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martes, 31 de marzo de 2015

NUEVO CICLO, VIEJOS VICIOS


     “En los buenos tiempos, todo eran halagos y no todo lo hacíamos bien. Ahora no todo es malo, pero se pone el foco en lo negativo”. Posiblemente esta frase de Vicente del Bosque sea muy acertada. Pero lo es al mismo nivel afirmar que antes lo hacíamos casi todo bien… y ahora exhibimos unas costuras muy preocupantes. Sí, sé que puede parecer una contradicción, pero en un espectáculo tan democrático como el fútbol tienen cabida ambas interpretaciones. He elegido hoy y ahora para escribir estas líneas, pero el partido que acaba de finalizar en Amsterdam no tiene mucho peso en mis reflexiones. Y eso que cada vez se agudizan más los problemas, entre ellos la falta de gol y el inconcebible sufrimiento en el balón parado. Es un texto que hubiera tenido vigencia en la última concentración y que seguramente la tendrá también en la próxima.

     España no anda bien, es una realidad irrefutable. No juega ni bien ni bonito al fútbol, apenas asoman algunos ramalazos del reciente pero lejano éxito. Chispazos sin continuidad, islitas en medio del gran océano de las dudas, que al final es el que más canalla e indomable se vuelve. De los que estuvieron en el abrazo a la gloria y siguen, Casillas e Iniesta (los actores principales del día más importante de la historia del fútbol español) se encuentran ahora lejos de su mejor nivel. También Fàbregas y Silva, ambos distantes de su espectacular rendimiento del primer trimestre de curso. Incluso Busquets, aunque en este tramo de campaña anda mucho más entonado.

     Los hay también que estuvieron y ahora, que se encuentran en el mejor momento de su carrera, tampoco participan en las grandes citas: Cazorla. Los hay que han sido, son y serán siempre decisivos con España, pero la escasez de minutos ha minimizado su confianza: Pedro. Los hay que van a tirar la puerta abajo seguro, pero su anhelada efervescencia ha coincidido con la decadencia del ciclo glorioso: Koke e Isco son dos buenos ejemplos. Y está también el que debe estar (y estoy seguro que acabará estando), pero de momento no ha estado cuando estuvo y tampoco cuando ni siquiera ha llegado: Diego Costa. Con el máximo respeto a los demás, el de Lagarto ha de ser el delantero que marque las diferencias en esta Selección Española de Fútbol. Y por encima de cualquier argumento, ya no están Villa, Xabi Alonso ni Xavi, sobre todo este último, el auténtico arquitecto de la borrachera de éxito de España. Incluso después de su discreta Eurocopa en 2012, su última gran función sirvió para aplastar a Italia en la gran final. Casi nada es casualidad.




     Somos incapaces de dejar de acariciar la nostalgia del gran ciclo pasado. Todos. Jugadores, técnicos, hinchas, periodistas. Ojo, es lo normal, qué demonios. Cuando uno se acostumbra a degustar el mejor jamón ibérico patanegra, es muy duro conformarse con 4 lonchas de uno más salado, o incluso con un intrascendente “bocao” de mortadela, como ocurrió en la última Copa del Mundo. Pero aquello ya terminó. The End, finito. No hay comparación posible, esto es otra historia. El revolcón de Brasil nos abrió los ojos a los que siempre hemos vibrado con la Selección, a los que jamás, ni siquiera en los peores momentos, hemos dejado de soñar con el equipo nacional. Ya no es el presente, ahí estará para siempre en las páginas más doradas de los libros de historia. Y además ese ciclo triunfante duró mucho más que cualquier otro. Tres títulos, más de un lustro de lágrimas de alegría. Y con dos comandantes diferentes, el que cocinó el éxito y el que siguió pegando el sello ganador tras una difícil herencia.


