanto a apoyo interno, títulos, decisiones, sensaciones y hasta muchos jugadores. Coincidieron buenos movimientos en los despachos con la llegada de un entrenador que ganó y enamoró. ¿Ha ganado menos de lo que debe? No lo sé. Pero ha ganado bastante más que la media de la versión moderna de la sección. Porque queda muy grandilocuente comparar a este Real Madrid con su historia. Pero lo que hay que hacer es comparar a este Real Madrid con su pasado reciente. Es un matiz muy importante. Trascendental.
 
 
 

     El Real Madrid ha recorrido un camino. Necesita autocrítica para pulir errores, reubicar roles y armar otro proyecto ganador. Insisto. Pablo Laso nunca se sintió plenamente respaldado, ni siquiera con 9 finales, 1 Liga, 2 Copas, 2 Supercopas y 2 finales de Copa de Europa (la última perdida en la prórroga). El pasado verano rechazó ofertas que doblaban su sueldo porque estaba (y está) convencido de que tiene entre las manos un desafío hermoso. Ahora espera sentado en el sofá, con el pie y el alma rotos, la decisión de sus jefes. Los contratos en los clubes grandes valen para poco, el triunfo del cortoplacismo es imparable. Hace apenas un mes el proyecto era retener las piezas interiores, fichar un base por Draper, hacerse con un 3 alto de calidad y mantener el bloque con una plantilla de más de 12 peones. Con Pablo Laso. Hoy todo aquello parece papel mojado. Eso sí, como aficionado a este precioso y bendito deporte llamado baloncesto reivindico el derecho a analizar la realidad por encima de las vitrinas. Acojonante cómo ha llegado a jugar este Real Madrid. Una bendición para el basket, una oferta de ocio espectacular. Como el baloncesto del Barcelona en la gran final, por momentos maravilloso. Hay que valorar eso. Aquel jamón ibérico llenó nuestro buche, el de cualquier aficionado imparcial. Para los parciales, para los madridistas apegados a la sección de baloncesto, os recuerdo que no hace mucho el Madrid no se comía ni la mortadela, le costaba horrores incluso llegar con regularidad a las finales, disputaba semifinales (y a veces cuartos) con la convicción de que tocaba (otra vez) palmar. Sería muy extraño entender la decisión de volver a arrancar desde el kilómetro 0. Pero ya sabéis que últimamente triunfa lo extraño.


miércoles, 18 de junio de 2014

EL REPORTERISMO DEPORTIVO ENTRA EN COMA



Periodista deportivo. Qué gran profesión, a pesar de que ahora cotiza a la baja, hecho incontestable del que los propios periodistas deportivos tenemos una gran parte de culpa. El periodismo deportivo abarca muchas vertientes, todas ellas apasionantes. Desde presentar un programa de televisión hasta elaborar un trabajoso reportaje escrito, pasando por coordinar y producir un espacio de radio. En lo personal, de todas las funciones que he tenido el privilegio de poder realizar, me quedo, sin pensarlo ni una décima de segundo, con el reporterismo. La pena es que el reporterismo deportivo ha entrado en estado de coma.

Me hubiera encantado haber vivido y disfrutado el periodismo deportivo de los años 80 y principios de los 90. Aquel contacto con los deportistas, aquella naturalidad, aquella relación directa con la noticia y sus actores sin necesidad de la intermediación de 7 representantes y 18 miembros del departamento de comunicación. Aún así, me doy con un canto en los dientes porque mis primeros pasos en esto coincidieron con el estreno del nuevo siglo, y por aquel entonces un reportero echao palante, con poca vergüenza (la mía la perdí un día en el colegio y jamás la recuperé), con muchas ganas y con una dosis de suerte podía disfrutar mucho, muchísimo en esa función de reportero. Con una grabadora, muchas horas de trabajo y toneladas de fe se podía conseguir alguna de esas recompensas que activan la satisfacción y refuerzan la convicción de adorar este bendito oficio.
 
