Cuando he mirado
el reloj marcaba las 17.08 horas. Habían transcurrido 2 horas y 36 minutos
desde LA JUGADA. En ese tiempo he bajado a los vestuarios para recabar
declaraciones, he cogido el coche para recorrer el trayecto Palacio de los
Deportes – Ciudad de la Imagen, me he metido en una cabina para extraer los
sonidos indispensables para nuestros oyentes y me he puesto delante del
ordenador para ver con máxima atención todas las imágenes, tomas y repeticiones
de LA JUGADA. Absorbido por la pasión periodística de momentos como este, he
caído en la cuenta de que se me había olvidado comer. Joder con LA JUGADA.
En directo, desde la cabina 13
del Palacio, me ha parecido una personal como una “catedral”. Tras repasar las
imágenes concluyo que no hay falta de Sergio Rodríguez, que Llull toca la
pelota y que la posesión debería haber sido desde de fondo para el Barcelona con
2,3 segundos en el reloj y un punto abajo. Sergio Rodríguez dice que pudo hacer
falta, Llull que él toca la bola, Sada que ha visto la acción en su teléfono
móvil y ha comprobado que Llull le hace falta, Laso que a Sada se le escapa el
balón y Navarro que el arbitraje global ha sido “escandaloso”. Las redes
sociales, en estas ocasiones tan útiles como propagadoras de delirios, amplían
el espectro de posibilidades a unos posibles pasos del base del Barça antes de
cualquier acción punible. Vaya con LA JUGADA.
Huí, huyo e huiré de aquellos
fanatismos que ensucian el baloncesto y el periodismo. Quienes siguen el basket
a menudo saben que en muchas ocasiones la primera impresión de una acción
resulta ser errónea. Esto vale para los que están viendo el partido, in situ o
a través de la tele, y también para los propios actores de la escena. Arbitrar es muy difícil, arbitrar un
Madrid-Barça es difícil al cuadrado y arbitrar un Madrid-Barça por un título es
difícil a la enésima. Por eso, un día más asisto con rabia al “bufandeo” de informadores
que siempre observan la realidad con el cristal del mismo color. En ocasiones
ni siquiera les gusta el baloncesto, simplemente aprovechan el morbo reinante
para engordar esa cansina e insoportable guerra futbolera. Forofos con pluma o
micrófono que vociferan que lo de esta mañana ha sido un atraco o que la ACB es
más culé que Navarro. Ya sabéis, según el color del famoso cristal. Debe de ser
que el populismo da seguidores en Twitter, debe de ser que está más de moda
decir lo que se quiere oír que lo que se piensa de verdad. LA JUGADA ha sido
una excusa perfecta para armar el cañón y disparar.
A mí lo que me encanta es que se
hable de baloncesto. Un Real Madrid – Barcelona es una pasada, un duelo con
infinidad de alicientes y rivalidades. La polémica arbitral es un ingrediente
más para una deliciosa ensalada repleta de manjares y aderezada con todos los
aliños del mundo. Demos la bienvenida a
LA JUGADA porque nos va a regalar una semana de baloncesto inefable, pero no
golpeemos con saña la vieja brújula porque si no demasiada gente terminará
perdiendo de vista cualquier punto cardinal. Por cierto, ¿cómo habéis visto
vosotros LA JUGADA?