     Ahora estamos como antes de. Con muy buenos jugadores, algunos incluso sobresalientes, pero como antes. El objetivo es clasificarse y luego llegar a los cuartos de final para intentar colarse entre los 4 mejores. En la actualidad no hay un gran dominador del fútbol de selecciones, como España en esta última época. Ni siquiera creo que lo sea Alemania. Por eso España debe intentar encaramarse al ramillete de candidatos, junto a Francia, Italia, Inglaterra o los propios alemanes. Es la cruda realidad. Nuevo ciclo. Y me temo que con viejos vicios, esos que hacen imposibles los juicios desde la mesura. Esa es una batalla perdida. Como toda la vida. 



martes, 4 de noviembre de 2014

10 ACTORES EN 10 JORNADAS (Fútbol)

                Ya se han completado las 10 primeras jornadas del campeonato, qué rápido va esto. 2 meses y medio de competición que nos han servido para ver dónde se sitúan los equipos, familiarizarnos con los nuevos jugadores y subrayar en rojo aquellos nombres de futbolistas que ya han sido capaces de enamorarnos. Aclaro como nota de autor que he descartado a los genios, a los cracks, a los patanegra, ya estén a un nivel sobresaliente, aceptable o incluso discreto. Por eso no van a aparecer en estas líneas futbolistas del Real Madrid (nivel superlativo de todos hasta ahora), ni del Barcelona, ni siquiera del actual campeón de Liga, el Atlético de Madrid. Este es un artículo para los otros. El objetivo es, como siempre, que me aticéis sin piedad. Y si tengo un poco de suerte que descubráis a algún pelotero bueno al que todavía no teníais muy visto. ¡Ah!, un último apunte muy importante: la numeración es completamente aleatoria, no hay un orden de mejor a peor ni viceversa. Allá voy con los 10 actores de estas 10 jornadas.
1. NOLITO. Maravilloso. El alma y el talento de un Celta que juega al fútbol como los ángeles. Técnica depurada que nos hace gozar con sus controles imposibles y su cariño al cuero. Desborde. Disparo con ambas piernas. Detrás de ese andaluz repeinao y simpático se esconde un jugador de fútbol sencillamente descomunal. Él es el salto de calidad del conjunto celeste, en el que encuentra socios del calado de Orellana, Larrivey, Khron-Dehli o Radoja, excelente mediocentro posicional. Merece una convocatoria con España, quizás llegue este mismo viernes.
2. ANDRÉ GOMES. Llegó al Valencia sin hacer ruido, con ese código de barras de perfil bajo que en muchas ocasiones es la garantía de un jugador de peso. Indispensable en el 4-3-3 de Nuno. Sabe encoger la sábana cuando hay que ayudar en tareas defensivas, sabe estirarla cuando la lectura del partido pide a gritos que el medio llegue al balcón del área rival. Calidad individual exquisita y juventud insultante (21 años). Una de las joyas de esta Liga.
3. DENIS SUÁREZ. Le sigo la pista desde hace varios años, cuando el Manchester City apostó por él para llevárselo a las Islas. Regresó al Barcelona B, equipo en el que nos deleitó con jugadas portentosas. Ha madurado a la fuerza, ya que aún cuenta con apenas 20 añitos. Se ha erigido en el capo de la línea de ilusionistas con la que cuenta el Sevilla en esa zona del campo reservada para la magia. Excelente visión de juego y muchas ganas de triunfar. Muy bueno.
4. YODA. Un tipo que se llama Yoda y que tiene las santas agallas de comparecer el día de su presentación con una camiseta del famoso personaje de “La guerra de las galaxias”, sólo por eso ya entraría con todos los honores en este humilde decálogo. Pero es que además lo está haciendo de lujo. Zurdo cerrado, aparece siempre desde la derecha a pierna cambiada. Su puesta en escena y físico me recordaron a Johan Mojica, el jugador del Valladolid cedido por el Rayo. Pero el francés es mucho más. Debutó tarde por culpa de la burocracia, ya ha anotado 2 goles y medio y ahora mismo es un foco de ilusión para la parroquia azulona. Yoda mola mucho.