 
Ya más cerca de los 40 que de los 30, echo la vista atrás y presumo con orgullo de haber disfrutado de momentos inolvidables de reporterismo. Como recorrer 600 kilómetros en coche por Centroeuropa sólo para obtener las primeras (y escuetas) declaraciones de Ujfalusi como futbolista del Atlético de Madrid. Como contar desde la Sala Pionir con un sonido incomparable un Partizan – Real Madrid de baloncesto que no se emitía por televisión. Como viajar como único enviado especial con un equipo de basket para contar sus andanzas continentales. Como recorrer miles de kilómetros con la única compañía de cafés y galletas Leibniz para seguir a los equipos rivales de España en un Mundial. Como sentir en vena los incomparables viajes con un equipo de Segunda B o Tercera División. Como hacer entrevistas a pie de campo en cualquier estadio del fútbol español. Como tantos y tantos instantes inolvidables que conservaré para siempre en mi álbum de recuerdos. Mis compañeros de profesión con etiqueta de reporteros se sentirán identificados con este párrafo. Ellos saben que la acción es una droga que se disfruta con responsabilidad y emoción.   

Desgraciadamente, ya nada será como antes. Y me da una inmensa pena por aquellos jóvenes periodistas que abandonan la facultad con ganas de comerse el mundo y devorar a bocados el oficio de reportero. Este artículo tiene su génesis en un reciente viaje al sur de España en el que sentí la dolorosa impotencia de no poder hacer nada, de no ser capaz de ofrecer contenidos, entrevistas y declaraciones a mis compañeros que estaban en Madrid. Una frustración enorme. Todo por culpa de algunos inventores de la nueva comunicación que se creen dueños de un cortijo que destrozan a base de autoridad. El periodismo deportivo actual necesita jefes de prensa. No es un cargo fácil, en ocasiones más bien todo lo contrario, ya que nadan permanente en aguas hostiles, con olas de diferente intensidad que siempre te alcanzan y te mojan. Quizás mis mejores amigos en este negocio se dedicaron o se dedican a esa labor. Pero los males vienen de una capa superior, generalmente de actores coyunturales que jamás en la vida se han manchado de barro su impoluto traje de autoridad. En fin, no deseo llenar de frustraciones este folio, pero no es cabal que los futbolistas de una de las mejores Selecciones de la historia estén cada día en los medios de comunicación, y que sin embargo sea misión imposible entrevistar a un joven imberbe miembro de un equipo filial. No hay un solo argumento para defender con coherencia semejante postura. Ni uno.

El periodismo deportivo está inundado de intereses y de extremos, es una realidad irrebatible. El asesinato a quemarropa del reporterismo puede ser una de las causas de esta realidad incontestable, aunque mi vena romántica me obliga a defender que aún no está muerto… aunque sí en cuidados intensivos y con los órganos muy debilitados. Una situación que me hace sentir una gran frustración, echo mucho de menos otros tiempos. Me gustan las películas de acción. Sentir (sólo por unos minutos) la satisfacción del trabajo bien hecho o padecer (durante horas) el cabreo de saber que no has hecho las cosas bien. Viajar con la grabadora como irrenunciable compañera de travesía. Soñar con la mejor profesión del mundo. Aprender de muchos compañeros que han hecho del reporterismo (deportivo y no deportivo) una auténtica religión. El periodismo necesita el linimento. Pero cada vez está más difícil pisar el barro. Ahora prefieren, preferimos directamente meter las botas en la mierda. Esperemos no asistir nunca al definitivo Descanse en Paz.
  

             

viernes, 13 de junio de 2014

MACEDONIA DE PLAYOFF


    
     Llevo unos cuantos días para escribir este artículo. No por pereza, ni por bloqueo mental, ni porque la tableta se hubiera quedado sin batería. La razón es que tenía la convicción de que la idea que manejaba en la cabeza no era redonda, le faltaba algo para completar unas líneas dignas de un post sobre basket. En la génesis la intención era alabar la serie Unicaja - Real Madrid (vibrante, anotadora, espectacular, igualada, durísima) en comparación con el cruce Valencia - Barcelona, en el que no se regalan los puntos ni el baloncesto de ataque. Pero a estas alturas siento que no sería justo. Entre otras cosas porque el desarrollo de la semifinal entre segundo y tercero está siendo increíble... 4 victorias forasteras, y aún queda el remate, un chimpún impredecible en la Fonteta. Así que vamos con una sabrosa macedonia de playoff, a ver qué sale.
     
