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viernes, 13 de junio de 2014

MACEDONIA DE PLAYOFF


    
     Llevo unos cuantos días para escribir este artículo. No por pereza, ni por bloqueo mental, ni porque la tableta se hubiera quedado sin batería. La razón es que tenía la convicción de que la idea que manejaba en la cabeza no era redonda, le faltaba algo para completar unas líneas dignas de un post sobre basket. En la génesis la intención era alabar la serie Unicaja - Real Madrid (vibrante, anotadora, espectacular, igualada, durísima) en comparación con el cruce Valencia - Barcelona, en el que no se regalan los puntos ni el baloncesto de ataque. Pero a estas alturas siento que no sería justo. Entre otras cosas porque el desarrollo de la semifinal entre segundo y tercero está siendo increíble... 4 victorias forasteras, y aún queda el remate, un chimpún impredecible en la Fonteta. Así que vamos con una sabrosa macedonia de playoff, a ver qué sale.
     
     Me ha flipado el CB Málaga - Real Madrid. Una pasada. Nivelazo. 170 minutos soberbios de baloncesto. Mientras degusto un café (¡larguito!) en el tren rumbo a los Madriles, se me pone la piel de gallina recordando el ambientazo del Martín Carpena. Nunca lo vi tan caliente, tan entregado como en estas dos citas. Maravilloso el momento del himno y también el caluroso tributo final, un gesto que evidencia que Joan Plaza ha vuelto a enganchar a la parroquia malagueña. Unicaja se despide con un 3-1 en contra, pero ha regalado un baloncesto formidable. Estelar Suárez, dulce Toolson, jefe Granger, decisivo Fran Vázquez... así hasta completar una nómina de actores que han tratado hasta el último aliento de alargar el serial a 5 capítulos. En muchos momentos del duelo los verdes han activado el baloncesto por el que ha apostado siempre el Madrid de Pablo Laso. Defensa, rebote, correr, circular la bola... enamorar. No es fácil hacer eso, nada fácil. Magnífico, de verdad.




     Unicaja no estará en la final. El Barça, quizás sí. Aunque haya anotado 77 puntos menos que los andaluces (en 10 minutos menos también). Yo creo que se va a meter, aunque no sea el día más apropiado para defender este pronóstico. Pero jamás pensé que este equipo mostrara las costuras que se le ven durante el último mes. No me hubiera apostado ni la entrada para el cine a que el Barcelona hubiera bajado los brazos en la semifinal de la Euroliga, y mucho menos a que bordeara el ridículo en sus dos envites caseros ante un Valencia capitidisminuido. Insisto. Guardo en la mochila tanto crédito para este equipo que intuyo que ganaran el domingo, pero sus titubeos me dejan asombrado. Es alucinante que sólo se agarren a un Navarro exprimido cuando en la plantilla hay jugadores con nivel, galones y sueldo para coger el carro y arrastrarlo hasta la canasta contraria. Fallan más tiros libres que mi equipo infantil de la Sagrada Familia. Lanzan triples y triples como si los sistemas estuvieran enterrados debajo del parqué. Increíble, de verdad. Menudo quilombo se va a montar como los taronja remonten el 2-0, algo que jamás ha ocurrido en los 30 precedentes anteriores.
     
   Qué corazón tiene este Valencia. Qué entrenador Perasovic. Qué manera de sobreponerse a todos los contratiempos. Qué temporadón. La forma de competir y remontar en el tercer encuentro me recordó a aquel Baskonia de Ivanovic que casi gana una Copa del Rey con Gadou como obrero estelar. Peras. Escuela balcánica. Sin excusas. Cuando los soldados caen, no hay quejas, sino más orgullo. Bárbaro. Como Felipe Reyes. El acabado. No hay más calificativos para este bicho. Si España fuera un país serio, el Gobierno hubiera sacado hace ya muchos años un decreto ley para crear esa báscula que pueda pesar de una vez por todas las inmensos h...en fin, no sé sí existirá. Qué pelotas... de baloncesto.