5. AMRABAT. Qué pedazo de futbolista, por Dios. Ha firmado dos últimas actuaciones majestuosas frente al Rayo Vallecano y la Real Sociedad. En la pizarra sale de 9, pero realmente es un 8+10+11. Vamos, que el holandés con ascendencia marroquí es capaz de llegar a línea de fondo por ambos costados o de dar el último pase al extremo que rompe hacia dentro. Si a eso le sumamos un carácter afilado que se intuye desde la primera mueca, hablamos de un actor de muchísimo nivel. El factor diferencial de este magnífico Málaga.
6. KAKUTA. Una debilidad personal. Su irregularidad me ha hecho dudar hasta el último instante, pero una zurda buena merece cabida en esta lista. Un lujo para un equipo humilde como el Rayo Vallecano. Atrevido, valiente, fuerte, decidido, hambriento. Exhibe un guante en su pierna izquierda, cualidad que le permite soltar centros imposibles incluso cuando parece que ya se le acaba el campo. Hay que exigirle más, pero también hay que disfrutar más con sus dosis de enorme talento. Me la juego con él, espero no arrepentirme en la 20ª fecha.
7. MARIO GASPAR. A lo mejor os sorprende esta elección. Pero Mario lleva ya unos cuantos cursos sacando excelentes notas desde el pupitre ubicado en el lateral derecho del Villarreal. Sube y baja, sube y baja, sube y baja. Del minuto 1 al 90 (y pico). Defiende y ataca. No rehúye el chut a puerta y con el paso del tiempo ha inflado el globo del oficio hasta límites asombrosos. Ni siquiera un excelente 2 como Rukavina es capaz de hacerle sombra. Yo lo tengo claro.Mario y 9 más.
8. OTAMENDI. El Valencia está haciendo las cosas muy bien y merece repetir en esta lista. Absoluta admiración por este defensa central. Oficio a raudales, brillante en la colocación, expeditivo cuando el guión lo requiere, incluso puede ser letal a balón parado en la zona de castigo rival. El auténtico jefazo de la retaguardia del equipo que ha inyectado el veneno de la ilusión a su apasionada hinchada. Me flipa este tío. Lo ves jugar y te acuerdas ipso facto de Roberto Fabián Ayala. Palabras mayores. Top.
9. SERGIO ÁLVAREZ. No hay lista de jugones buena sin un guardavallas que proteja el portal. Suplente de Yoel durante el curso pasado, Sergio ya demostró en los partidos que le dio al final de curso Luis Enrique que es un portero de mucho nivel. Antológica su actuación en Balaídos frente al Madrid, mejorada por su descomunal función del pasado sábado en el Camp Nou. Una colección de manos para la antología. Es buenísimo, muy regular y además atesora la gran virtud de jugar tranquilo. Candado irrompible para el marco de este gran Celta de Vigo.
10. JONATHAS. Intermitente, no lo niego. Pero no olvidemos que es el delantero centro de un equipo, el Elche, que tiene muchas dificultades para generar peligro en la portería contraria. Me gusta porque detrás de una aparente torpeza se esconde un tío elegante que es capaz de domar el balón, cuerpear como ninguno y soltar latigazos llenos de veneno para el guardameta rival. Quiero verlo más, pero sus dos firmas en Vallecas y contra el Espanyol me han enamorado.  
                Esta es mi lista de 10 actores en 10 jornadas. Sin futbolistas de Real Madrid, Atlético de Madrid ni Barcelona. Han estado en el límite jugadores como Ximo Navarro (Almería), Baptistao (Rayo) o Irureta (Éibar). Seguro que es injusto que los armeros no tengan representación en este decálogo, pero ellos más que ninguno son un equipo, con la brillante pizarra de Garitano y el liderazgo de Albentosa o Arruabarrena. Dejadme vuestra lista en los comentarios del blog o por las redes sociales. Lo que más me gusta de estos artículos es interactuar con vosotros. ¡Gracias por la lectura!

lunes, 14 de octubre de 2013

EL PEGAMENTO


     Señoras y señores, el pegamento está de moda. Sí, es una palabra muy utilizada últimamente por los periodistas deportivos. A mí me gusta, me gusta mucho. Las palabras buenas son aquellas que permiten al receptor visualizar de qué o quién estamos hablando. En ese sentido, pegamento es uno de los vocablos más visuales que existen.
            