     Me ha flipado el CB Málaga - Real Madrid. Una pasada. Nivelazo. 170 minutos soberbios de baloncesto. Mientras degusto un café (¡larguito!) en el tren rumbo a los Madriles, se me pone la piel de gallina recordando el ambientazo del Martín Carpena. Nunca lo vi tan caliente, tan entregado como en estas dos citas. Maravilloso el momento del himno y también el caluroso tributo final, un gesto que evidencia que Joan Plaza ha vuelto a enganchar a la parroquia malagueña. Unicaja se despide con un 3-1 en contra, pero ha regalado un baloncesto formidable. Estelar Suárez, dulce Toolson, jefe Granger, decisivo Fran Vázquez... así hasta completar una nómina de actores que han tratado hasta el último aliento de alargar el serial a 5 capítulos. En muchos momentos del duelo los verdes han activado el baloncesto por el que ha apostado siempre el Madrid de Pablo Laso. Defensa, rebote, correr, circular la bola... enamorar. No es fácil hacer eso, nada fácil. Magnífico, de verdad.




     Unicaja no estará en la final. El Barça, quizás sí. Aunque haya anotado 77 puntos menos que los andaluces (en 10 minutos menos también). Yo creo que se va a meter, aunque no sea el día más apropiado para defender este pronóstico. Pero jamás pensé que este equipo mostrara las costuras que se le ven durante el último mes. No me hubiera apostado ni la entrada para el cine a que el Barcelona hubiera bajado los brazos en la semifinal de la Euroliga, y mucho menos a que bordeara el ridículo en sus dos envites caseros ante un Valencia capitidisminuido. Insisto. Guardo en la mochila tanto crédito para este equipo que intuyo que ganaran el domingo, pero sus titubeos me dejan asombrado. Es alucinante que sólo se agarren a un Navarro exprimido cuando en la plantilla hay jugadores con nivel, galones y sueldo para coger el carro y arrastrarlo hasta la canasta contraria. Fallan más tiros libres que mi equipo infantil de la Sagrada Familia. Lanzan triples y triples como si los sistemas estuvieran enterrados debajo del parqué. Increíble, de verdad. Menudo quilombo se va a montar como los taronja remonten el 2-0, algo que jamás ha ocurrido en los 30 precedentes anteriores.
     
   Qué corazón tiene este Valencia. Qué entrenador Perasovic. Qué manera de sobreponerse a todos los contratiempos. Qué temporadón. La forma de competir y remontar en el tercer encuentro me recordó a aquel Baskonia de Ivanovic que casi gana una Copa del Rey con Gadou como obrero estelar. Peras. Escuela balcánica. Sin excusas. Cuando los soldados caen, no hay quejas, sino más orgullo. Bárbaro. Como Felipe Reyes. El acabado. No hay más calificativos para este bicho. Si España fuera un país serio, el Gobierno hubiera sacado hace ya muchos años un decreto ley para crear esa báscula que pueda pesar de una vez por todas las inmensos h...en fin, no sé sí existirá. Qué pelotas... de baloncesto.




     
     Y así van transcurriendo estos apasionantes playoff 2014. Con estas semifinales inacabadas que aún buscan al segundo aspirante al titulo. Una penúltima ronda que nos ha dejado 351 puntos del Real Madrid, 347 de Unicaja, 272 de Valencia Basket y 270 de un Barcelona que se apaga de forma alarmante. La gran final arrancará el jueves 19 y si agota los 5 envites se irá hasta el 28 de junio. Ahí estará el Madrid de Pablo Laso, que se abraza a su sexta final seguida y persigue su también sexto título en tres años. Ahí siguen, 76 partidos después (67-9), con síntomas de cansancio, con lesiones y con una fatiga mental evidente. Es curioso que 2 finales seguidas perdidas de Copa de Europa inunden el huerto cuando ese huerto (el de las finales europeas) ha sido un erial hasta que ha llegado el vitoriano. Laso ha metido al Madrid en todas las finales 40 años después. Pero aunque campeone otra vez dentro de 15 días jamás será capaz de vencer la otra final, la del inconformismo. Cómo desgasta ese banquillo. 