     
     Y así van transcurriendo estos apasionantes playoff 2014. Con estas semifinales inacabadas que aún buscan al segundo aspirante al titulo. Una penúltima ronda que nos ha dejado 351 puntos del Real Madrid, 347 de Unicaja, 272 de Valencia Basket y 270 de un Barcelona que se apaga de forma alarmante. La gran final arrancará el jueves 19 y si agota los 5 envites se irá hasta el 28 de junio. Ahí estará el Madrid de Pablo Laso, que se abraza a su sexta final seguida y persigue su también sexto título en tres años. Ahí siguen, 76 partidos después (67-9), con síntomas de cansancio, con lesiones y con una fatiga mental evidente. Es curioso que 2 finales seguidas perdidas de Copa de Europa inunden el huerto cuando ese huerto (el de las finales europeas) ha sido un erial hasta que ha llegado el vitoriano. Laso ha metido al Madrid en todas las finales 40 años después. Pero aunque campeone otra vez dentro de 15 días jamás será capaz de vencer la otra final, la del inconformismo. Cómo desgasta ese banquillo. 


miércoles, 29 de mayo de 2013

LA INEXPLICABLE NECESIDAD DE REBOZARSE EN LA MIERDA


     Hace unos meses, sentado a la mesa de un restaurante, un tipo al que yo quiero mucho que conoce a la perfección los entresijos del baloncesto, me dijo una frase categórica: “Hay gente que critica por decreto, ocurra lo que ocurra, todo lo que tiene que ver con el baloncesto”. Una gran verdad que ahora me sirve de gancho para escribir este artículo.

     Porque esa frase es una verdad como un templo. Como periodista, me impongo la obligación y siento la necesidad (no es lo mismo) de censurar aquello que considero que se está haciendo mal y aplaudir eso que creo que se está haciendo bien. A poder ser sin pontificar, ese mal del periodismo y de la vida que por momentos se vuelve insoportable. Algo que así escrito del tirón parece sencillo, y que sin embargo por momentos se convierte en quimérico, en un ejercicio de malabarismo y funambulismo a la vez. Pertenezco a ese reducido (o no) grupo de personas a las que le gusta informar sobre baloncesto, ver baloncesto, contar baloncesto, leer sobre baloncesto, escuchar a otros hablar de baloncesto, opinar sobre baloncesto, sentir el baloncesto. El baloncesto forma parte de mi vida. El baloncesto es una parte muy importante de mi vida.

     Trabajo (de momento) en un medio de comunicación que antes de “asesinar” su proyecto de deportes se volcó con el baloncesto. Creo en ese producto, creo en el baloncesto. Como deporte, como ocio… y también como elemento para transmitir emociones a los demás. Como amante del baloncesto no acierto a entender cómo es posible que un partido de semifinales de la Liga Endesa se programe un día laborable a las 18.15 horas, no me gusta que a la Copa de Europa vayan los novenos de una Liga y se queden con cara de gilipollas los cuartos, alucino con las huelgas de paripé que nunca se hacen, no me agrada el modelo “iluminado” del mandamás de la Euroliga, me parece una falta de respeto que el hincha del Real Madrid tenga que elegir entre ir al fútbol o al basket…  y así, como todos vosotros, podría enumerar decenas de detalles que, humildemente, pienso que los encargados de “vender” este maravilloso deporte están haciendo mal. Hasta ahí correcto y, sobre todo, muy necesario.
                                              
 
 
     Pero me enerva la gente que vive para criticarlo todo. Personas que supuestamente trabajan por y/o para el baloncesto. En mis conversaciones privadas con ellos no recibo ni una sola inyección de optimismo y cuando leo sus medios es imposible encontrar una buena noticia o una crítica positiva. Por no hablar de las redes sociales, en las que sus cuentas “escupen” palos, azotes y golpes contra todo y contra todos. No les gusta nada. Todos los clubes están gestionados mal, la ACB lo hace todo de manera penosa, la Euroliga es una vergüenza, cada minuto de realización televisiva es una basura, las audiencias son bochornosas, cada comentarista o narrador de basket es insoportable, el fichaje de Rudy por el Madrid es incomprensible, todos los horarios de todos los partidos de todas las eliminatorias del mundo mundial son un error… y así podría rellenar folios y folios de “zascas” contra todo y contra todos. Me pregunto si la explicación es que rebozarse en la mierda da más notoriedad que intentar buscar el equilibrio.     

     El baloncesto (y lo que le rodea) nos ofrece muchísimas cosas buenas. Sin ir más lejos,  el playoff 2013 nos está regalando momentos para la historia, como las tres prórrogas en el Príncipe Felipe o la hazaña heroica del Gran Canaria. Este deporte es tan mágico que Javi Beirán ha mudado en apenas 5 días de la culpabilidad extrema por fallar dos tiros libres claves a la máxima euforia por “profanar” el Buesa con una victoria antológica. Me niego a pensar que todo sea una ruina. Y me rebelo contra aquellos que manejan la convicción de que lo malo siempre “vende” más, una mentira que a fuerza de repetirla se ha convertido en verdad para demasiada gente de este país. Lo siento, pero yo me bajo del barco en el que navegan aquellos que tienen la inexplicable necesidad de rebozarse en la mierda.