     Basta con dar una vuelta por la página de la Real Academia Española (RAE), una de las más útiles y pedagógicas que se pueden encontrar en Internet, para comprobar las múltiples acepciones que tiene la palabra pegamento. Sin embargo, para mí su sentido más importante es el menos tangible. Que una persona sea el pegamento siempre es bueno, porque eso quiere decir que posee la capacidad de unir, incluso de encadenar formas de ser diferentes, caracteres antagónicos o incluso pensamientos muy alejados entre sí. Pegamento en su familia, pegamento en su trabajo, pegamento en su grupo de amigos. Siempre es una virtud, o mejor todavía, un conjunto de virtudes. Porque para llegar a lucir la etiqueta pegamento hay que tener mucha personalidad, grandes dosis de diplomacia, un control absoluto de los sentimientos propios y ajenos y, lo más importante y que además viene de fábrica, una ascendencia brutal sobre las personas que te rodean. Pensad rápido. ¿Qué personas de vuestro entorno son pegamento?

     En el deporte el pegamento es esencial, básico, en la mayoría de las ocasiones imprescindible. Encontramos ejemplos concretos en los grandes equipos nacionales que estamos disfrutando desde hace varios años. El pegamento de la Selección Española de fútbol son Pepe Reina y el propio Vicente del Bosque. Del Bosque, un hombre conciliador  que toma decisiones importantes y que se ha ganado el respeto de un vestuario con muchos gallos. Un tipo que fue capaz de enfriar aquel ambiente insoportable entre los jugadores del Real Madrid y del Barcelona. Y lo hizo con riñas públicas y lecciones para la historia. El salmantino, conocedor de la gran valía del pegamento, no prescindirá jamás de Pepe Reina, especialista en unir, hacer reír y blindar al grupo cuando la crítica saca el colmillo.
 
 
 
 
     En la España de baloncesto el pegamento eran hombres como Garbajosa o Mumbrú, y en la de balonmano Hombrados o Garabaya. Incluso en los exitosos equipos nacionales de Copa Davis tenistas como Joan Balcells o Marc López han sido piezas claves. Aunque lo cierto es que Rafa Nadal es tan especial que hace a la vez de jugón, martillo, talento, pelotas y bote de pegamento de 10 kilos. Dentro de cada gran equipo hay un pegamento que (quizás) nunca aparecerá en las primeras líneas de los libros de historia... pero sin el que esos libros de historia jamás se hubieran escrito.

     Más ejemplos. Sergio Ramos en el Madrid, Simeone en el Atleti, Puyol en el Barcelona, Belenguer en el Getafe, Albelda en el Valencia, Cobeño en el Rayo Vallecano, Hervelle en el Real Madrid y ahora en Bilbao Basket, Jiménez en Estudiantes, Ferrán López, Solana y Salva Guardia en aquel irrepetible Fuenlabrada, Grimau en el gran Barça de basket, Amaya Valdemoro y Elisa Aguilar en la Selección femenina... yo qué sé. Hay muchos más ejemplos y seguro que vosotros estáis más listos que yo para encontrarlos. Me gusta la palabra pegamento. Me gustan los deportistas que guardan tubos y tubos de pegamento en ese cajón reservado sólo para los hombres o mujeres que marcan la diferencia. Es más, creo que uno de los mejores piropos que puede recibir un trabajador de cualquier sector es que es el pegamento. Los hay, deportistas y trabajadores, capaces de unir piezas destrozadas, rotas y tremendamente desiguales. Piezas que serían imposibles de colocar en cualquier puzzle.
 