jueves, 29 de mayo de 2014

CARLES PUYOL: UNA MELENA PARA LA ETERNIDAD



     Si éste que escribe hubiera sido futbolista, me hubiera gustado parecerme a Carles Puyol. Manejo una razón por encima de cualquier otra, y es que tengo la convicción de que Puyol jamás ha negociado su esfuerzo, lo cual me parece una enseñanza para el deporte… y también para la vida. Siempre se ha dejado todo lo que tenía, bien con la camiseta del Barcelona, bien con el dorsal número 5 en la casaca de la Selección. Siempre. En la Final de una Champions o de un Mundial, pero también en un amistoso con España o en el último bolo asiático con su club. El mismo coraje que ha tenido para pelear sin tregua durante 2 largos años con la obsesión de volver a jugar al fútbol. La misma valentía que ha exhibido para gritarle al mundo que ya no tiene físico para el fútbol de élite. Puyol jamás ha engañado a nadie, tampoco en lo que seguramente sea el epílogo a una carrera admirable.

     Carles Puyol. Atrevido dentro de la cancha, tímido fuera del 105 x 70. Nunca regaló sonrisas a los periodistas y (casi) siempre renunció a los micrófonos, hasta el punto de convertir en habitual su desfile en cada zona mixta pegado a su teléfono móvil. Nunca sabremos si realmente estaba hablando con alguien, pero sí que los periodistas que lo conocen de verdad hablan de él como un tío de palabra. Hasta el punto de conceder entrevistas a medios muy pequeños en detrimento de trasatlánticos mediáticos a los que es muy difícil renunciar. “Hablo contigo porque te conozco y hay confianza y respeto, pero prefiero que la entrevista me la hagas tú y no tu jefe”, le confesó a algún camarada en más de una ocasión.


     Soy más de personas que de equipos o proyectos. Y en mi pequeño abanico de ídolos siempre estará un tipo como Carles Puyol. Celebré con pasión su cabezazo contra Alemania metido en un estudio de radio, con el ordenador abierto preparado para reservar un viaje imposible (¡lo hice!) a Johannesburgo. Inolvidable aquel cuero rematado por todos los españoles, pero ejecutado por la melena más auténtica del fútbol español. Hasta en eso Puyol demuestra ser un tipo de convicciones innegociables. Sus fotos de crío en la Masía con sus fotos de la despedida de hace unas semanas en el Camp Nou comparten ese peinado idéntico, alejado de modas y ligado para la eternidad con una valentía que es difícil encontrar en otro deportista de élite. Unas pelotas que  le han llevado a Puyol a partirse la cara, la nariz, la ceja y las rodillas por defender unos colores. Conmovedor, sin duda.

     Puyol es y será del FC Barcelona hasta la médula. Idolatrado por su hinchada, como no podía ser de otra forma. Pero respetado por la afición rival, incluida la del Real Madrid, el eterno enemigo. Nunca fue a hacer daño conscientemente a un contrario, tampoco se le recuerda una declaración fuera de lugar. Para la historia de los valores queda su reprimenda pública a Thiago y Alves por celebrar con un baile innecesario aquella severa goleada en Vallecas. Y también la orden a Piqué de desprenderse de un mechero que había sido lanzado desde la grada del Bernabéu en uno de esos derbis a cara de perro. Para los que amamos los códigos del fútbol por delante incluso del propio fútbol, conservaremos siempre en la retina el abrazo que Puyol le daba a Agustín Herrerín, delegado de campo del Real Madrid, cada vez que llegaba con su equipo al feudo del enconado rival. Respeto como etiqueta de cabecera.


     Es más que posible que jamás volvamos a ver a Puyol vestido de corto. No puede. Sus maltrechas rodillas le impiden incluso llevar una vida normal. Durante 15 largos años se ha vaciado, lo ha entregado todo, ya no le queda más gasolina en un depósito repleto de compromiso y de calidad. Porque sería injusto que no mencionáramos en este texto que el 5 del Barcelona y de España ha sido uno de los mejores defensores de la historia del fútbol. Inabordable para el delantero, adorable para el compañero. Centenario con España, algo sólo al alcance de los fuera de serie. Campeón de todo, campeón con todos. Títulos para regalar. Batallas inolvidables que ya ocupan un lugar de privilegio en los libros dorados de este bendito balompié. Gracias por todo, Puyol. Pronto cumpliré uno de mis grandes deseos: lucir con orgullo la camiseta de España con tu nombre y el dorsal 5. Ya eres una jodida leyenda. Una melena para la eternidad.