 

jueves, 27 de junio de 2013

AQUELLA ZAMARRA DE INIESTA

     Hace poco menos de un año este que escribe caminaba sin prisa y sin reloj por el parque Izmailovski de Moscú. De charla y risas con mi inmejorable compañía, disfrutando de unas vacaciones inolvidables. Hasta nosotros llegaba el griterío inconfundible de un grupo de niños jugando un partido de fútbol. Fijé mi mirada en uno de ellos, un “rubiajo” con cara de susto que no intervenía mucho en el desarrollo del juego. Me acerqué a él para preguntarle por qué lucía esa preciosa camiseta. La comunicación fue difícil, él no hablaba ni pizca de inglés y yo no hablo ni “papa” de ruso. Pero no hizo falta mucho diálogo, su  “Españaaaaaaaaaa, Iniestaaaaaaaaaa” me dejó inmensamente tranquilo, feliz, orgulloso.

    Aquel niño ruso se compró una camiseta de la Selección Española. Quizás se la pidió a sus padres, quizás ni siquiera era verdadera, pero eso es lo de menos. El muchacho la lucía con devoción. Como cientos de niños en diferentes lugares del mundo. Para todos ellos esa zamarra es un tesoro porque es la camiseta de los mejores, de los que han ganado dos Eurocopas y un Mundial, de los que habitualmente enamoran al público con su manera de jugar al fútbol. Esos niños ni se paran a pensar que esta Selección pueda ser la mejor escuadra de la historia, pero para ellos esos futbolistas son simplemente los mejores.

     Yo mismo me enfundo la casaca de España siempre que abordamos un partido importante. Siempre lo he hecho, ahora que ganamos y también cuando llorábamos un minuto después del choque de cuartos de final. Me rebelo contra aquellos que defienden que ponerse la camiseta de tu país es una “paletada”. Muchas veces son los mismos que se visten las elásticas de Italia, Brasil o Alemania, actitud para ellos de modernidad, progreso y vanguardismo. Por mi parte me siento muy orgulloso de ser un “paleto”. Quizás ya sólo desde el “paletismo” se pueda disfrutar del fútbol de siempre. A lo que iba. Que multitud de chavales luzcan la camiseta de la Selección Española de fútbol a lo largo y ancho de todo el planeta es un acontecimiento histórico, la clara muestra de que esta generación está haciendo historia, protagonizando una película que dentro de no mucho será una escapatoria para digerir las derrotas que seguro llegarán otra vez.


     Estamos muy cerca de una final Brasil – España en Maracaná. Con prudencia, sin soberbia, como se encarga de recordar siempre nuestro comandante Vicente del Bosque. No es el Mundial, pero sería un Brasil – España en Maracaná, uno de los grandes templos futbolísticos del mundo. Y aunque parezca un sueño, una ficción, un alucine, una locura, en esa hipotética final nosotros seríamos los buenos, los admirados por millones de terceros imparciales que verán el choque a través de la televisión. Los rojos tratarán de crear fútbol, la “verdeamarelha” querrá contener y aprovechar su pegada arriba. Si alcanzamos la final de la Copa Confederaciones asistiremos a un guión impensable hace unos años. Jugamos como jugó la gran Brasil y somos el modelo para la Italia que siempre nos ganaba. Impensable.  Ganaremos o perderemos, pero poder exhibir  esa etiqueta de magia y de buen fútbol no tiene precio. Es y será impagable.


     Mientras decenas de niños brasileños visten con ilusión la zamarra de nuestra Selección antes que la de su país, la España de los clubes, de las fobias y de los insoportables extremismos seguirá escupiendo bilis y deseando el resbalón de una generación de actores irrepetible. Siempre digo que afortunadamente para los que vibramos con este equipo, los insaciables resultadistas ni siquiera se pueden abrazar a los datos para orinar encima de esta Selección. Un equipo representado por la magia de Iniesta, la raza de Ramos, las paradas de Iker, el timón de Xavi, los números de Torres, el oficio de Arbeloa, el duende de Fábregas el ilusionismo de Silva o la elegancia y excelente gestión de Vicente del Bosque. Qué más da que jueguen en el Barça, en el Madrid, en el Mirandés o en la Balompédica Conquense. Se juntan para hacernos inmensamente felices. Fidelidad eterna a esta gente que ha sido capaz de convencer a un niño ruso para que se enfunde la camiseta de España.